Ha sabido estar pero no ha sabido irse

23 May 2013
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Andalucía cambia de Defensor del Pueblo. Y lo hace con ruido, provocado por el propio titular de la institución. El cura Chamizo, tan querido por todo el mundo, deja el cargo tras ocuparlo con honorabilidad y eficacia durante 17 años; se va porque lo echan, aunque también es cierto que estaba en funciones desde hace 14 meses porque su tiempo oficial de Defensor había prescrito sin que el Parlamento de Andalucía hubiera logrado reunir los tres quintos necesarios para renovarle otro mandato. Sí ha reunido, en cambio, la unanimidad para que se marche: el PP nunca lo ha querido, y no porque a la derecha no le gusten los curas, sino porque los curas que le gustan no se parecen nada a Chamizo; Izquierda Unida lo ha mirado muchas veces con recelo, y no porque a Izquierda Unida no le gusten los rojos, sino porque los rojos que le gustan no se parecen demasiado a Chamizo; y el PSOE…, bueno, el PSOE siempre fue su primer valedor, pero lo fue en tiempos de Manuel Chaves, no en tiempos de Griñán, o no al menos con la misma calidez y el mismo énfasis que entonces.

Todo conspiraba para que Chamizo concluyera su brillante etapa de Defensor del Pueblo. Conspiraba el largo tiempo que llevaba ocupando el cargo; conspiraba la aritmética parlamentaria; conspiraba el cansancio institucional; conspiraba su independencia públicamente insobornable; conspiraban sus agrios pero merecidos reproches a los políticos; conspiraba la conveniencia de la izquierda gobernante de alcanzar algún acuerdo con la derecha en la oposición; y conspiraba la necesidad de la derecha en la oposición de demostrar que es lo bastante flexible y civilizada para pactar con toda naturalidad con el rojerío que gobierna en Andalucía.

El sustituto de Chamizo será, además, Jesús Maeztu, hasta ahora Comisionado para el Polígono Sur: gran elección por lo que toca a Andalucía, dado que Maeztu es prácticamente un Chamizo con otro nombre, y gran lección por lo que toca a España, donde el PP colocó de defensora a Soledad Becerril, militante, dirigente, diputada, senadora y alcaldesa del partido.

La única estridencia en el recambio de Chamizo han sido las feas palabras del propio defensor, quien, en unas declaraciones a la cadena SER Andalucía, ha atribuido su defenestración a “la chica que está en Presidencia”, en alusión a la número dos del Gobierno Susana Díaz, y “a algún psicópata del PP”, en alusión no se sabe exactamente a quién. Chamizo, que tan bien ha sabido estar en el cargo, no ha sabido irse de él. El cura gaditano, que tanto y con tan buenas razones ha criticado a los políticos, se ha comportado en su despedida como uno de ellos, y no precisamente como uno de los mejores. De hecho, ya se equivocó Chamizo cuando, al expirar el plazo oficial de su cargo 14 meses atrás, mandó a todo el mundo el impúdico mensaje de que no quería marcharse. La política lo puso legítimamente y la política lo quita legítimamente. Tal vez no sea bueno para la institución que Chamizo se haya marchado, pero con toda seguridad es bueno para él, aunque él mismo todavía no lo sepa. 17 años de ejercer la política casi habían hecho de él el político que nunca quiso ser. Unos pocos años más y lo habrían conseguido.


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