La tomadura de pelo de Joschka Fischer

El mapa del mundo

Como tantos dirigentes políticos jubilados, Joschka Fischer, el ex líder de los verdes alemanes, ex vicecanciller y ministro de Exteriores del Gobierno de Gerhard Schröder, aprovecha su fama para hacer caja como comentarista, docente y asesor de grandes empresas, como por ejemplo BMW. En principio, está en su derecho de intentar sacar unos eurillos para complementar la pensión estatal como ex ministro para garantizarse una jubilación dorada.  Pero no a cualquier precio.

En su último artículo que difundió a través de un sindicato a la prensa mundial, Fischer advierte del riesgo que supone la dependencia europea del gas ruso dado el carácter autoritario del régimen de Putin y su marioneta Medvédev. En el artículo que publicó el martes 3 de agosto el diario El País, el líder verde destaca el papel del gasoducto Nabucco, que traza una ruta alternativa por el sur de Europa, un proyecto que “reduciría drásticamente la dependencia de los países proveedores de la zona del Caspio de los gasoductos de Rusia y la dependencia de los nuevos miembros surorientales de la UE del suministro del gas ruso”. Una empresa que ahora parece correr peligro, según explica Fischer: “Así, pues, no es de extrañar que el Kremlin esté intentando hundir el proyecto Nabucco”.

El análisis del ilustre columnista no es equivocado –la Rusia de Putin desde luego es un factor de inestabilidad para el suministro de energía-, pero falta un detalle importante. En julio de 2009 Fischer firmó un contrato bastante bien remunerado como asesor político de Nabucco. En la columna de El País se omite este detalle, ya que se identifica a Fischer solamente como: “ministro de asuntos Exteriores y vicecanciller de Alemania de 1998 a 2005, fue dirigente del Partido Verde alemán durante casi 20 años”. 

Ignoro por qué se ha omitido su relación con la empresa en cuestión, algo que sí figura en la versión de la columna en inglés que añade que “entre otros clientes, ha aconsejado al proyecto Nabucco desde julio de 2009”.

¿Es admisible que un ex dirigente político –y aclaro que he votado a los verdes en varias ocasiones- se aproveche de la tribuna pública que le otorga su fama para difundir los intereses de las empresas que le pagan? Los medios debemos cuidarnos para que no nos convirtamos en una plataforma para la propaganda empresarial aunque venga disfrazada de análisis de una gran firma.

Thilo Schäfer