Necesitamos bancos fuertes

 

Ya saben eso que se dice: si debes mil euros al banco, tienes un problema; pero si debes mil millones, el problema lo tiene el banco. Para actualizarlo habría que añadir: si la deuda del banco es de varios miles de millones, el problema es de todo el país.

Más o menos de eso se trata en las sucesivas reformas financieras, incluida esta última: el problema de la banca es un problema nacional, y hay que salvarla para salvarnos todos. De ahí que hagamos lo que haga falta para “sanear” un sector financiero que carga con 175.000 millones en activos podridos. Y ese “lo que haga falta” incluye, por supuesto, aflojar dinero público.

Me hace gracia la insistencia del gobierno, primero en negar, y luego en minimizar las ayudas a los bancos. Tras haber puesto ya varios miles de millones para engrasar fusiones, sostener entidades malheridas y nacionalizar las moribundas, la nueva reforma incluye también dinero público, faltaría más.

“Pero tendrán que devolver las ayudas”, aclara el gobierno, como si tuviéramos que celebrar que sea un préstamo y no un regalo. “Y con intereses”, añaden, como si fuese un castigo para un sector basado en la usura. “Y serán sólo 6.000 millones”, rematan. Ya ven, calderilla, que se suma a los miles de millones ya usados en ayudas y avales. Y eso en caso de que todo salga bien, pues si un banco no levanta cabeza ni por esas, el préstamo se convertirá en acciones (devaluadas) mediante esos bonos CoCos de los que tanto se habla. Y si mañana hace falta, pondremos más dinero, quién lo duda.

El pensamiento oficial da por bueno que el problema de la banca es nuestro problema, y que si a la banca le va mal, nos irá mal a todos (y al revés: si a la banca le va bien, dará créditos fáciles y pisos baratos, ja). El mensaje es claro: hay que fortalecer el sector, sanearlo, hacerlo viable. Pues qué bien: si con una banca debilitada, intoxicada y con no pocas entidades inviables seguimos siendo sus rehenes, devolvámosle el vigor perdido (y con más fuerza, por la concentración) para que siga teniéndonos bien cogidos por donde suele, pero con doble vuelta.