Invención y contagio democrático

20 Feb 2017
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Alvaro Oleart (@AlvaroOleart) y Juan Domingo Sánchez Estop

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En los últimos doce meses hemos visto una nueva serie de movilizaciones populares en distintos países, que en cierto modo prolongan o emulan los movimientos de las plazas de 2011 en España. Durante la primavera de 2016, en Francia apareció la ‘Nuit Debout’, un movimiento originado en protesta a la reforma laboral propuesta por la ministra de trabajo, Myriam El Khomri, del gobierno socialista de François Hollande. Contemporáneamente, Bernie Sanders organizó un verdadero partido-movimiento en su batalla contra Hillary Clinton por la nominación a candidato de la presidencia de los Estados Unidos por el Partido Demócrata. A pesar de la victoria del ‘establishment’ demócrata (personificada en Clinton) y la posterior derrota de los Demócratas en las tres elecciones simultáneas que tuvieron lugar en noviembre 2016 (presidencia, congreso y senado, las tres vencidas por los Republicanos liderados por Donald Trump), la movilización en Estados Unidos ha sido más fuerte que nunca (tal movilización podría compararse al 15-M español, nacido de un gobierno ‘progresista’ y que en primera instancia tuvo como consecuencia un gobierno profundamente reaccionario). La Marcha por las Mujeres, las manifestaciones en favor de los inmigrantes refugiados y las protestas regulares que estamos presenciando son un claro síntoma de ello. La elección de Donald Trump ha echado más leña a un fuego que ya estaba ahí. Al mismo tiempo, durante el verano de 2016, Jeremy Corbyn revalidó su condición de líder del Partido Laborista británico, el partido político europeo en la actualidad con más miembros. La elección de Corbyn como líder laborista tuvo lugar después de un golpe interno fallido por parte del ‘establishment’ laborista. La movilización popular animada por Corbyn, la gente, mantuvo al ‘outsider’ en su lugar. Las movilizaciones de las mujeres en Polonia contra una ley del aborto promovida por la mayoría gubernamental ultracatólica y nacionalista lograron frenar el proyecto. Por último, en los últimos días hemos visto una serie de movilizaciones importantes en Rumanía, donde el gobierno pretendía hacer aprobar una iniciativa para suavizar las penas por corrupción de los políticos. Incluso después de retirar tal iniciativa, las movilizaciones se han mantenido. Además, durante todo este período, una iniciativa como el TTIP y el CETA (que desgraciadamente fue aprobado ayer por el Parlamento Europeo) ha despertado una movilización trans-Europea nunca vista antes sobre un tema europeo.

¿Qué está pasando? ¿Hay alguna conexión entre los diferentes fenómenos? Nuestro punto de vista es que sí. Se trata de un ciclo de movilización que se ha abierto y que puede llevar a cabo una serie de cambios en el ‘status quo’ importantes. Asumiendo que existe una relación entre los diversos fenómenos, vamos a intentar analizar qué está sucediendo y por qué.

De entrada, cabe destacar la quiebra material de la clase media tanto en Europa como en Estados Unidos, una clase incapaz de reproducirse a sí misma, debido al colapso de sus bases materiales tanto en la economía como en el Estado. La doctrina económica del ‘trickle-down’, el Neoliberalismo, no ha hecho otra cosa que aumentar la diferencia entre ricos y pobres en países europeos y Estados Unidos, y los estados ya no están en condiciones de cooptar en sus aparatos burocráticos a amplias capas de lo que hasta ahora fueron clases medias.

Contemporáneamente, han aparecido una serie de ideas en la esfera pública que se han difundido de forma nunca antes vista, en parte gracias a las nuevas tecnologías. Ideas como la ‘democracia’, la ‘igualdad’ o la ‘justicia’ siempre han existido, pero raramente han tenido implicaciones políticas. Han sido, en palabras del socialista del siglo XIX Auguste Blanqui, “ideas de goma”, ideas elásticas carentes de contenido concreto y de proyección práctica, lo que hacía que “todo el mundo podía llamarse demócrata, sobre todo los aristócratas.” Sin embargo, a través de la acción colectiva, de la acción cognitiva por parte de individuos conectando con otros individuos, tales ideas hasta ahora vacías, tienen el potencial de conectar con la situación material de una parte importante de la población europea y estadounidense (la situación en países del Sur global es diferente, de ahí que no hayan sido incluidos). Tales ideas (como la del ‘Podemos’ inicial) pueden ser entendidas como partículas subatómicas, como fotones, que tienen una doble naturaleza, siendo al mismo tiempo partículas y ondas. Los fotones son partículas imperceptibles que terminan percibiéndose cuando se convierten en ondas, cuando se mueven. De la misma forma, una idea como la democracia, defendida en público de forma colectiva, puede difundirse más allá de estados y fronteras, circulando por canales muy diversos Una innovación consistente a menudo en la resignificación de un término de la ideología política común, termina produciendo lo que el sociólogo Gabriel Tarde denominara “fenómenos de contagio.”.

Las movilizaciones de las que estamos siendo testigos tienen una base material y otra ideacional. Cuando ciertas ideas coinciden con una coyuntura material, la acción colectiva se hace no sólo probable, sino que es percibida como necesaria por parte de grupos sociales que perciben en sus propias vidas la falta de democracia y justicia que afecta a amplias capas de la población en sus países y en el resto del mundo. La invención de ideas y acciones sociales, y su difusión son elementos fundamentales del cambio social. Tales ideas y acciones quizá ya existían en la sociedad hace diez años, pero no estaban tan difundidas como lo están ahora. Permanecían “latentes”, al no haberse producido la quiebra del modelo de control social constituido por el “efecto clase media”, ese dispositivo a la vez ideológico, político y económico, que ha permitido al capitalismo estabilizarse relativamente en los países del centro desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la segunda década del siglo XXI. Otro motivo de esta latencia era la inexistencia hasta hace una veintena de años de redes mundiales de comunicación interactiva como Internet.

Con un cambio en el contexto político como el que estamos viendo (Brexit, Trump, Le Pen al acecho de la presidencia en Francia), la difusión de la movilización popular con una dimensión internacional es fundamental. La globalización Neoliberal ha abierto una ventana de oportunidad para que un movimiento social la combata en favor de una liberación de los comunes globalizados. El capital se globalizó hace 30 años. Es el momento de organizar de forma deliberada una oposición globalizada al Neoliberalismo. Esta oposición, contrariamente al prejuicio soberanista hoy arraigado en las izquierdas, implica no una utópica recuperación de la soberanía nacional, y una revalorización del Estado, sino la creación de comunes no estatales y la neutralización de unos Estados cuya función principal consiste en la cobranza de la deuda y la entrega de los comunes a propietarios privados. El ciclo de movilización popular en los países del Norte sugiere que existen las bases materiales e ideacionales para que ello tenga lugar. No faltan tampoco los modelos. Como explicó Christian Laval en el reciente encuentro de Roma sobre el comunismo, no se trata hoy de encerrarse en las dos prisiones complementarias que son la forma partido y el Estado nación. Es necesaria una organización independiente del Estado nación con la flexibilidad que tuvo la Primera Internacional para acoger no solo a asociaciones, partidos y sindicatos, sino también a individuos. Hoy día, la mediación -supuestamente necesaria para la izquierda- del partido y del Estado es un obstáculo a la constitución de un movimiento político global en red capaz de expresar las iniciativas de una globalización desde abajo basada en las singularidades y en la producción cooperativa de lo común.


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