Aznar en ARCO

ARCO lleva años de capa caída, entre otras cosas porque hace ya tiempo que es difícil distinguir el arte de la realidad. Las señoras de la limpieza viven aterradas ante el temor de tirar a la basura un pegote de chicle y descubrir luego que se trata de una escultura conceptual. Los críticos andan con pies de plomo ante el peligro de analizar una escultura conceptual y enterarse demasiado tarde de que se trataba de un pegote de chicle. Hace un par de años el cubano Wilfredo Prieto presentó una pieza llamada “Vaso de agua medio lleno” que, en una audaz tautología, consistía en un vaso de agua medio lleno. Mucha gente preguntó por la obra y, al enterarse de que costaba 20.000 euros, decidieron fabricarse una en su propia casa, aunque Prieto advirtió que no sería la original, sino una vulgar copia.

En la Bienal de Estambul, Wilfredo Prieto vendió por el mismo precio otra pieza llamada “Políticamente incorrecto”, que constaba de un trozo de sandía cortado en forma cuadrada. Esta vez, autorizado por el escultor, el comprador tuvo que comprar la sandía y cortar él mismo un trozo, una experiencia que le habría salido mucho más barata en un puesto callejero, aunque no tan artística, eso seguro. El concepto -y el título- le hubieran calzado mucho mejor al ex presidente Aznar, quien en una entrevista en la revista Expansión se ha revelado como una perfecta obra de arte conceptual. Hay críticos que opinan que no, que este último Aznar no es más que una imitación, un happening en horas bajas, pero se equivocan.

La primera pregunta que se hacen los críticos ante un Josemari recién expuesto es si será una copia o una falsificación, algo que en principio no parece fácil de delucidar. El Josemari del 11-M, el de los zapatos encima de la mesa y el que hablaba con un pegote de chicle en la boca en una conferencia en Texas son ejemplares que alcanzaron precios estratosféricos en las subastas de arte contemporáneo. Algunos especialistas aseguran que existe una prueba infalible para distinguir un Josemari auténtico de uno falso: cuantas más falsedades dice, más auténtico es. El Josemari de las armas de destrucción masiva batió records en la gran subasta de Las Azores, muy por encima de los muñecos hinchables de Bush y de Blair.

En su reciente entrevista, Aznar revela que hay un Josemari falsamente auténtico oculto detrás de cada Josemari auténticamente falso. Esta brillante paradoja se observa claramente en su análisis del “Vaso de agua medio lleno”, que Josemari ve vacío del todo a la hora de examinar las futuras pensiones y de proponer la edad de jubilación a los 70 años. En cambio, el problema nacionalista se resuelve mediante la hipótesis de que España es una sandía completa a la cual los independentistas catalanes se han empeñado en cortar un trozo. Los recortes, además, nunca tuvieron lugar porque el ajuste se hizo mediante los impuestos, del mismo modo que el terrorismo etarra fue el verdadero autor de los atentados del 11-M y de que Sadam Hussein escondía armas de destrucción masiva debajo de su barba. Hablando de barbas, mientras lo decía, los recortes se le transparentaban claramente a través del bigote.