La maldición de los socialistas

Pese a todo lo que nos habían dicho, los alemanes no son muy diferentes a los españoles. Es verdad que, por lo general, son extremadamente puntuales, no hablan a gritos, reciclan como posesos y lavan los envases del yogur antes de llevarlos al contenedor amarillo, no te birlan el móvil si te lo dejas en la cafetería y siempre se quitan los zapatos al entrar en casa. Pero ha bastado que el líder del SPD proclamara una suerte de nein es nein a lo Pedro Sánchez sobre la posibilidad de reeditar la gran coalición con Merkel para que los barones del partido y la prensa alemana le hayan torcido el brazo a la manera hispana o estén a punto de hacerlo.

Tras las elecciones y los desastrosos resultados obtenidos por los socialdemócratas, su candidato Martin Schulz anunció que el SPD pasaría a la oposición para regenerarse, recuperar un perfil propio, impedir que la ultraderecha llevara la voz cantante de la oposición y, en resumidas cuentas, evitar ser consumido como un hueso de espinazo en otro potaje con la CDU. Merkel se dispuso entonces a negociar una coalición con verdes y liberales, la famosa coalición Jamaica, de la que se desistía hace unos días con mucho pesar y ruido. Jodido el Perú o en este caso Baden Baden, todas las miradas se han vuelto hacia Schulz para que arrime el hombro y se trague sus palabras y ya de paso una enorme rueda de molino de las de comunión.

La grosse koalition sólo es una de las tres alternativas posibles. Otra es facilitar la investidura de la canciller para que aplique la geometría variable de un gobierno en minoría y la tercera repetir las elecciones. A la segunda se ha opuesto la gran institutriz con el argumento de que la inestabilidad no rima en consonante con Alemania, y a la última muchos de los barones y cargos socialdemócratas, convencidos por las encuestas de que su apoyo electoral retrocedería si se repitieran los comicios y algunos perderían los unterhosen (calzoncillos) y hasta el escaño.

Como en la traducción al alemán de un cuento ya conocido, a Schulz se le reprocha su negativa tajante a negociar con la jefa de Gobierno y se le ha advertido de que, muy posiblemente, no sería el candidato del SPD si las elecciones llegaran a repetirse. Así que tras reunirse con el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, el Sánchez germano se fue a ver a su ‘comité federal’ donde le pusieron las pilas bajo la espada de Damocles del congreso del partido, que tiene previsto celebrarse del 7 al 9 de diciembre con Schulz como único candidato. Las últimas noticias apuntaban a que Schulz empezaba a perder el pulso y que mantendría un encuentro “informal” con Merkel la próxima semana.

Las coaliciones con la derecha han dejado muy tocada a la socialdemocracia alemana pese a la puesta en marcha de algunas medidas que no ha sabido capitalizar, como el nuevo salario mínimo, la implantación de una cuota de mujeres en los órganos de dirección de las empresas, el impuesto a las transacciones financieras o la reducción de la edad de jubilación. Todas ellas han sido fagocitadas por la canciller ‘atrapalotodo’, que ha conseguido que, empujados a un mismo terreno por la presión de la ultraderecha de AfD y de la izquierda de Die Linke, gran parte de los alemanes ya no distingan entre conservadores y socialdemócratas, a los que se contempla como cómplices necesarios de la austeridad y el déficit cero. ¿Les suena la música española?

Como antes ocurriera por estos pagos, el SPD parece estar condenado a soportar la pesada carga de sus errores y, al mismo tiempo, servir de muleta por “responsabilidad de Estado” a su adversario político. Merkel, que ha empezado a hacer un Rajoy, se ha sentado a esperar. La maldición de los socialistas que se había instalado aquí también vive por allí arriba, según se mira a Brandenburgo, a la derecha.