Un CIE no es una cárcel… es mucho peor

El motín en el CIE de Aluche no debería sorprender. De hecho, ha tardado en llegar. El de Madrid, junto con el de Zapadores en Valencia, es uno de los que más denuncias acumula por torturas y maltrato. ¿Acaso no recuerdan la muerte en 2011 de una migrante congoleña por meningitis? Hacinamiento, instalaciones inapropiadas… Bajo la sombra de la sospecha, los ocho CIE que existen en España. La mismísima ONU denunció hace tres años al centro de Aluche por maltrato, mientras el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, saca pecho cuando habla de estas cárceles encubiertas.

¿Qué se puede hacer del padre de las devoluciones en caliente, que violan el Derecho Internacional más esencial? No se puede esperar nada bueno, como ha demostrado este verano cuando ha impuesto no sólo la reapertura, sino la intensificación del CIE de la Zona Franca de Barcelona, a pesar de que la alcaldesa, Ada Colau, había ordenado su cierre. Lamentable.

Es muy triste para un Estado que presume de democracia que encarcelen a una persona aunque no haya cometido ningún delito. Y eso es lo que sucede en los CIE, donde privan de libertad a un ser humano por esta indocumentado, a un ser humano que huyó de la pobreza de su país o, incluso de una guerra. Y al llegar a España lo que encuentra es una cárcel, es maltrato… son redadas policiales por el color de la piel, que únicamente buscan cumplir con la cuota de inmigrantes detenidos, aunque esté expresamente prohibido.

Y después de todo, casi con toda seguridad, el final de su paso tortuoso por nuestro país pasará por ser mandado de vuelta en un vuelo de deportación masiva, sedado si se resiste, con destino a un país que, posiblemente, ni siquiera sea el suyo, sino uno con los que España ha conveniado la recepción de este ‘transporte de ganado’, que es como lo ven quienes han inventado esta fórmula.

Así que no caigan en el error, que nadie culpe a los treinta amotinados del CIE de Aluche, porque esa revuelta es un grito desesperado de auxilio, un SOS del que no debemos desentendernos porque lo que gritan es “¡Libertad!”. Por tener, estos centros de internamiento ni siquiera tienen reglamento, por más que se lo han pedido a Fernández Díaz. Y cuando lo tengan, seguramente estará más dirigido a privatizar su gestión a los amiguetes de alguien de Interior.

CIEs no. Basta de estos centros que son aún peores que una cárcel, sin zonas recreativas, sin régimen de visitas, con demasiados ángulos muertos de viodevigilancia que abren la puerta a la tortura, con comida escasa y de mala calidad, sin partes de lesiones médicas… y lo que aún es peor, con la negativa expresa por parte de Interior de permitir el acceso a los medios para documentar de primera mano esta situación. Un auténtita aberración que sí tuvieron ocasión de comprobar miembros del Consejo de Europa el año pasado… y eso que estaría todo preparado para su visita planificada.

No culpen a los amotinados de Aluche. Únanse a ellos.