Las víctimas en el Supremo

 

Esta semana continuarán pasando por el Supremo los familiares de víctimas del franquismo, tras escuchar la semana pasada a varias hijas y nietas de fusilados cuyos relatos concentraban mucho de aquel horror: una embarazada a la que dejaron dar a luz para robarle el hijo antes de fusilarla; un padre asesinado y a cuya familia le dijeron que se habría fugado con otra mujer; apaleamientos, aceite de ricino, ensañamiento de las autoridades con las familias.

Si estos días aterrizase por aquí un astronauta tras una temporada de viaje espacial y viese las imágenes del Supremo, se quedaría a cuadros: “Pero, ¿qué ha pasado en España? ¡Las víctimas del franquismo relatando su sufrimiento ante los jueces del Supremo!” Y es que, así dicho, y viendo las imágenes de esos familiares emocionados al narrar el asesinato de sus padres o abuelos en una sala noble ante siete jueces de toga y puñeta, cualquiera pensaría que se ha hecho realidad la aspiración que las víctimas llevan décadas arrastrando: que les abriesen las puertas de los tribunales.

Pero que no se engañe nuestro astronauta, aclárenle pronto que lo que vemos estos días no es una Comisión de la Verdad ni un juicio a la dictadura, aunque la puesta en escena lo parezca. Las víctimas están en el Supremo, sí, pero no como testigos de sus dramas, sino en defensa del juez que intentó abrir su causa. Y son escuchadas por siete magistrados, sí, pero cuatro de ellos consideran que hubo delito en la conducta del juez, y defienden la vigencia de la Ley de Amnistía.

Para rematar la broma macabra, las víctimas se sientan en el Supremo teniendo a su lado a los abogados de una organización filofranquista que aprovecha cada vez que puede para menear Paracuellos como una forma de minimizar o justificar el sufrimiento de los hijos y nietos de los fusilados por el franquismo.

En fin, esto es España, amigo astronauta, y esta es la forma en que hemos abierto por fin la puerta de la Justicia a las víctimas: por la puerta de atrás, con escarnio, y den gracias si salen como entraron y no acaban también imputadas por Manos Limpias.