La insaciable patronal

Si aún quedaba alguna duda sobre quiénes son los grandes beneficiarios de la reforma laboral aprobada el viernes por el Gobierno, la plana mayor de la patronal la disipó por completo en la conferencia de prensa casi festiva que ofreció ayer al término de su junta directiva. El presidente de la CEOE, Juan Rosell, no sólo aplaudió con entusiasmo lo que constituye el mayor hachazo a los derechos de los trabajadores en democracia, sino que, libre ya de innecesarios simulacros de moderación, exigió la urgente revisión del derecho de huelga con el evidente propósito de reducir ese derecho constitucional a su mínima expresión. Con esta petición, la patronal pretende cerrar con broche de oro una reforma que, salvo rectificaciones en el trámite parlamentario, deja al trabajador en una situación extrema de indefensión e inseguridad.
Lo más grave es que, en contra de lo que han difundido los poderes económicos, la reforma laboral no era urgente para salir de la crisis. Por supuesto que la actual legislación es mejorable, pero en un sentido muy diferente al que se ha dado y con más tiempo de maduración. Aquí lo que se ha hecho es aprovechar el estado de conmoción y miedo de los ciudadanos para eliminar viejas conquistas laborales. A la pregunta de si la reforma generará empleo, Rosell admitió que este sólo se creará “cuando los vientos sean favorables”. Obvio: el trabajo sólo volverá si soplan vientos propicios en la economía europea y mundial. Y eso se conseguirá con unas políticas radicalmente distintas a las que hoy impone la UE y con una reorientación del modelo productivo en España. El problema es que será un trabajo degradado por la reforma laboral.