Activismo pacifista contra el negocio militar, la militarización y la guerra

Publicado en Anuario de Movimientos Sociales 2014, Fundación Betiko, Enero 2015. Disponible online en: www.fundacionbetiko.org

El movimiento pacifista ha centrado sus esfuerzos durante el último año en tres bloques principales. En primer lugar se pueden nombrar las campañas por el desarme y contra el negocio militar, realizadas desde una óptica más institucional, que continúan priorizando el trabajo por la eliminación de las minas antipersona y las bombas de racimo, pero que han incluido dos vertientes nuevas de gran relevancia: el nuevo impulso por la eliminación de las armas nucleares y la respuesta de la sociedad civil a la aparición de nuevas armas y nuevas formas de hacer la guerra que suponen los drones y los robots militares. En esta línea cabe destacar el trabajo por la consecución del Tratado Internacional sobre Comercio de Armas, con lecturas muy diferentes del mismo según se trate de gobiernos, ONG miembros de la campaña internacional y entidades pacifistas más ligadas a los movimientos sociales. También en este ámbito, pero con menor componente de incidencia institucional, se pueden destacar las diversas campañas por la reducción de los gastos militares, tanto desde una vertiente de denuncia como desde la estrategia de desviar impuestos de gastos militares a gastos sociales a través de la objeción fiscal. Finalmente, cabe mencionar las acciones o campañas dirigidas a denunciar a los bancos que financian a la industria armamentística.

El segundo elemento clave del movimiento pacifista ha sido la denuncia de la militarización de la sociedad. Entre las acciones de este año destacan las propuestas por la desmilitarización en al menos dos espacios estrechamente vinculados: el sector educativo y la juventud. En tercer lugar, encontramos que se ha continuado, aunque con una capacidad menor de convocatoria que otros años, protestando contra la guerra, principalmente contra la guerra de Siria y la enésima ofensiva el ejército israelí sobre Gaza. Además de todo ello, cabe mencionar que el 2014 ha sido un año de conmemoraciones de carácter pacifista. Una de las que mayor relevancia internacional consiguió tuvo lugar en Sarajevo, con motivo del centenario del inicio de la Primera

Guerra Mundial, donde los movimientos pacifistas organizaron un foro por la paz en Sarajevo al tiempo que se desarrollaba una agenda oficial relacionada con el mencionado aniversario. Otra celebración, de carácter más local, es el 25 aniversario de la primera declaración de insumisión al servicio militar obligatorio en España, el inicio de uno de los movimientos sociales más importantes del estado.

Activismo contra el negocio militar
La lucha por la abolición de las armas nucleares ha recibido un nuevo impulso tras la aparición de la Campaña Internacional Contra las Armas Nucleares (ICAN, en sus siglas en inglés), una coalición de cientos de entidades de 80 países, que incorpora entidades pacifistas, humanitarias, ambientales, de desarrollo o de derechos humanos. Esta campaña pretende convencer a los gobiernos de que firmen un tratado de prohibición de las armas nucleares, utilizando como principal argumento el impacto humanitario de las mismas. Hasta el momento la campaña afirma que ya son 151 los estados favorables a un tratado de prohibición de las armas nucleares. En el Estado español las principales acciones de la campaña se han realizado en el ámbito parlamentario, consiguiendo una declaración del Parlamento Catalán al respecto y con el objetivo de conseguir otras tantas del Congreso de los Diputados y de otros parlamentos autonómicos, como es el caso del Navarro y Vasco. También se ha realizado el lobby habitual en estos casos al gobierno español especialmente a la delegación diplomática en la Conferencia de Estados por la Prohibición de las Armas Nucleares celebrada en Viena en diciembre. La Campaña Internacional Contra las Armas Nucleares ICAN ha conseguido un gran desarrollo gracias a su acceso a importantes recursos económicos y a la implicación oficial de algunos estados como Noruega o Austria. La aparición de esta campaña internacional no ha estado exenta de cierta controversia con el movimiento pacifista antinuclear tradicional.

Otra de las líneas de trabajo de los movimientos pacifistas relevante durante el año anterior ha sido la introducción en la agenda política de la cuestión de los aviones de combate no tripulados (drones) y de los robots militares. Ya existe una campaña internacional sobre los drones militares, gracias a la que se celebró en octubre el Día Global contra el uso de drones asesinos y de vigilancia que consiguió la implicación de numerosos colectivos contrarios a los aviones no tripulados con usos militares, principalmente en Alemania, Reino Unido y Estados Unidos Así como, ha sido lanzada una campaña internacional contra los robots militares, esta bajo el nombre Stop Robots Asesinos, que todavía se encuentra en una fase inicial de su desarrollo, y está más centrada en la elaboración de análisis y argumentarios contra las armas con capacidad autónoma para decidir en el ámbito académico y en el marco de Naciones Unidas.

Una de las más grandes acontecimientos del desarme durante el último año ha tenido relación con el trabajo contra el comercio de armas, que en una de sus vertientes más moderadas ha conseguido la elaboración de un Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas (TCA), como culminación de la campaña Armas Bajo Control, que ha llegado a conseguir 130 firmas de estados y 61 ratificaciones del TCA. El movimiento pacifista ha acogido con indudable satisfacción la existencia de este tratado, ya que servirá para dotar de mayor transparencia al comercio de armas mundial y porque gracias a este tratado se abre la puerta a que los estados que se comprometan a aplicarlo puedan reducir o limitar sus exportaciones de armamento a destinos controvertidos. Sin embargo no son pocas las voces críticas que desde el seno del pacifismo han alertado que en el TCA no es oro todo lo que reluce. Según este sector crítico con el TCA, entre el que destaca la Red Europea Contra el Comercio de Armas (ENAAT, en sus siglas en inglés), la euforia debe ser más que moderada ya que el TCA puede llevar a facilitar el intercambio de armamento y por tanto a aumentarlo o, como ocurre con otras legislaciones sobre exportaciones de armas existentes, puede ser utilizado con la discrecionalidad que los intereses económicos y políticos de cada país le marquen en cada momento. El comercio de armas ha recibido también atención en forma de acciones directas noviolentas de grupos antimilitaristas, como es el caso de las llevadas a cabo en la principal feria de suministros de defensa de Reino Unido que se celebró en Cardiff.

Las acciones contra los gastos militares han centrado un año más una buena parte de la energía del movimiento pacifista y antimilitarista en el estado. Por una parte se encuentra la campaña internacional contra el gasto militar que se centra en un día de protesta llamado Día Global sobre el Gasto Militar (GDAMS en sus siglas en inglés) que coincide con el momento en que el SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute) hace públicos sus cálculos sobre el gasto militar mundial. La entidad promotora del GDAMS es el IPB (siglas en inglés de Oficina Internacional por la Paz) que a finales de año lanzó la Campaña Global sobre el Gasto Militar (GCOMS, en sus siglas en inglés), con el subtítulo recorta el gasto militar, invierte en necesidades humanas en una campaña internacional que exige la reducción de los gastos militares. En el Estado español esta iniciativa tiene el nombre de «Recortemos el gasto militar», pero no es la única que trabaja en este sentido, son varios los grupos que calculan el gasto militar real y denuncian en el ámbito político o en la calle la falta de transparencia de los presupuestos militares españoles y la elevada cuantía de las partidas que finalmente son destinadas a asuntos militares en España. Los grupos antimilitaristas han realizado acciones de protesta en la calle para denunciar el gasto militar, dentro de las tradicionales acciones que piden dedicar los gastos militares a inversión en política social. Y una vez más la campaña de objeción fiscal al gasto militar ha movilizado a cerca de 800 personas objetoras en todo el estado a través de la acción de desobediencia civil consistente en dejar de pagar en la declaración de la renta la parte considerada como gasto militar y desviar estos recursos a proyectos y entidades que trabajan por la paz. Este año han sido desviados a 169 proyectos o entidades diferentes más de 91.000 euros en todo el Estado español. Merece mención la celebración del Día Internacional de la objeción de conciencia, el 15 de mayo, que si bien en el estado ya no tiene gran repercusión en el momento actual, sí es una cuestión que llevó a realizar acciones en Corea (del Sur), Turquía, Bélgica, Reino Unido o Estados Unidos.

Otra campaña que ha mantenido su actividad un año más es la relacionada con la financiación de la industria militar. Desde un planteamiento de partida por el cual la industria militar tiene una dependencia financiera muy elevada, el movimiento pacifista identifica como responsables de al menos un porcentaje de la producción armamentística a los bancos y otras entidades financieras que ayudan a las empresas de armas mediante créditos, préstamos, emisión de bonos y pagarés, compraventa de acciones, financiando exportaciones, ofreciendo pólizas de crédito o vendiendo fondos de inversión con acciones de empresas fabricantes de armas. La principal campaña en este sentido tiene el nombre de Banca Armada, y en ella se acogen tres campañas específicas dirigidas contra las tres entidades financieras más importantes del país: Banco Santander, BBVA y Caixabank. Este año se realizó por primera vez una intervención de la campaña banca armada en la junta de accionistas del Banco Sabadell. Una de las acciones de mayor calado que se realiza cada año es la denuncia en las juntas de accionistas de cada uno de los bancos mencionados de sus inversiones en armas, a tal acción se suma una contundente acción noviolenta en las puertas del auditorio de Bilbao donde se celebran la junta de accionistas del BBVA en Bilbao. La campaña Banca Armada, cabe matizar, ni puede ni quiere pretender cambiar a los bancos objeto de sus críticas, sino poner el foco en algunos de sus negocios más reprobables para introducir el debate sobre el armamentismo y el militarismo en la sociedad y para mostrar la alternativa que supone la banca ética no solo en lo que se refiere al consumo responsable sino a la transformación de la economía capitalista. En la denuncia de la financiación de las empresas de armas tiene gran relevancia su vertiente internacional, con la elaboración de sendos informes de bancos que financian la producción de algunas de las armas más controvertidas y que son objeto de campañas específicas para su abolición. Se trata del informe sobre la financiación de bombas de racimo y del informe sobre la financiación de armas nucleares. Ambos informes sirven para dotar de contenido a la campaña estatal y a las campañas específicas contra cada uno de los cuatro bancos mencionados. En último lugar, relacionada con la prohibición de las bombas de racimo y con la financiación de productores de armas, existe una línea de acción que pretende conseguir la prohibición por ley en España de la financiación de cualquier empresa fabricante de bombas de racimo del mundo. Esta campaña, bajo el nombre Stop Inversiones Explosivas, centra su acción en la incidencia parlamentaria y por el momento ha conseguido el compromiso de todos los partidos de aprobar una propuesta de ley que incluya tal prohibición.

Activismo por la desmilitarización

Entre las actividades del movimiento pacifista que han tenido mayor recorrido durante el último año se encuentran las destinadas a promover la desmilitarización de la sociedad, con acciones o comunicados de protesta durante los desfiles militares, protestas directas dirigidas a la denuncia del uso militar de espacios que podrían ser públicos y civiles, manifestaciones ciudadanas contra la presencia de ejércitos extranjeros en suelo español, y campañas y actividades que tratan de desmilitarizar o de incorporar la cultura de paz a la educación. En relación a las acciones de desmilitarización, destaca el trabajo antimilitarista en el marco de la guerra empieza aquí, parémosla desde aquí, que además de alzar la voz contra los gastos militares, ha sido el marco para convocatorias de protesta colectiva como las marchas al cuartel militar de Mungia, o la marcha ciclista contra la industria y el gasto militar de abril en Bilbao, las protestas contra la presencia de buques militares en Tarragona o acciones noviolentas en la base naval de Las Palma de Gran Canaria. A las que cabe añadir la Marcha a la base de Estados Unidos en Rota, una protesta no solo pacifista sino también antiimperialista que este año incorporó al clásico lema «OTAN NO, bases fuera» uno más centrado con la situación de precariedad laboral «Trabajo y dignidad, sí. Negocio de la guerra, no».

Otra de las campañas pacifistas que durante el año han mantenido su actividad, aunque no sin dificultades, ha sido la dirigida a desmilitarizar los espacios educativos o a introducir discursos y prácticas propias de la cultura de paz en los currículos escolares y en las actividades educativas en general. La militarización de los espacios educativos, de la juventud y de niños y niñas es una de las prioridades de los ejércitos, es la inversión propagandística militar más efectiva en lo que a legitimar la existencia de los ejércitos, de las armas y la opción de la guerra se refiere.

Afortunadamente, este tema cada vez de mayor actualidad está consiguiendo respuestas pacifistas no solo en España sino en otros lugares del mundo, como en Alemania, con acciones de denuncia de la creciente militarización de la juventud y de las agresivas campañas gubernamentales para captar nuevos reclutas. En este ámbito destaca la campaña Desmilitaricemos la educación, que centra sus actividades en la denuncia de la presencia del ejército en los principales eventos infantiles y juveniles relacionados con la educación de Barcelona. Uno es el Salón de la enseñanza, en el que se ofrecen opciones educativas a los jóvenes que acaban la educación secundaria obligatoria o bachiller. En este espacio, entre universidades y centros educativos, el ejército se muestra como una opción más para formarse y educarse. Las acciones de protesta de la campaña consisten en pedir mediante comunicados y entrevistas la retirada del ejército del salón de la enseñanza, y en la presencia física delante del stand de los militares dificultando el acceso de los jóvenes al mismo. El otro salón en el que están presentes los militares es el salón de la infancia, en el que el ejército ofrece a los niños atractivos espacios con tirolinas y otros juegos de entrenamiento militar con los que consiguen ganarse su simpatía. Esta campaña ha empezado a promover una actividad enfocada a conseguir centros educativos libres de armas, mediante la adhesión a un decálogo que, entre otros aspectos, rechaza la entrada de armas en el propio espacio del centro educativo y la promoción de la cultura de paz. En relación a la inclusión de actividades por la paz en el sector educativo no se puede dejar de mencionar el DENIP (Día Escolar por la Noviolencia y la Paz) que se celebra el 30 de enero de cada año en conmemoración de la muerte de Mohandas Gandhi, por el que una infinidad de centros educativos celebran jornadas sobre la cultura de paz y la noviolencia, con conferencias, charlas, talleres, actuaciones y otros actos educativos y festivos en pro de la paz. Este tipo de actividades ha visto crecer su presencia en todo el mundo gracias a la celebración por segundo año de la Semana internacional de acción por una educación e investigación libres del militarismo organizada por una prestigiosa red mundial de entidades pacifistas y antimilitaristas, la Internacional de Resistentes de la Guerra (IRG), con el objetivo de luchar contra la militarización de la juventud.

No la guerra

De los alrededor de treinta conflictos armados que asuelan el mundo cada año, solo unos pocos merecen la atención de los medios de comunicación y, como consecuencia, reciben atención ciudadana. Las movilizaciones contra la guerra más importantes del año fueron las que sucedieron como respuestas al ataque del ejército israelí a la Franja de Gaza, tras la desaparición de tres colonos judíos el 12 de junio cerca del asentamiento ilegal de Gush Etzion, cercano a Hebrón. En julio y agosto se sucedieron numerosas manifestaciones en todo el mundo contra los bombardeos y la incursión militar israelí en la Franja de Gaza, en algunas de ellas las calles se vieron repletas de decenas de miles de manifestantes en todo el mundo, destacando las manifestaciones de Ciudad del Cabo y de Londres, y en las principales capitales españolas, bajo diversos lemas: «Paremos el genocidio de Israel contra el pueblo Palestino» «Paremos el castigo colectivo a Palestina», «Paremos la masacre en Gaza» o «Basta de complicidad con Israel», aludiendo a la pretendida equidistancia en los análisis de ciertos medios de comunicación en el conflicto armado entre Israel y Palestina. El papel de las plataformas contra la guerra, célebres en la época del no a la guerra de Irak, volvió a ser crucial para canalizar las protestas en muchos lugares el mundo. Las protestas en la calle tuvieron una conexión en la sociedad civil organizada en cuanto a que se reactivó con fuerzas renovadas la campaña internacional Boicot, Desinversiones y Sanciones contra la colonización, el apartheid y la ocupación israelí de los territorios palestinos o la campaña Negocios Ocultos en la que se denuncia el negocio militar de la seguridad israelí que consigue mayor prestigio y reputación por la utilización de técnicas y prueba de armamento letal y no letal como consecuencia de la represión ejercida por las fuerzas de ocupación israelíes sobre el pueblo palestino.

La otra guerra mediática tuvo una considerablemente menor capacidad de convocatoria. Se trata de la Guerra de Siria, en cuyas manifestaciones la participación y adhesiones fue menor que en el caso de los ataques a la población gazatí. Una de las principales causas de la menor capacidad de convocatoria es que los comunicados de adhesión podían interpretarse en cierto modo parciales a favor de una de las partes contendientes, en este caso de la oposición al régimen de Al Asad. El movimiento pacifista se mostró en este caso dividido y en algunos casos no suscribió unánimemente los llamamientos de las movilizaciones sobre la guerra de Siria.

Finalmente, en lo que a las acciones contra la guerra que se han producido durante el periodo, cabe mencionar que la renovada intervención occidental en Oriente Medio no provocó más que una tímida reacción del movimiento pacifista, con la dificultad de conseguir el apoyo popular contra una guerra en la que la implicación de los ejércitos occidentales es menos visible o llamativa que en períodos anteriores y en la que el uso de los medios de comunicación por parte del Estado Islámico, o viceversa, ha generado tal sentimiento de rechazo, miedo y necesidad de reaccionar por parte de Occidente que la oposición a una intervención militar en Irak y Siria con el objetivo de aniquilar al Estado Islámico se limita a una quizá pequeña parte de colectivos pacifistas. Las guerras de Irak y Afganistán, en fase de reducción de presencia de tropas y de cambio de estrategia militar sobre el terreno, recibieron poca atención por parte de los movimientos pacifistas.

Aún así, el movimiento pacifista internacional mostró músculo al menos en dos acontecimientos internacionales. Uno de ellos está relacionado con la conferencia de jefes de estado y gobierno de los países miembros de la OTAN en Gales a principios de septiembre que quizá preveía mayores protestas, –dedicó 70 millones de euros a la seguridad del acto–, por las decisiones de incremento de la militarización que pretendían llevar a cabo: petición de aumento de las aportaciones de los estados al presupuesto militar o aumento de la actividad militar de la OTAN respecto al conflicto entre Ucrania y Rusia. El movimiento anti-OTAN estuvo presente, con la celebración de una contracumbre de la OTAN, que incluía varias manifestaciones de protesta en la localidad galesa de Cardiff, a las que acudieron cientos de activistas. En último lugar, otra actividad de relevancia celebrada durante el año fue el llamado Evento por la Paz de Sarajevo 2014, en conmemoración del centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial, por la cual se dieron cita en la capital bosníaca 2.500 activistas por la paz provenientes de todo el mundo que participaron y organizaron 190 conferencias y talleres autogestionados entre los que destacaron por número y relevancia los relacionados con la educación por la paz y la desmilitarización de las sociedades.

 

No ha sido un año fácil para el movimiento pacifista y antimilitarista. Por un lado, la dificultad de movilizar a la ciudadanía contra la guerra muestra una vez más la dependencia de los medios de comunicación y de otros actores sociales para conseguir arrastrar a mayorías. Aun así, el movimiento por la paz ha mantenido diferentes líneas de actuación que muestran una diversidad de temas a trabajar y una diversidad de actores implicados, lo que le puede haber dado mayor fuerza o abierto el camino a nuevas estrategias en las que se puedan sumar otros movimientos a la causa pacifista. Existe en el movimiento pacifista cierta complementariedad entre las acciones de los unos y la actividades de los otros, lo que puede ser un elemento positivo de un movimiento en el que la diversidad no supone ningún impedimento para la realización de acciones, estudios, análisis y otras actividades de divulgación e incidencia críticas. Mientras los grupos antimilitaristas han mantenido una parte importante de su actividad dirigida a las acciones directas de protesta al estamento militar e incluso a la industria armamentística, desde un posicionamiento claramente noviolento y coherente con los valores de la cultura de paz, algunas ONG vinculadas a la paz han establecido alianzas con sectores humanitarios, de desarrollo, de derechos humanos, ecologistas o sindicales para emprender grandes campañas de desarme o de control del armamentismo, con el riesgo de poder defender posiciones no estrictamente pacifistas en pro del posibilismo y, en algunos casos, del interés por conseguir éxitos fácilmente comunicables a sus existentes o potenciales socios y donantes. La crítica a estas grandes campañas radica en que, si bien han dado pie a pequeños pasos hacia un mundo más cercano a la cultura de paz por la eliminación de armas obsoletas o de la regulación –que no reducción o prohibición– del comercio internacional de armamento, pueden ser susceptibles de ser utilizadas en contra del objetivo inicialmente establecido, entre otras cosas por la capacidad de legitimación de un sistema liberal en lo económico y político, que es a todas luces una de las principales causas de la existencia de un mundo en guerra constante, en el que la militarización y la naturalización de la violencia van de la mano en servicio de las élites que se benefician del sistema capitalista neoliberal. Vinculado a lo anterior, existe también en el movimiento pacifista el riesgo de caer en manos del activismo perezoso de internet (conocido como slackactivism), por el que un clic en forma de «me gusta» o de «retuit» basta para sentirse no solo activista sino un verdadero pacifista. O lo que es quizá peor, existe también en este nuevo pacifismo masivo el riesgo de promover el que podríamos denominar como activismo neoliberal, motivado por suntuosas campañas internacionales que limitan su trabajo de incidencia política y social al lobby a gobernantes. Estas campañas, si bien persiguen legítimos objetivos, a menudo generan activistas desconectados de las movilizaciones sociales y de la organización colectiva, con el riesgo de perderlos por el camino o de que sean fácilmente asimilados por el sistema que teóricamente pretendían cambiar. En todo caso esta diversidad de maneras de ser y hacer puede ser una de las virtudes del movimiento pacifista, que le permite estar trabajando en varios espacios con diferentes estrategias y siendo capaz de sumar en ciertas ocasiones a mayorías a la causa pacifista. La incorporación de otros sectores al pacifismo no es solo una tendencia sino una realidad, y puede ser tremendamente positivo, ahora así, si perdemos el componente antimilitarista, estaremos abonando el camino a violencias futuras, y no hay nada menos pacifista que promover la violencia.