El desconcierto

Por Fernando López Agudín

A Sánchez rogando, con Maza dando

26 Sep 2017
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Tras su reciente derrota parlamentaria sobre la cuestión catalana, la mayoría de los grupos parlamentarios votó contra el PP, no le cabe a Rajoy otra opción para mantenerse en la Moncloa: a Sánchez rogando y con Maza dando. Que el PSOE no se sume a la oposición demócrata y que la Fiscalía General del Estado, a cargo del reprobado fiscal nombrado por el presidente de Gobierno, voltee una y otra vez la maza represiva como única respuesta política al conflicto catalán. De momento, lo consigue. Los socialistas siguen con el sí es sí a Rajoy, la Fiscalía se plantea la detención del presidente de la Generalitat como mucho más que una hipótesis política. El problema de Rajoy es saber cuánto tiempo más sus desesperados ruegos a Sánchez seguirán siendo atendidos, si los mazazos represivos alcanzan un punto sin retorno democrático.

Menuda papeleta la de los hermanos Pérez Cobos. Uno al frente del Tribunal Constitucional, otro al frente del dispositivo policial desplegado en Barcelona. Más fácil el trabajo del primero, dar cobertura política a Rajoy; muchísima más complicada la labor del segundo, responder policialmente a una movilización social pacífica nada tumultuosa, más allá de incidentes aislados. Mientras Rajoy huye de la política, una cobardía irresponsable, obliga a todas las instituciones y Fuerzas de Seguridad del Estado a resolver un problema histórico, el conflicto catalán, que durante una docena de años la Moncloa ha agravado por su torpeza e incompetencia política. Se envolvió en la rojigualda para echar a Zapatero y vuelve hoy a envolverse para que no venga Sánchez, en espera de que el líder socialista cometa el mismo error que el anterior, cuando subordinó el gasto social al pago de la deuda de Merkel.

La derecha lo tiene claro. La reforma del 135 de la Constitución– perpetrada con premeditación, alevosía y nocturnidad– sobre la mayoría de la sociedad española, hundió al PSOE;  la aplicación encubierta del 155 de la Constitución sobre la sociedad catalana volverá a hundirlo, si las oraciones de Rajoy a Sánchez siguen siendo escuchadas por Ferraz. Idéntica retórica, la defensa del Estado, la misma demagogia, España en peligro, como zanahoria para el socialismo. No hay más que ver como todas las plumas de la caverna, que contribuyeron a defenestrar a Sánchez hace un año, le adulan ahora para comprobar que nada les preocupa más que el PSOE sea oposición hoy y encabece mañana una alternativa a los que no tienen más política que la de enfrentar a los pueblos que componen la España democrática.

Esa España del pasado, la de la dialéctica de los puños y las pistolas, ya ha reaparecido en las calles de Zaragoza con todo su programa histórico: traición, ejecución. Ya ha vuelto también a la portada del diario gubernamental, cuando habla de la vinculación de la maquinaria rusa con el referéndum catalán, como si el padre del consejero delegado del periódico, antiguo director del diario fascista Arriba, estuviera hoy al frente de El País. Estamos a minuto y medio del oro de Moscú y de la mano de Praga dirigiendo una peligrosa conspiración judeocatalana. No tardaremos en oír hablar de esa especie, judíos catalanes, que tanto seducía a los falangistas de camisa azul, tanto como seduce ahora a los de camisa blanca y corbata. Cataluña es la gran coartada neofranquista para intentar recortar, limitar y anular la democracia en España.

Esa es la gran contradicción antagónica de Rajoy. ¿Cómo combinar el “a Sánchez rogando con la Maza dando”? Porque después del 1 de octubre, o las mazas terminan con las oraciones o las rogativas rompen la maza de la Moncloa. No cabe sentarse en dos sillas tan diametralmente opuestas. La del ruego y la de la represión. Hasta octubre funciona mal, pero funciona; después de esa fecha, pedirle al PSOE que avale la represión sobre Cataluña probablemente será mucho pedir. Se equivoca Rufíán cuando califica de política pagafantas el llamamiento de la declaración de Zaragoza para que Pedro Sánchez se sitúe junto a las fuerzas democráticas, dado que la derecha no va a poder reprimir a los catalanes como le pide el cuerpo si quiere el aval del PSOE. Cada maza será todo un bumerán contra Rajoy.

Pretender liquidar el problema catalán, que es un problema democrático, sólo con jueces, policías, guardias civiles e intelectuales ad hoc es hoy, como lo fue en las anteriores experiencias republicanas, completamente imposible sin suprimir al mismo tiempo la democracia española. Tardará o no Sánchez en entenderlo, pero acabará entendiéndolo como lo entendieron Largo Caballero e Indalecio Prieto en la II República, pese a la hostilidad mutua que se profesaban. Siempre puede haber un Besteiro, ahora lo hay con faldas, que apuñale a los demócratas; pero los ruegos a Pedro Sánchez para que bendiga la amenaza de la maza de Rajoy no serán atendidos, probablemente, en cuanto empiecen a caer cabezas rodando. Será entonces una cuestión de supervivencia personal y colectiva para Sánchez y el PSOE.


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