Jorge Fernández Díaz, un pato con rosario

08 Nov 2012
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Cuando uno piensa en Jorge Fernández Díaz no puede evitar que vengan a la mente personajes caricaturescos como Martínez el Facha (vean el vídeo, impagable, y lo entenderán). Es inevitable, como digo, porque el que fuera llamado El Pato por sus adversarios políticos, para buena parte de la ciudadanía ha devenido más en patoso que otra cosa, con una actitud ante la vida innegablemente contradictoria, por usar un calificativo políticamente correcto en lugar de hipócrita y falaz.

El Pato cumple con toda la lista de tópicos: hijo de militar franquista, segundo de diez hermanos, nacido en Valladolid (aunque muchos le creen catalán), y numerario del Opus Dei que no pasa un solo día sin que sueñe con ser embajador en el Vaticano, ese Estado que aunque sólo cuenta con 800 habitantes, la mayor parte de ellos dedicados al sacerdocio, permite las relaciones sexuales consentidas con menores a patir de los 12 años.

El Pato, aunque tuviera orígenes en, cómo no, la UCD,  fue un hombre fuerte de Alianza Popular y el Partido Popular en Cataluña. Allí, junto a su hermano Alberto, fundó el Clan de los Hermanos, amasando un poder sin igual en la esfera político-empresarial catalana… hasta la llegada de Aznar, cuando a principios de los 90 le sacó del PP catalán. ¿El motivo? Un error de cálculo: era la época de Hernández Mancha -hablando de caricaturas- y tanto Fernández Díaz como Rajoy (del que es íntimo) apostaron por él en lugar de por Herrero de Miñón, que contaba con Aznar en sus filas. Cuando el cómplice de la guerra ilegítima de Iraq llegó al poder, la venganza se sirvió fría (y Vidal-Quadras fue el camarero), largando al Pato de Cataluña. Con todo, años después, el Clan de los Hermanos tendría tiempo para asestar certera puñalada trapera a la díscola Nebrera, según confesó ella misma al ver retirado su apoyo en favor de Sánchez-Camacho.

Fernández Díaz es lo más parecido a un cura castrense en el poder. Dicen de él que reza el rosario en el puente aéreo y me lo creo. Es lo menos que puede hacer un tipo capaz de decir que “España será cristiana o no será” o que “Dios es el gran legislador del Universo”. De él fue la idea de promover una placa en el edificio de las Cortes de la madre Maravillas, porque decía que había que “hacer normal en el Congreso lo que es normal a nivel de la calle”. Ojalá pensara ahora lo mismo, en lugar de moler a palos esa normalidad de la calle y, toma sentimiento cristiano, calificar de “espléndidas” las actuaciones abusivas policiales.

El Pato tiene un fuerte sentimiento por la familia, como buen opusino, aunque mantiene la separación de bienes, por lo que pueda pasar, que el dinero es el dinero, como sus dos pisos en Madrid y Barcelona o sus dos plazas de garaje. Imagino que este sentimiento de familia se vio reforzado en plena Transición, cuando siendo hombre fuerte de Trabajo (fue inspector, por lo que sigue cobrando trienios) vió como su familia más próxima conseguía ‘milagrosamente’ puestos en el Instituto Nacional de Empleo. Fue el caso de sus hermanos María Isabel, Francisco Javier y Carmen, su cuñada Josefina Cabrera y, el caso más providencial, supongo que tocado por la mano de ese “Dios legislador”, de su mujer Asunción Carcoba, que consiguió una plaza un mes antes de que se realizaran las pruebas de acceso. ¡Milagro, milagro!

Ahora, El Pato se debe a su fe cristiana hasta el punto de ir contra sentencias del Tribunal Constitucional, escribir en el Alfa y Omega sobre santos y, en cuanto puede, embarcarse para ver al Santo Padre, ex miembro de las Juventudes Hitlerianas.  Imagino que  ese fervor (el de Fernández Díaz, me refiero) será objeto de charlas durante esas cenas que organiza entre políticos y Rouco Varela. Ya se le han olvidado actuaciones como las llevadas a cabo en las municipales catalanas de 2007, cuando acusaba al Tripartito de “confundir Barcelona con Las Vegas y los parquímetros con máquinas tragaperras”, en una “política de todo por la pasta”. Qué vueltas da la vida.

Y viéndole este fervor, le asalta a uno la duda, ¿a quién dedicara sus oraciones, al jubilado que gracias a este Gobierno no puede pagar sus medicamentos o al joven que no puede costearse todas las asignaturas de su carrera universitaria? ¿Se fustigará Fernández Díaz atormentado por sus pecados?


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