Verdad Justicia Reparación

El Borbón, en Auschwitz de excursión

Por Luis Suárez, miembro de La Comuna.

El lunes 27 se ha conmemorado el 75 aniversario de la liberación del campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau, en Polonia, con la presencia internacional de mandatarios en el memorial del campo, entre ellos Felipe de Borbón y señora.

El estudio y el recuerdo del holocausto nazi es una obligación permanente de la humanidad, no tengo ninguna duda, en particular de las sociedades europeas, como terapia política y como tributo a los millones de víctimas inocentes del horror nazi.

Pero más allá del ejercicio de memoria, es inevitable inscribir estas ceremonias en el furor evocador de los años 30 y 40 del siglo pasado que embarga a la derecha europea últimamente, con una aparente doble intención: Por una parte, adornarse con un favorecedor maquillaje ‘antifascista’; por otra reescribir la historia para demonizar no tanto al nazismo como al llamado comunismo (oportunistamente identificado con el estalinismo).

El pistoletazo de salida de esta cruzada ideológica fue la aprobación de la resolución sobre ‘la importancia del conocimiento de la memoria histórica’ por parte del Parlamento Europeo el pasado 19 de septiembre. Un texto confusionista que al parecer perseguía objetivos políticos más allá de una lección magistral de tergiversación histórica por parte de la eurocámara, pues ya ha sido así aprovechado en el ámbito doméstico por nuestra derecha. Sin ir más lejos, invocando esa resolución, el Pleno municipal madrileño aprobaba el 30 de octubre pasado una moción en la que criminaliza indistintamente a políticos republicanos (Largo Caballero, Indalecio Prieto, Pablo Iglesias, etc.), a las Brigadas Internacionales, o a Marcos Ana.

Ahora bien, lo más interesante de todo esto, para mí, son los contrastes y las vergüenzas que desnudan en nuestro país, en particular las encarnadas en la pareja que ostenta la condición real.

Porque, ¿alguien ha visto a dicha pareja homenajear a las víctimas de nuestro fascismo – o sea, el franquismo -, en alguna ocasión, por rara que fuera? ¿les ha visto alguien acercarse a una exhumación de personas asesinadas cobardemente por los franquistas en la posguerra, acompañando a sus familiares que han tenido que esperar casi 80 años para recuperar los restos de las fosas donde fueron tiradas como perros? ¿ha oído alguien de su boca una sola palabra, una, de consuelo o simpatía hacia madres cuyos bebés fueron robados durante la dictadura, o hacia personas torturadas por la policía política por enfrentarse a esta, o hacia tantísimas víctimas de cualquiera de los otros crímenes de lesa humanidad y violaciones de derechos que cometió el régimen franquista durante su larga existencia, llámense cárcel, exilio, depuraciones, expolio, trabajos forzados…?

¿No resulta sorprendente que, teniendo aquí cerca, tan a mano, el monarca, tantas oportunidades para mostrar sus convicciones antifascistas y su empatía con las víctimas, no se haya retratado ni en una sola ocasión, mientras que en cambio se codea con autoridades mundiales fuera de nuestras fronteras como ‘antifascista’ de pro? ¿Es posible -creíble- ser antifascista sólo en el extranjero, e indiferente a, es decir, cómplice de, el fascismo en casa?
¿Cómo calificar esta modalidad de hipocresía, esta capacidad para ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el propio, de quienes muestran sólo sensibilidad ‘antifascista’ al cruzar los Pirineos y carencia absoluta de la misma de este lado de esa cordillera-frontera?
¿Estamos ante un problema de ignorancia histórica? ¿Es que la formación histórica recibida por quien es conocido como ‘el preparao’ acababa como la de nuestros escolares al inicio del siglo XX, por no dar más de sí el periodo lectivo (¡vaya, qué lástima!)?

¿Nos representa este funcionario público que ostenta la Jefatura de Estado, y por lo tanto es la máxima representación institucional de todos y todas, cuando hace gala de tan descarada hipocresía?

Son muchas preguntas, lo sé, además todas ellas retóricas, pero es que si la monarquía es ya de por sí es un nudo de interrogantes e incoherencias, se mire como se mire a través de un prisma democrático, cuando esa monarquía es resultado de la decisión de un dictador genocida llamado Franco, y constituye el mortero con el que mantener en pie la casa heredada apenas remozada, las preguntas se multiplican necesariamente por más que desde los consensos mayoritarios se intenten disimular y parchear las grietas.

En todo caso, el resumen de tanta pregunta es muy simple: ustedes Borbones no pretendan obtener en Auschwitz la legitimación democrática ni las credenciales antifascistas de las que carecen por origen y ejercicio; estas hay que trabajárselas en casa, donde hay materia prima de sobra.

Y, para concluir en este repasito de la manipulación de la memoria y de la oportunista utilización del holocausto por nuestras autoridades, hay que mencionar, cómo no, al alcalde de Madrid, Martínez Almeida, que en materia de negacionismo histórico es punta de lanza en nuestro país. ¿La última hazaña del vándalo del Cementerio del Este?: La cesión por 50 años del inmueble ocupado hasta su desalojo hace unos meses por La Ingobernable, a una llamada Fundación Hispanojudía, cuyo vicepresidente es Ruiz Gallardón (todo queda en casa). Así, sin más consultas, sin más concurrencia de opciones, por decreto vertical o dedazo, se decide sobre la marcha el destino de lo que según el propio alcalde iba a ser un centro de salud. Una maniobra que seguramente este valora como muy hábil: ‘me cargo un espacio de participación y creación social autogestionado, que viene funcionando excelentemente y por lo tanto es un peligroso contaminante asambleario, y, al mismo tiempo, envío un mensaje de sionismo y postureo anti-nazi’… pura escuela trumpista.

En suma, la derecha nos ha declarado la guerra ideológica y la falsificación histórica es ahora su campo de batalla. El postureo ‘antifascista’ neofranquista es el estilo de temporada. La fake-memoria es el nuevo virus, y este no viene de China.