Pensamiento crítico

Estamos yendo a una guerra nuclear

- PIXABAY

Desde finales de la II Guerra Mundial nunca habíamos visto una situación tan cercana a una guerra nuclear como ahora. Las probabilidades de que ocurra tal guerra son elevadas. En realidad, ya estamos en los dos lados del Atlántico Norte (Norteamérica y Europa, tanto occidental como oriental), en una guerra económica (con sanciones y embargos) y militar (con la transferencia y utilización de armas) que están dañando enormemente al bienestar (sobre todo de las clases populares) de los países que luchan a los dos lados del conflicto. Una población particularmente afectada es la población de Ucrania, pero no es la única. Las consecuencias de la guerra afectan también el bienestar de la población rusa y de los países de la OTAN, así como a grandes sectores de la población mundial al determinar fenómenos generalizados como la inflación y la escasez de recursos, incluyendo alimentarios, causando a la vez un enorme crecimiento de la pobreza, particularmente en Ucrania, pero también en Rusia, en los países de la OTAN y en la mayoría de los países del mundo de renta baja.

Y lo que es particularmente preocupante es que en la dinámica belicista que se ha creado en los mayores establishments políticos y mediáticos de los países contrincantes de cada bloque, el único debate que está ocurriendo es sobre la intensidad de la escalada del conflicto, pero sin nunca considerar la necesidad de parar esta guerra, tanto en lo militar como en lo económico. Y francamente no veo en ninguno de los protagonistas de los distintos bloques la voluntad para explorar el fin conflicto. En realidad, parece que la guerra les está beneficiando políticamente a cada uno de ellos, siendo su popularidad mucho mayor ahora en plena guerra que antes del conflicto. Veamos caso por caso, analizando cada protagonista.

LA CRECIENTE POPULARIDAD DE PUTIN EN RUSIA

Putin es mucho más popular en Rusia ahora que antes de que se iniciara la guerra. Según las encuestas realizadas por empresas independientes que miden la opinión pública en Rusia, Putin es ahora enormemente popular entre la población rusa, al cual se le ve como el gran defensor de Rusia frente a la crónica hostilidad de la OTAN, que ha ido rodeando al país por todos sus lados con bases nucleares orientados hacia ella, resultado de su creciente expansión, que ha querido alcanzar su máxima expresión con la inclusión de Ucrania, y ello a pesar de las promesas que la mayoría de Presidentes de EEUU habían hecho al gobierno ruso de que después de la reunificación de Alemania no continuarían expandiendo tal organización hacia Rusia. La realidad ha demostrado la falsedad de tales promesas. De ahí el apoyo que el pueblo ruso tiene hacia evitar el establecimiento de bases nucleares en Ucrania como parte de una organización que se estableció para debilitar y ganar un conflicto que implicó la desaparición de un estado, el Estado Soviético en el que Rusia era un componente fundamental.

Ahora bien, no parece que la mayoría de la población rusa acepté el argumento imperialista de Putin de que Ucrania sea una parte intrínseca de Rusia. Pero sí que parece aceptar el argumento de que no es conveniente para la seguridad de Rusia el estar siendo rodeada de bases militares. Y de ello deriva su apoyo a Putin, que como dictador que es, no permite que la población sepa de la salvajada que implica la forma en que se está ejecutando lo que llama "operación militar especial". De ahí que Putin se esté beneficiando de la guerra y ello a pesar de que no esté consiguiendo ninguno de los objetivos que al parecer había pretendido con la invasión. No está, por ejemplo, debilitando a la OTAN. Antes, al contrario, nunca ésta había estado más unida y más movilizada que ahora, motivando incluso a Finlandia y a Suecia a desear sumarse a la alianza. Y en su intento de corregir la discriminación de la población rusa en Ucrania, la brutalidad de su invasión está, en realidad, antagonizando incluso a gran parte de la población ucraniana-rusa a la cual supuestamente pretende estar defendiendo.

BIDEN, DEL DIRIGENTE DERROTADO EN AFGANISTAN AL DIRIGENTE INDISCUTIDO DE LA ALIANZA ATLÁNTICA

En Estados Unidos al Presidente Biden la guerra le ha permitido borrar un fracaso y mejorar su imagen. Después del desastre de la salida de Afganistán, Biden hoy ha pasado a ser un líder indiscutible de la Alianza Atlántica, con unidad de acción de todos los países de la OTAN con aceptación por parte de los países europeos dentro de la organización de jugar un papel secundario. Es más, en el contexto político estadounidense, Biden ha conseguido el apoyo del Partido Republicano, rompiendo con la polarización política existente en aquel país, y que está dividiendo incluso al Partido Republicano entre trumpistas y no trumpistas. Estos últimos habían casi ya desaparecido, y están ahora apareciendo de nuevo con gran intensidad.

Por otra parte, la agitación de las banderas siempre ha sido lo primero que ocurre en situaciones de guerra en Estados Unidos y el supuesto patriotismo y el compromiso con la libertad han sido siempre los argumentos utilizados para movilizar a la población y para justificar el gasto militar. El presidente Biden convocó hace unas semanas a las mayores empresas militares en la Casa Blanca para indicarles que van a tener que incrementar su producción y por tanto sus negocios debido a la situación de escasez de material bélico. Y para no ser menos, las compañías energéticas no renovables y contaminantes que estaban a la defensiva ahora están muy activas beneficiándose de la enorme demanda de sus productos.

ZELENSKIY, PASÓ DE MUY POPULAR CUANDO FUE ELEGIDO A MUY IMPOPULAR POCO ANTES DE QUE SE INICIARA LA GUERRA PARA SUBIR DE NUEVO CUANDO COMENZÓ LA GUERRA, HACIENDOSE SUPERPOPULAR

El Presidente Zelenskiy ganó en Ucrania las elecciones del 2019 por una enorme mayoría. Su victoria parecía significar un cambio radical del sistema político tradicional dividido entre los ucranianos rusos de simpatías con el gobierno ruso (el Gobierno Yanukovych) por un lado y los nacionalistas ultraderechistas ucranianos anti rusos que deseaban excluir el ruso como idioma co-oficial del país (el Gobierno Poroshenko) por el otro. Ambos habían gobernado Ucrania y ambos habían perdido gran parte de su popularidad. La población había alcanzado un gran cansancio y hartazgo con la clase política del país. Fue en este contexto que Zelenskiy se presentó como el anti-establishment, ganando por una enorme mayoría con el 74% del voto. En las elecciones previas las diferencias entre los dos partidos mayoritarios siempre habían sido menores. Zelenskiy despertó una gran esperanza. Ucraniano-ruso, propuso reincorporar el ruso como idioma oficial, receptivo a explorar posibles áreas de acuerdos con Rusia, como por ejemplo alcanzar la neutralidad del país que se había acordado en el Acuerdo de Minsk (firmado por los Gobiernos Ucraniano, Ruso, Bielorruso, Francés y Alemán), y también había propuesto reunirse con los ucranianos rusos independistas para terminar con la guerra que había costado ya 14.000 muertos.

Su popularidad, sin embargo, descendió y en el año 2021 ya estaba tan baja que el primer partido de la oposición le ganaba ya en las encuestas. Las causas de este descenso fueron múltiples (ver Volodyruz Iskchenko "Towards the Avis" New Left Review, Jan-April, 2021). Una de ellas es que ganó el personaje, pero sin tener un partido organizado detrás, teniéndose que valer de amigos y redes ligadas a su trabajo en la televisión donde había establecido su popularidad. Esta ausencia de organización le debilitó enormemente frente a los grupos más organizados como la ultraderecha, incluyendo los nazis, que tenían considerable influencia en las Fuerzas Armadas y que se opusieron a cualquier pacto con Rusia y con los independistas ucrano-rusos. Su limitada organización de apoyo partidista facilitó su personalismo con tintes autoritarios prohibiendo incluso programas televisivos muy populares y forzando a algunos periodistas a dejar el país. Incluyó prohibió partidos políticos. Ahora en plena guerra, es enormemente popular, tanto en Ucrania como en la OTAN y gran parte del mundo Occidental.

HAY GUERRA PARA MUCHO TIEMPO. LAS ESTRATEGIAS DE BIDEN POR UN LADO Y LAS DE PUTIN POR EL OTRO, ESTÁN INCREMENTANDO MÁS Y MÁS LAS TENSIONES, CON PELIGRO DE QUE HAYA UNA EXPLOSIÓN NUCLEAR.

Sin duda hay guerra para rato. La alternativa más posible es la conversión de la guerra de Ucrania en una guerra de guerrillas ucranianas en contra del ejército ruso de ocupación, tal y como ocurrió en Afganistán con las tropas soviéticas en los años ochenta, y que al final  tuvieron que dejar el país que habían invadido tras un enorme desgaste. Esta es la alternativa preferida por Biden. En esta estrategia, el Presidente de EEUU (y sus aliados en la OTAN) envían armas y los ucranianos proveen los cuerpos, soldados y muertes civiles, en una guerra larga que puede durar años, forzando a las tropas invasoras a retirarse por agotamiento y  debilitamiento del gobierno ruso, lo cual es el objetivo de la OTAN. La reciente visita de los Ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa del Gobierno Estadounidense a Ucrania confirma esta estrategia con objetivo de debilitar a Rusia como ha señalado el Financial Times, Abril 26, 2022. Existe ya pues una confrontación directa entre EEUU y Rusia, a través de Ucrania.

El mayor problema con tal estrategia es que causará una enorme destrucción y muertes en Ucrania (como ya está ocurriendo) y que puede durar mucho tiempo, polarizando el mundo como consecuencia de las sanciones contribuyendo a acentuar una enorme crisis en países de renta baja, como está ya ocurriendo en países tan dispares como Honduras, Pakistán, Perú y Sri Lanka, como resultado del enorme encarecimiento del alimento y de la gasolina en tales países.

Por otra parte, la alternativa favorita por Putin en este momento parece ser dividir a Ucrania en dos, una ucraniana y otra rusa, que como ocurrió en el caso de la división de Corea en Norte y Sur, sería una fuente constante de tensiones, polarizando Europa en dos bloques mundiales, la Europa Atlanticista por un lado y la Europa Asiática por el otro, estableciéndose una constante guerra fría con dimensiones mundiales, que apagaría y anularía cualquier posibilidad de resolver los graves problemas de la humanidad, tal como la enorme crisis climática y el terrible crecimiento de las desigualdades, acentuados por la falta de solidaridad a nivel mundial. La dramática situación actual, profundizada todavía más por la pandemia, ha mostrado una vez más que la solidaridad mundial es una condición indispensable para resolver los grandes problemas sociales de nuestros tiempos.

Esta es una de las razones que explica que la gran mayoría de países pobres en el mundo se abstuvieran en la reciente votación en las Naciones Unidas condenando la invasión de Ucrania. Solo cinco países se opusieron, Rusia, Bielorrusia, Corea del Norte, Eritrea y Siria, mientras que la gran mayoría de los países del tercer mundo, donde la mayoría de la humanidad vive, se abstuvieron. Este voto no implicaba una insensibilidad hacia el enorme sufrimiento del pueblo ucraniano y su derecho a defenderse, ni tampoco renunciar a la necesaria denuncia de Putin por haber invadido Ucrania. El mensaje que la abstención transmitía era el rechazo hacia la reproducción de la Guerra Fría que tuvo unas consecuencias enormemente negativas para la paz y el desarrollo mundial. La acusación por parte del Presidente Biden de acto criminal realizado por Putin, ignoraba que el gobierno federal de Estados Unidos había realizado previamente una invasión semejante e ilegal internacionalmente contra Iraq (para supuestamente eliminar el equipamiento de armas de destrucción masiva que se mostró más tarde inexistente en aquel país), con la misma brutalidad con que Putin está ahora atacando a Ucrania, y con elevadísimo coste de víctimas civiles (incluyendo medio millón de menores de edad, debido a la guerra y a las sanciones económicas). Y el entonces Senador Biden apoyo tal invasión. Ninguno de los dos polos, ni EEUU ni Rusia han mostrado en su historia reciente una sensibilidad hacia los derechos humanos y al derecho internacional que pudieran justificar sus intervenciones militares o sanciones económicas.

QUÉ DEBERÍA HACERSE

Es importantísima una presión internacional que dé mayor protagonismo al pacto para que en primer lugar se pare la guerra y la enorme destrucción y sufrimiento del pueblo ucranio y que también se explore la detención de los embargos y sanciones que están produciendo tanto daño, no solo a los países contrincantes sino también a todos los países. Y que a la vez se exploren alternativas – que las hay – para garantizar la seguridad de todos los países europeos incluyendo a Rusia. No hay duda de que la mayoría de las clases populares de los países en conflicto así lo desean. De ahí que la imagen que promovió recientemente el Papa Francisco de presentar a una mujer ucraniana y a una rusa juntas (que ha creado tanta hostilidad por parte de los nacionalismos esencialistas de los dos bandos) abra posibilidades de entendimiento pues no hay duda de que los intereses de las clases populares de Ucrania y de Rusia coinciden en muchísimas dimensiones esenciales para su bienestar. Ellas sufren problemas semejantes. En Rusia, resultado de una política de una privación extrema de la economía de lo que había sido la Unión Soviética, realizada por Yeltsin (cuya mano derecha era Putin), con el apoyo entusiasta del Presidente Clinton, tiene una distribución de la riqueza en la que 0.01 % de la población ha sacado del país 200,000 millones de dólares empobreciendolo, siendo esta oligarquía la que representa Putin. Pero Ucrania tiene una distribución de la riqueza semejante, en la que los oligarcas tienen una enorme influencia en los partidos político-dominantes y de ahí precisamente el rechazo a la clase política que la Presidencia de Zilinskiy tendría que haber corregido. En realidad, la solución pasa para que las clases populares se den cuenta de los intereses comunes ocultados por los nacionalismos esencialistas que hoy están beneficiándose del conflicto que nos puede llevar a una guerra mundial.

 Debería ser obvio que los enormes problemas que tiene hoy la humanidad, como lo son la crisis climática y la pandemia, entre muchas otros, requieren de respuestas globales y mundiales basadas en solidaridad precisamente opuesta a la dinámica competitiva a ultranza que necesita de una cultura bélica-militar que la sostenga.