Opinion · Verdad Justicia Reparación

Tres en la carretera: Villarejo, Garzón y la ministra

Por Horacio Sainz Ollero, miembro de La Comuna.

En estos días en que todos los medios de comunicación –y también todos los medios de “intoxicación”, que son muchos y muy poderosos– se dedican a difundir parte de las grabaciones que el comisario Villarejo atesora a buen recaudo desde hace años, y que todos los aparatos del Estado (especialmente el Ministerio del Interior, el Ministerio de Defensa y el centro Nacional de Inteligencia) llevan años intentando encontrar y “neutralizar” sin ningún éxito, quizás deberíamos mirar atrás y buscar las claves de los tres personajes que coincidieron –junto a otros funcionarios o exfuncionarios– en la celebración donde se grabaron sus conversaciones distendidas.

Nos situamos en octubre de 2009, el día 23, según el medio digital moncloa.com. Se reúnen para celebrar una medalla al mérito policial recién concedida al comisario Villarejo. Están en la mesa del restaurante Rianxo en Madrid: altos cargos policiales, el comisario Villarejo, el juez –ahora ex juez– Baltasar Garzón, y la entonces fiscal –hoy ministra de Justicia– Dolores Delgado.

¿Quién había concedido la medalla al mérito al señor Villarejo? El entonces ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que un año después asumiría la Vicepresidencia del Gobierno que presidía Zapatero.

Estamos hablando del aparato de Justicia y Seguridad del Estado nacido tras la muerte de Franco. La transición y los Gobiernos nacidos desde el 77 tienen muchas cosas en común. Voy a destacar tres:

  1. El sistema judicial de la dictadura (jueces, fiscales, tribunales constituidos) pasó íntegramente a llamarse “democrático”. Los jueces del anterior régimen –fascista, no lo olvidemos– siguieron en el escalafón hasta sus tardías jubilaciones, de modo que un joven juez del Tribunal de Orden P´blico –un tribunal de excepción creado para condenar a todo opositor al régimen de Franco– 20 o 25 años después pudo jubilarse en los más altos niveles de la Magistratura.

  2. La policía del régimen de Franco se convirtió en la policía democrática por decreto. Los funcionarios de la Guardia Civil y la policía nacional continuaron en sus puestos, con el mismo derecho a ascender en el escalafón y jubilarse con honores.

En estos cuerpos se produjeron algunas salidas “voluntarias” -­solicitadas por los funcionarios más “señalados” por ser torturadores y, en algunos casos, incluso asesinos en ejecuciones extrajudiciales­– Esos funcionarios que abandonaron el aparato del estado fueron condecorados, recibieron el apoyo del Estado y pasaron a trabajar en la empresa privada en puestos de Seguridad (bancos, Telefónica, empresas hidroeléctricas, Gas, Puertos y Aeropuertos…). Un ejemplo es el torturador apodado Billy el Niño, Antonio González Pacheco, condecorado y retirado como jefe de Seguridad de una gran empresa.

  1. Todos los gobiernos de la democracia, con la excepción de la breve UCD, han sido gobiernos encabezados por presidentes del Partido Popular o del PSOE. Todos han coincidido en “respetar” el pacto de silencio que firmaron en las trastiendas de la Constitución del 78. Todos han utilizado –y silenciado, cuando ha sido preciso– las cloacas del Estado y a sus “servidores públicos”.

Y ahora encontramos con las grabaciones que sitúan al ex juez Garzón, a la hoy ministra Delgado ­–ya casi ex ministra­– y al comisario Villarejo en muy buena compañía, tomando copas y disfrutando de su amistad en el año 2009.

Y claro está, parece ser que el comisario Villarejo, que ha sido un puntal durante años de los aparatos del Estado en misiones encargadas por el PSOE y el PP tanto en España como en otros países, es quien ha grabado a sus “amigos” y ahora puede chantajear al Gobierno del PSOE, como también podía hacerlo con los del PP, para intentar eludir la cárcel y salvar su patrimonio adquirido de forma dudosa.

El exjuez Garzón, que fue un pilar imprescindible en los años en que el ideal de la Justicia Universal, que llevó a España a primera línea mundial al conseguir procesar a dictadores y genocidas (Pinochet, Ríos Montt, Scilingo y otros), en procesos judiciales en los que la ministra Delgado tuvo una actuación irreprochable, fue luego apartado bruscamente y expulsado de la carrera judicial. Garzón sorprendió a muchos al declarar hace unos meses: “No creo que Villarejo sea el malo de la película. Es un actor más“. (En la entrevista con Jordi Évole en el programa Salvados), y a calificar al excomisario Villarejo como “un gran servidor del Estado”.

¿De qué Estado habla Garzón? ¿del de las renovadas cloacas? ¿del que en los 80 y 90 torturaba de forma salvaje, a veces hasta la muerte, sin que el juez se diera por enterado? ¿Del Estado que ignoraba los derechos de los detenidos, del Estado del que formaban parte condenados en sede judicial en 1998 como el ministro Barrionuevo, el secretario de Estado Vera, el director de seguridad del Estado, Julián San Cristóbal, u otros de menor entidad?

Villarejo, Baltasar Garzón y la ministra Delgado están unidos por su fidelidad a unos gobiernos “democráticos” en que el Estado tenía y tiene servidores “ocultos” como Villarejo.

En la biografía del Villarejo funcionario del Estado hay un agujero negro de muchos años. ¿A qué se dedicaba Villarejo, dónde y por qué viajaba a Sudamérica, África o Asia? ¿De dónde ha salido su fortuna, sus propiedades hoteleras, su capacidad de amedrentar a sucesivos Gobiernos?.

El Estado hay que limpiarlo, empezando por las cloacas de Interior y Justicia, depurando todas las responsabilidades y no permitiendo que un condecorado Villarejo y otros como él –que han convivido y medrado con ministros y secretarios de Estado del PSOE y el PP– sigan hoy condicionando las políticas de una sociedad que quiere poder mirar a su pasado sin tener que taparse la nariz.

Ójala ésto sea posible