La anorexia bien vista

Hay una película de los hermanos Farrelly (Amor ciego, creo que se llama) donde un tío bastante superficial es hipnotizado para que vea a las mujeres por fuera como si las estuviera viendo por dentro, con su bondad, sus buenos sentimientos y eso que se ha venido en llamar muy platónicamente belleza interior. Con lo cual un día se planta delante de una chica muy gorda y él la ve con un cuerpo de gacela y la elegancia dorada de Gwyneth Paltrow, lo que da lugar a un montón de gags de humor grueso y chistes de baja estofa.

Para mí, el mayor fraude de la película consiste en que, en vez de utilizar a dos actrices -una obesa, otra delgada-, para interpretar a la mujer real y a la soñada, Gwyneth Paltrow tuvo que cargar literalmente durante buena parte del metraje con un maquillaje grotesco y un traje neumático hecho de lorzas y michelines que pesaba más de diez kilos. Era obvio que el mensaje de buena voluntad lanzado por los Farrelly (la belleza exterior no cuenta) quedaba desacreditado en el mismo momento en que elegían a una estrella con hechuras de supermodelo en lugar de a una actriz con sobrepeso. El mismo tipo de estafa que hacía saltar por los aires la comedia argentina Corazón de león, en que una mujer despampanante (Julieta Díaz) se enamora por teléfono de un tipo que luego resulta ser un enano. Y en lugar de escoger a un actor con acondroplasia, el director decidió encoger a base de efectos especiales a Guillermo Francella, que mide más de un metro setenta.

¿Cuántas actrices gordas han triunfado en la historia del cine? Aparte de Shelley Winters, que empezó con una figura de infarto y con los años fue ganando kilos y Oscars, no se me ocurren muchos ejemplos. En la actualidad, de Keira Knigthley a Lindsay Lohan, son legión las actrices que tienen que pasar dos veces ante los focos para hacer sombra. Y desde el mundo de la moda prosigue la demencial campaña de establecer el esqueleto femenino como canon de belleza: conatos de percha, una pasarela Treblinka en donde hermosuras míticas como Ava Gardner, Sofia Loren o Marilyn Monroe no darían la talla para ejercer de modelos. Hace unos meses, el festival de Cannes tuvo el cuajo de escurrir mediante photoshop las piernas esculturales de Claudia Cardinale para que se ajustaran al prototipo de gorrión que se lleva hoy día.

El viernes la periodista Laura Lobo denunciaba una publicación que piropeaba la imagen de Blanca Cuesta porque con 42 años parecía una prisionera famélica en un campo de exterminio. “Se nota que le encanta cuidarse ya que no le sobra un gramo” decía el miope de turno, cuando de lo que daban ganas, al contemplar las costillas de la pobre mujer, era de comprarle un bocadillo de panceta. Con campañas de este estilo, es normal que la anorexia sea la tercera enfermedad crónica entre las adolescentes occidentales. La película de los Farrelly sería mucho más realista si mostrara exactamente el mecanismo al revés: un idiota que mira a Gwyneth Paltrow y la ve gorda.