Opinión · Pensamiento crítico

El gran escándalo que estamos viendo en estas elecciones con la complicidad de los medios

Vicenç Navarro
Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas, Universitat Pompeu Fabra

España es uno de los países de la Unión Europea de los Quince (el grupo de países de la UE con mayor nivel de desarrollo económico) donde hay más distancia entre la percepción de lo que la mayoría de la población considera que son los principales problemas del país, y lo que los establishments políticos y mediáticos así consideran. Esta distancia entre lo que la gente normal y corriente cree que es más importante y lo que aquellos establishments valoran más es enorme y alcanza niveles sin precedentes. Veamos los datos.

Todas las encuestas creíbles (que no son muchas) señalan que el interés y las preocupaciones de las clases populares (que son la mayoría de la población) son la elevada tasa de paro (que alcanza unas dimensiones alarmantes entre las personas que desean trabajar y no encuentran trabajo), la excesiva precariedad entre gran parte de los que sí que lo encuentran, los bajos salarios (y, consecuentemente, la dificultad para llegar a fin de mes), la limitada accesibilidad al alquiler y a la vivienda, la reducción de la capacidad adquisitiva de las pensiones (sí, repito, en contra de lo que se publica en los mayores medios, de las más bajas de la UE-15), el crecimiento de las listas de espera en la sanidad, la subfinanciación del sistema educativo (con las tasas universitarias más altas de la UE) y otras realidades que señalan la enorme crisis social que existe en España, sin precedentes en la época democrática, como he documentado extensamente en mis trabajos (ver mi artículo El enorme sufrimiento causado por el neoliberalismo y sus responsables, Público, 26.03.19).

En cambio, en los grandes medios de comunicación y en los fórums políticos el GRAN TEMA que ha absorbido la gran mayoría del espacio y tiempo ha sido lo que se llama en ocasiones el “tema territorial”, también conocido como el “tema nacional” o también “la relación entre España y Catalunya” (ignorando, en este último caso, que la mayoría de catalanes no desea la independencia). Tan alejada está la percepción de lo que es “más importante” por parte de los representantes políticos por un lado, y de los representados por el otro, que este alejamiento ha pasado a ser percibido por la mayoría de la población como un problema grave del país. Desde hace años se ha ido percibiendo que existe una clase política ensimismada y supertensa, absorbida en su propio discurso y temáticas, aislada de los problemas de la vida cotidiana de las clases populares. Mientras la tensión territorial entre el Estado español y la Generalitat de Catalunya ocupa la mayor parte del espacio político y mediático del país, apenas aparece entre las principales preocupaciones a nivel de las clases populares. Sí que aparece, en cambio, como problema, el comportamiento de la clase política. No hay duda de que ello está creando un problema de legitimidad del Estado, así como el crecimiento de la desorientación, el cansancio y la abstención.

¿Por qué existe esta distancia entre lo que preocupa a la gente y lo que preocupa a la clase política? ¿Y por qué no se habla de ello?

Para dar respuesta a esta pregunta hay que conocer dos cosas. Una es la principal causa de la gran crisis social que ha tenido lugar en el país. Y la causa de tal crisis es fácil de ver (aunque raramente leerá sobre ella o la verá en los mayores medios de información): es la aplicación de las políticas públicas neoliberales impuestas (y digo impuestas, pues no estaban en sus programas electorales) por los partidos gobernantes en España (y también en la Generalitat de Catalunya), las cuales han dañado enormemente la calidad de vida y el bienestar de la mayoría de la población (y muy en particular de sus clases populares). Tales políticas, como las reformas laborales del gobierno PSOE y del gobierno PP (con apoyo de Ciudadanos y de Convergència, rebautizada como PdeCAT) y los enormes recortes de gasto en transferencias (como las pensiones) y servicios públicos del escasamente financiado Estado del bienestar (como la sanidad, educación, vivienda social, servicios sociales, escuelas de infancia o servicios domiciliarios), realizados también por los partidos gobernantes en España y en Catalunya, han sido la causa de dicha crisis social. He escrito extensamente señalando con nombres y apellidos quiénes son los responsables, artículos que nunca se hubiera permitido que aparecieran en los mayores medios de comunicación (ver Cómo los ‘superpatriotas’ de ambos lados ocultan la enorme crisis social que han creado, Público, 20.03.19).

La gran mayoría (aunque no todos) de tales responsables son partidos de derechas. No se subraya suficientemente que los partidos más neoliberales en el país, PP y C’s en España y CDC en Catalunya, son también los que dirigen los dos bloques que dominan el debate político del país y que hablan del tema nacional, liderando las “fuerzas patrióticas” de cada bando. Los “superpatriotas” que están enarbolando las banderas (la de la monarquía borbónica por un lado y la estelada secesionista por el otro) son los que en privado han aprobado las mismas leyes neoliberales aplicándolas cuando han gobernado. En realidad, hay una relación directa estadística entre la intensidad del discurso “patriótico” de un dirigente (de ambos lados, el españolista y el catalanista) y su neoliberalismo. Cuanto más neoliberal es el político, más patriótico y nacionalista es su discurso. En España, el partido más neoliberal (que llega a un extremismo dentro de la ultraderecha sin parangón en la UE), Vox, es también el que habla más de patria, seguido de Ciudadanos y del PP. Es el intento exitoso hasta ahora de desviar la atención pública de la crisis social y ocultar su responsabilidad por haberla creado. Y ello no hubiera ocurrido sin la complicidad de los grandes medios de información, que están controlados o bien por los partidos gobernantes o por intereses financieros y económicos que los financian (que son los mismos que financian a los partidos). La gran mayoría de los grandes medios de información han estado promocionando el neoliberalismo. Véanse los “gurús” económicos en sus páginas o en sus espacios televisivos.

¿Cuál es el mayor obstáculo para la resolución de la crisis social?

Lo cual nos lleva a la raíz del problema, un escándalo, que es, ni más ni menos, el gran maridaje y complicidad que existe entre poder financiero y económico por un lado, y los partidos políticos y los medios de información y persuasión por el otro, en la llamada democracia española. La evidencia de ello es abrumadora. Era lógico, por lo tanto, que surgiera el movimiento de protesta más poderoso que ha existido en la Europa occidental a inicios del siglo XXI. Me estoy refiriendo al movimiento de los indignados o 15M, que revolucionó la vida política del país. Su denuncia de la clase política, bien sintetizada en su eslogan “no nos representan”, se extendió muy rápidamente por todo el territorio español. Las fuerzas políticas que tal movimiento generó, Podemos y sus confluencias, En Comú Podem y En Marea, representaban una gran amenaza para el orden establecido. De ahí la gran hostilidad que recibieron y continúan recibiendo por parte de tales establishments: el político y el mediático. Ninguna fuerza ha sido más “demonizada” en España (a los dos lados del Ebro) que tales fuerzas enraizadas en el 15M-. Y ningún líder ha sido tan atacado brutalmente como su secretario general, Pablo Iglesias.

Ahora bien, el enorme rechazo que tales establishments políticos y mediáticos generan en amplios sectores de las clases populares explica el gran éxito de tales fuerzas políticas, convirtiéndose (en alianza con IU) en el motor de cambio más poderoso hoy en España.

La hostilidad mediática en contra de Unidas Podemos

Tal hostilidad es escandalosa también, pues no tiene límites en cuanto a su vileza, manipulación y falta a la verdad, llevadas a cabo por ambos establishments, el político y el mediático. Se ha llegado a un nivel de manipulación extrema que yo nunca había visto en otros países en los que he vivido durante mi largo exilio (Suecia, Reino Unido y EEUU). El caso más claro, sin ser el único, es lo que ya podía sospecharse que estaba ocurriendo: la promoción de falsedades por parte de la policía patriótica (“patria” se utiliza en España con gran frecuencia para ocultar criminalidad) del Estado, dirigida por la presidencia del gobierno y sus ministros, para destruir a Podemos, con la complicidad de periodistas “estrella” que promovían mentiras como que estaba financiado por Venezuela o Irán. Y lo que es igualmente escandaloso es la escasa denuncia y puesta en marcha de medidas correctoras que tal acto ha originado. Por mucho menos, el presidente Nixon en EEUU tuvo que dimitir del cargo cuando se destapó el caso Watergate. En España, por el contrario, se ha incluso recompensado a los autores de tales actos.

Y tal mezquindad continúa diariamente en el intento de destrucción de la alianza Unidas Podemos y sus confluencias. Hace solo unos días, tal fabricación de noticias apareció en uno de los programas televisivos, La Sexta Noche, y en uno de los principales rotativos, El Periódico, cuando, a fin de desacreditar al primero de la lista de la alianza En Comú Podem, el Sr. Jaume Asens, se lo presentó no solo como independentista (que no lo es), sino nada menos que como “puigdemontista”, añadiendo además que estaba entre sus más íntimos colaboradores (ignorando que el Sr. Jaume Asens había sido el abogado que precisamente había destapado la corrupción estructural y sistémica del partido de Artur Mas, Puigdemont y Torra, es decir, de Convergència, el partido que lidera el bloque independentista). Y lo que es todo un síntoma es que tal acusación fue hecha por el Sr. Xavier Sardà, que aparece en las tertulias de La Sexta Noche como un tertuliano de “izquierdas”. El abanico político y mediático del país está tan sesgado a la derecha que una alianza de partidos reformistas de izquierda son acusados de bolivarianos y un dirigente de tal alianza es definido como un talibán “puigdemontista”. Así es el panorama político y mediático en el país.

¿Ha habido una renovación en el PSOE? Veámoslo

No hay duda de que la aparición y crecimiento tan notable de Podemos ha tenido un gran impacto en los otros partidos, y muy en especial en el PSOE, causando una rebelión de sus bases frente al aparato del partido, controlado por los barones y liderado desde la sombra por Susana Díaz durante todos estos años de Gran Recesión (siendo la única diferencia entre el PP y el PSOE la dureza de tales medidas -reforma laboral y recortes- impuestas a la población, limitándose el PSOE a ser la versión neoliberal  light de la versión heavy del PP y Ciudadanos).La rebelión de las bases del PSOE posibilitó la victoria de Sánchez, que se rodeó de personas de la izquierda socialista, incluyendo algunos que habían colaborado con Podemos (decepcionados hasta entonces con la dirección del PSOE). Pero es preocupante que una vez en el gobierno, Sánchez, de nuevo, haya cambiado tales consejeros (sacándolos de su entorno), y aun cuando es sensible a la influencia de Podemos (como muestra que gran parte de la propuesta de presupuesto más progresista que haya habido en España incorporara las propuestas más importantes de Unidos Podemos), su resistencia al cambio implica que no haya aceptado algunas de las más eficaces, como la regulación del precio del alquiler, entre otras.

El silencio ensordecedor de los grandes medios sobre la crisis social

La polarización del debate político, centrándose en el tema nacional, y el control mediático del marco en el cual los temas deben debatirse, explica la dificultad de cambiar la temática del debate. Es casi imposible que el tema de la crisis social aparezca en el debate político. Si un dirigente de Unidas Podemos denuncia la crisis social en una entrevista, tal denuncia no aparece en la versión escrita o televisiva, dándole visibilidad en cambio a cualquier cita del tema territorial. Han sido los mayores medios los que han configurado este marco de lo aceptable o no en el debate político. Se han convertido en los principales responsables de la ocultación de la crisis social y sus responsables. De la misma manera que vemos en los partidos políticos que a mayor es su neoliberalismo, mayores son su “patriotismo” y su ondeo de las banderas, vemos en los medios que, a mayor neoliberalismo, mayor espacio dan al tema nacional. Y el problema es que en España no hay ningún gran medio ni de centroizquierdas ni de izquierdas. De ahí la gran visibilidad del tema territorial. Quieren evitar que el debate se presente en términos de derechas versus izquierdas, pues saben que sus aliados, las derechas, perderían si tal debate se presentara en estos términos. De ahí que quieran centrarse en el tema nacional. Ahora bien, sería muy fácil desmontar tal patraña, preguntándole en directo a los grandes “superpatriotas” del país “¿Cómo puede usted, Sr. Casado, Sr. Rivera, Sr. Abascal o Sr. Mas, Puigdemont, Torra, decir que aman tanto a su patria (España los primeros, y Catalunya los segundos) cuando a la vez han estado aplicando políticas que han dañado tanto a la población española y catalana, respectivamente? Tal pregunta obvia nunca se ha hecho en los principales medios de comunicación. Pregúntese, lector, por qué, y mire qué han estado haciendo tales medios durante todos estos años y su servilismo hacia las estructuras del poder. Naturalmente que obvia decir que hay también profesionales del periodismo que no merecen ser incluidos en esta crítica que hago en este artículo, pero lo que destaca, por un lado, es que sean tan pocos, y por el otro, que el cuerpo de periodistas tenga tan poco compromiso con la ética de su profesión, pues hay muchos manipuladores y falseadores de la realidad en los medios que deberían ser censurados por los organismos profesionales representativos de tal cuerpo, los cuales permanecen en silencio ante casos tan obvios de mala práctica y sinvergüencería. Así de claro.