La foto de la victoria en Libia

 

Con Gadafi comiendo tierra en algún lugar del desierto, los liberadores ponen hoy punto final al ataque a Libia. La ONU ya ha aprobado la resolución que da por concluida una misión cuyo objetivo, recuerden, era establecer una zona de exclusión aérea para proteger a los civiles. También la OTAN empieza a retirarse del país, aunque suponemos que no lo hará del todo, pues siempre dejamos algún cuartelillo por si otro día hay que volver.

La Alianza Atlántica ha cantado victoria, aunque es cierto que no ha hecho muchas fiestas. “Hemos cumplido totalmente nuestra misión”, dijo el secretario general de la OTAN, Rasmussen, pero nadie se ha hecho una foto con la que ilustrar la victoria, a la manera de aquella fallida imagen de Bush sobre el portaaviones tras la caída de Bagdad. La foto de esta victoria ha quedado más bien fea, y pocos querrán guardarla en el álbum.

En el centro de la foto aparece Gadafi, hecho un guiñapo, golpeado, humillado y por lo visto sodomizado antes de recibir un tiro en la cabeza. Aunque todos le tenían ganas al tirano libio, la imagen de su captura y linchamiento es tan terrible que ha manchado el final feliz. En las esquinas de la misma foto se entreven otros guiñapos, más bien desenfocados pues apenas han recibido atención mediática, y además los tapa el propio Gadafi vejado: los muchos gadafistas, cuyo número ignoramos, muertos bajo las bombas, o directamente ejecutados por los vencedores.

El paisaje de fondo en la misma foto tampoco nos parece de postal: ciudades destruidas (las imágenes de Sirte son terribles), un país fragmentado y amenazado por luchas de poder que pueden estallar en cualquier momento, y un futuro incierto para los libios, que se han librado del tirano pero no deben de contemplar con demasiado optimismo su porvenir tras los precedentes de anteriores liberaciones de la OTAN: ahí están Afganistán e Irak, o incluso más atrás Kosovo, que no levanta cabeza desde que lo liberamos, y donde las mafias campan a sus anchas.

Si las fotos de posguerra suelen ser más bien feas, la de esta nos ha quedado especialmente sucia.