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“No somos violencia, somos la verdad que duele”

21 jun 2011
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Fotografías: Leónidas Martín Saura, Oriana Eliçabe, Samuel Esteban, Cristina López, Tjasa Kancler (Barcelona, 19J)

¿Qué piensan hacer ahora para pararnos? (apuntes de acampadasol, 9)

20 jun 2011
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19J: centenares de miles de personas toman las calles de toda España.

20J: Sr. Puig, señores políticos, policías, infiltrados, tertulianos, editorialistas de la “línea roja”, ¿qué piensan hacer ahora para pararnos?

 

El 15-M no es de izquierdas ni de derechas. El movimiento ha repetido eso sobre sí mismo una y otra vez. A la prensa parece que también le ha llegado el mensaje: tras los incidentes frente al Parlament, prensa de izquierdas y de derechas atacan al alimón al 15-M. Es algo muy distinto a lo que pasó cuando el “no a la guerra” o incluso cuando el 13-M de 2004.

 

Un tuit: “para conocer la propaganda del poder: la prensa. Para conocer lo que pasa: las redes sociales”.

 

Un amigo me pregunta si ese tuit insinúa que la campaña de simplificación/criminalización ha sido tan compacta y transversal porque estaba orquestada como una conspiración. Pienso que no, que hay explicaciones mucho más interesantes y satisfactorias. Guillem Martínez ha propuesto un término para describir la cultura dominante en España durante los últimos treinta años: Cultura de la Transición (CT). La CT defiende que la democracia española actual, tal y como es, es el único sistema posible de convivencia y organización de lo común. Más allá, sólo hay barbarie. La CT es sobre todo un marco a través del cual se ve la realidad: lo posible, lo justo, el ruido, el sinsentido, etc. Ese marco incuestionado que estructura la mirada de la mayoría de los medios de comunicación es el que salta como un resorte ante un cuestionamiento profundo de la democracia actual como el que propone el 15-M. “Lo llaman democracia y no lo es”: es la mayor ruptura que nunca hemos visto nunca en la CT, lo que algunos llaman un cambio de época.

 

La CT se ha asegurado durante décadas el control de la realidad mediante el monopolio de la palabra. Un sistema de información centralizado y unidireccional en el que solo las voces mediáticas tenían acceso, mientras que el público jugaba el papel de audiencia pasiva y existían temas intocables. Pero eso se acabó. A una de las campañas de criminalización más agresivas que yo recuerde, se le ha respondido en tiempo real haciendo circular por las redes sociales otras imágenes, otros testimonios, otras interpretaciones y otras versiones de lo sucedido que la cortocircuitaban. Autonomía del relato y del sentido, otra construcción de la actualidad, otro pueblo.

 

Una conversación en Facebook: “la gracia y la desgracia es que las redes sociales que nos permiten cuestionar la imposición mediática de sentido no son para nada circuitos autónomos o un contrapoder, es decir, no es indymedia o N-1 lo que tenemos más a mano para hacer circular otros relatos e imágenes, sino facebook, twitter y youtube, los negocios más capitalistas de mundo, pero que no son sólo eso. En esas paradojas nos la vemos hoy, la pelea está dentro y no sólo afuera”.

 

La respuesta a la famosa detención de la “cúpula” de Anonymous ya fue magnífica. La policía puso en escena las detenciones con toda la palabrería y la imaginería de las operaciones anti-terroristas: “desarticulada la cúpula… material incautado…”. Se trataba de inyectar miedo en el cuerpo social, presentando a Anonymous como la nueva ETA o la nueva Alqaeda. Pero el cuerpo social expulsó el miedo mediante la burla y el humor: las redes sociales juguetearon con las palabras y las imágenes del miedo, hundiendo toda la escenificación en el mayor de los ridículos. A través de las redes se expresa un nuevo poder social.

 

El 15-M es uno de los movimientos más inteligentes que yo he conocido, se las sabe todas con respecto a las estrategias de criminalización y al papel que juegan en ellas los estereotipos: “no son gente normal, son violentos, perroflautas, antisistema, en definitiva, lobos con piel de cordero”. El peligro viene del cualquiera. Nuestra fuerza viene de ser cualquiera, un espacio de cualquiera.

 

Algunas pancartas del 19J (columna Debod-Neptuno en Madrid): “Congreso de los imputados”, “Se buscan políticos eficaces… para la mayoría”, “Islandia, el camino”, “Por el despertar, esperanzados”, “Freedom Internet”, “Los violentos son infiltrados (y muy torpes)”, “Ni pacto ni hostias”, “Hoy comienza todo”, “Se vende: Estado del Bienestar”, “Plaza Pueblo Palabra”, “Políticos con control para relaciones con final feliz”.

 

Entre enero y marzo se produjeron en España más de 15000 desalojos forzados de vivienda. Yo me acabo de enterar. ¿Usted sabía algo, había escuchado alguna noticia sobre el tema? ¿Por qué aparecen ahora? Simplemente porque algunas personas han decidido interrumpir ese mecanismo automático que se nos presenta como una especie de fatalidad “natural”, como la granizada que cae una noche sobre el campo del agricultor. Hay quien llama a ese gesto que interrumpe la naturalidad de la injusticia un acto político.

 

Un amigo: “Creo que ni las acampadas ni las asambleas barriales son la última palabra del 15-M, que la creación política del movimiento está aún por llegar”.

 

Mensaje de un amigo en una lista del movimiento (28-5-11): “hemos hablado mucho de respeto como una de los conceptos clave de este movimiento. no sé si habéis hablado también de dignidad. solo quien tiene dignidad, es decir quien se respeta a sí mismo, es capaz de respetar y de indignarse. la dignidad tiene un sentido positivo (frente a la distancia que marca el respeto) que se comunica y crea la dignidad del otro. a mí todo esto me está ayudando a recuperar la dignidad. y hoy el movimiento ha dado una muestra impecable de lo que significa esta palabra. me siento muy digno de estar en esta ola.”

 

Una amiga: “Pensando sobre la consigna ‘Barcelona, no estás sola’ o ‘Portugal, no estás sola’. Curioso que no se use la palabra solidaridad (que remite a igualdad, pero sobre todo a pertenencia). No estás solo remite a la experiencia de la soledad y viene a señalar la caída del individualismo. Muy bonita e inteligente consigna (pensando yo conmigo misma en el tren)”.

 

Discusión con otra amiga sobre el difícil encaje del feminismo en el movimiento 15-M. Me voy a casa pensando que no he conocido ningún movimiento que haya puesto tanto énfasis en el cuidado (de los espacios, de los cuerpos, de los tiempos, de las relaciones). ¿No ha sido precisamente el cuidado una de las preocupaciones centrales del feminismo? ¿No habrá que mirar y valorar más bien ese tipo de disposiciones (aunque no se reivindiquen explícitamente del feminismo) que otros signos y señales más formales o identitarios en el fondo (el todos-todas, etc.)?

 

Estos apuntes de acampadasol ya no son de acampadasol, sino de… ¿en qué momento estamos, qué pensáis, alguna sugerencia?

 

[Me llega este último apunte, gracias!] Un folio que colgaba de una mochila en la mani de Valencia: “una mirada desde la alcantarilla / puede ser una visión del mundo / la rebelión consiste en mirar una rosa / hasta pulverizarse los ojos” (A. Pizarnik).

Apuntes de acampadasol (8)

09 jun 2011
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Una amiga en una de las asambleas eternas para decidir qué se hace con el campamento: “Sol me recuerda cada vez más a El ángel exterminador”.

 

La dificultad para decidir el levantamiento de la acampadasol da qué pensar. El sentir mayoritario ha chocado una y otra vez con una voluntad de bloqueo que ni argumenta, ni propone, ni construye, ni devuelve la generosidad que se le dirige. Pero seguramente es una equivocación buscar o señalar culpables. Los bloqueos son corrupciones de los principios mismos sobre los que se ha construido la plaza: consenso significa unanimidad, todos construyen la plaza y por tanto cualquiera puede participar en la asamblea y decidir sobre el campamento (duerma luego allí o sobre un cómodo colchón viscoelástico en casa), etc. Como dice una chica, “estamos atrapados en nuestra propia dinámica y somos esclavos de nosotros mismos”. Eso es lo que hay que pensar de cara al futuro.

 

Una pintada mítica en un centro social histórico de Madrid decía: “la mejor solidaridad con un centro social es okupar otro”. La recuerdo cada vez que escucho el rollo heroico-paternalista de que no se puede levantar el campamento de Sol porque el movimiento “lo necesita como símbolo”.

 

Respuesta de Tina Turner a los que plantean que la acampada de Sol es imprescindible y que levantarla supondría un pecado de alta traición (al resto de acampadas, a los compañeros griegos, a los detenidos, etc.).

 

Segundos de tensión en la concentración junto al Congreso, empujones, lo que uno reconoce como los previos a una carga policial. La gente que está en primera línea se queda clavada en el suelo, con las manos levantadas. Se repite con fuerza la imagen de Barcelona. Es una pequeña prueba para los días que vienen, donde se van a jugar muchas cosas en los modos de estar en la calle y elaborar el arte de las distancias con la policía.

 

La interpelación positiva a la policía es constante: “antes que policías sois ciudadanos”, “vosotros también estáis hipotecados”, “policía únete”, “policía, tienes la palabra” (y se ofrece el megáfono). Se busca lo común incluso en el costado del enemigo. ¿Ingenuidad? ¿Astucia instrumental y táctica? Este movimiento está tan seguro de estar del lado de la razón y de lo justo que piensa poder conquistar todos los corazones. Un nuevo cántico: “tenemos la razón y lo sabéis”.

 

Un amigo de veintitantos: “mi generación tiene fobia al conflicto. Está por ver si con esa fobia se puede luchar”.

 

Y sin embargo… la ocupación de la plaza es el gesto más radical que yo recuerde desde la autoconvocatoria frente a las sedes del PP la jornada de reflexión del 13-M de 2004. La paradoja es que el desafío más radical se apoya en los recursos más ligeros: la no violencia, el respeto, el lenguaje despolitizado y humanista, la apertura sin límites, la búsqueda a toda costa del consenso, etc. Politización apolítica: es la paradoja en tensión que da fuerza a este movimiento. Sin el desafío, sólo seríamos una simpática forma de vida “alternativa” más. Sin el costado empático e incluyente, sólo seríamos otro pequeño grupo “radical” separado e incapaz de morder la realidad.

 

Un chico con estilo punk en el asamblea de barrio de Carabanchel: “pues yo sí soy radical y anti-sistema, pero asumo lo que se decida en la asamblea, porque lo importante es que estamos construyendo entre todos una fuerza”. Es la diferencia entre dejarse afectar por el movimiento o querer simplemente afectarlo desde una idea previa y ya hecha de radicalidad.

 

Un amigo: “lo importante de este movimiento no son sus reivindicaciones, sino la alteración de nuestra sensibilidad y de nuestro modo de estar en el mundo, entre los otros”.

 

Una amiga me pregunta qué significa eso de que el movimiento se propone como “espacio de cualquiera” y me cita varios grupos (sociológicos, digamos) que claramente no están participando en las plazas, ni en las asambleas. Pienso entonces que quizá haya una diferencia entre “espacio de todos” y “espacio de cualquiera”. Espacio de cualquiera sería aquel en el que podemos participar independientemente de toda condición identitaria (no en tanto que esto o lo otro). Un espacio donde se trabaja por construir y reconstruir lo común una y otra vez, sin dejar que se fije en identidad, incluyendo la multiplicidad pero poniendo siempre en primer plano lo que une. Hay que seguir pensando esa diferencia.

 

“Somos una asamblea general, un grupo en fusión, un pueblo nómada, un mundo hecho de singularidades” (Santiago López Petit).

 

Una amiga escribe: “Oigo en la asamblea del barrio de Lavapiés: ‘Mejor mantener las asambleas semanales, para que no se nos vaya la energía’ y yo pienso, ‘¿pero cómo se puede perder la energía en una semana? Si te enamoras un sábado, ¿quizá el sábado siguiente se te haya pasado el amor?’ Podría ser, en el tiempo del presente continuo, del instante, del ahora, en el tiempo de la dispersión”. Más que nada necesitamos pensar. ¿Pero cómo pensar en el tiempo de la urgencia?

 

Me gusta mucho cómo explica su función la gente del grupo de pensamiento de la acampadasol: entiendo que pensar para ellos es algo así como devolver sistematizado al movimiento lo que el movimiento ya piensa.

 

Pensar no un contrapoder, no un doble poder, no un poder constituyente, sino un potencial de transformación empotrado en la misma realidad (en el corazón de las ciudades, en las redes sociales, en la misma normalidad).

 

Conversación nocturna con varios amigos militantes de largo recorrido. Hablamos sobre la comisión de respeto, todos lo hacemos con mucha admiración. Les pregunto si algo así podría haber surgido de un imaginario político como el de los movimientos sociales. “Imposible, existe un prejuicio que lo asocia inmediatamente con la policía”. Me alegro de las novedades que el movimiento 15-M incorpora con respecto a la tradición de los movimientos sociales. La de ‘Respeto’ no es la única.

 

¿Estás haciendo nuevos amigos para pensar lo nuevo o estás pensando lo mismo con los mismos?

 

Apuntes de acampadasol (7)

06 jun 2011
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¡Más apuntes de acampada! Esta vez son todos de Pepe, una de las personas que acampa desde la primera noche en Sol.  Registros para pensar, pensamientos para registrar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llevo sin estar solo más de dos semanas. Y lo que es peor, aún no amaina la tormenta de euforia colectiva. ¿Hasta cuándo? Creo que empiezo a echar de menos mi pequeña melancolía.

 

Hablan de amor: de ese que le tienen las viejas a los cachorritos. Pero no es eso. Sol es una pasión fuerte, y por eso es difícil mantener la calma. Es una droga dura, con sus brincos y sus grandes bajones. Estos últimos, cada vez más fuertes. Cada vez más arriba el siguiente salto.

 

La primera noche había un charco de sangre en el suelo. Hicimos corrillo, hipnotizados. ¿En qué momento atravesamos ese espejo viscoso? Aquella pesadilla que compartimos, ¿cómo se convirtió tan pronto en este gran sueño húmedo?

 

Recuerdo a Bolaño como si fuera un mantra: “Si tuviera que asaltar el banco más protegido de América, en mi banda sólo habría poetas. El atraco concluiría, probablemente, de forma desastrosa, pero sería hermoso”. Aún estoy esperando el desastre.

 

Como el equipo pequeño que, de casualidad, le ha metido un gol al grande. Y como no se lo acaba de creer, en el último minuto se mete un autogol. Nos boicoteamos, y casi respiramos aliviados: liberados de tanta presión.

 

Un hombre nos preguntó: “¿Porqué no compráis un terreno en el campo y allí construís la sociedad que queréis?” Y Manu le respondió: “Coño, porque somos de aquí, y es aquí donde la queremos construir”.

 

Para la Física, la masa crítica es la cantidad de material necesaria para que se mantenga una reacción nuclear en cadena. ¿Cuándo se dio esa cantidad en Sol? Poco importa. El caso es que se ha dado, es una bomba, y hemos salido todos despedidos. Por eso, es tan incontrolable. Por eso, estamos todos mareados.

 

Las palabras lanzadas como piedras, y alguien cae fulminado al suelo. Entre espasmos de silencio, piensa de forma frenética y se proyecta a un millón de futuros a la vez.

 

¿A qué sabe el presente? Nuestras papilas gustativas están intactas, pero las conexiones neuronales nunca se llegaron a formar. Quizás ahora, si no es demasiado tarde.

 

Es difícil mantener la cabeza fría, porque nadie quiere sacarla de este chorro de lava ardiente que ha irrumpido en Sol. Sin embargo, una esperanza: “Los fenómenos socioculturales no pueden estudiarse de manera externa pues cada acto, cada gesto, cobra sentido más allá de su apariencia física, en los significados que le atribuyen los actores. El único medio para acceder a esos significados que los sujetos negocian e intercambian, es la vivencia, la posibilidad de experimentar en carne propia esos sentidos, como sucede con la socialización. Y si un juego se aprende jugando, una cultura se aprende viviéndola. Por eso la participación es la condición sine qua non del conocimiento sociocultural. Las herramientas son la experiencia directa, los órganos sensoriales y la afectividad que, lejos de empañar, acercan al objeto de estudio. El investigador procede entonces a la inmersión subjetiva pues sólo comprende desde adentro. Por eso desde esta perspectiva, el nombre de la técnica debería invertirse y pasar de “observación participante” a “participación observante” (Becker & Geer, 1982).

 

Siempre se ha dicho que un periódico de ayer es lo más viejo del mundo. Sin embargo, ahora hay algo todavía más anticuado: un pensamiento de hace una hora acerca de Sol. Ya habrá cambiado todo. Ya habría que repensarlo.

 

Una solución casi matemática: “Sólo viviendo absurdamente se podría romper alguna vez este absurdo infinito” (Julio Cortázar).

 

Ilustraciones de una amiga anónima

Apuntes de acampadasol (6)

02 jun 2011
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Un periodista habla con un acampado de Barcelona justo después de las cargas: “esto es como volver al pasado, ¿no? A las cargas de la policía franquista”. El acampado: “no, esto es el presente, que es una mierda”.

 

¿Qué se proponía la policía en Barcelona? ¿Ha sido una operación tan torpe, tonta y bruta como parece? Un amigo recuerda una situación vivida en una manifestación del movimiento obrero autónomo en Barcelona durante la Transición. De pronto, un coche de la policía se abalanzó sobre los manifestantes sin motivo ninguno. “Ahí me di cuenta de que la policía tantea y prueba cosas: ¿qué pasa si hacemos esto, cómo reaccionan ellos?” Lo que aquí se habría puesto a prueba es el arraigo real del compromiso del movimiento con la noviolencia activa.

 

No encuentro a nadie en el campamento que se describa a sí mismo como “indignado”. Es una etiqueta mediática, no un gesto de autorrepresentación.

 

Da vértigo desplazarse diez metros desde Sol: la vida y el capitalismo se reproducen con total normalidad. ¿Cómo nos relacionamos con esto los que nos hemos salido del quicio?

 

Un amigo me dice: “no es que haya asambleas en Sol, sino que Sol es un medio asambleario: te sientas en cualquier lado para charlar con un amigo y enseguida brota una asamblea”.

 

El mismo amigo: “uno de los efectos de Sol es la disminución radical del cinismo. Se nota que todo el mundo se cree lo que dice, lo que hace y dónde está”.

 

Un descubrimiento increíble: el otro no es sólo un enemigo, un obstáculo o un extraño, sino que también puede ser un cómplice.

 

Todo marcha razonablemente bien en la asamblea de mi barrio: escucha, paciencia, buen humor, inteligencia, consensos. ¿Por qué siento entonces este desasosiego? Ya lo tengo: me falta el campamento. El campamento es el ejemplo vivo de lo que queremos, lo que nos lleva más allá de la mera protesta, lo que articula palabras y gestos, la pequeña ciudad que interpela a la grande, lo que da sentido a todo lo demás. ¿Cuáles van a ser los “campamentos” de las asambleas de barrio? Ahí está ahora nuestro desafío.

 

No volvemos a los barrios de siempre, sino a los barrios conmovidos por Sol. Hacer que ni los barrios ni las universidades sean iguales que antes, que las asambleas de barrio y de universidad no sean como las de antes, extender el acontecimiento Sol, ¿va por ahí el movimiento?

 

¿Cuál es la naturaleza de este movimiento? ¿Se trata de un movimiento revolucionario que propone la autogestión generalizada? ¿Se trata de un movimiento liberal que pide una representación política del pueblo más representativa? Una amiga cita la fórmula siguiente de un antropólogo francés: control político de la economía, control social de la política.

 

Cada asamblea dura varias horas. Pero de allí no se mueve nadie. Parece haber desaparecido como por arte de magia el mayor de los problemas de la vida cotidiana: la falta de tiempo.

 

Un amigo me pregunta: “¿no decías que el problema de la democracia era el consenso? Pues aquí todo es por consenso, todo el mundo tiene que estar de acuerdo en todo, consenso es la palabra más repetida en las asambleas”. Respondo rápidamente que no es lo mismo, que en las asambleas no hay límites a priori de lo posible (consenso malo), que se llega a acuerdos haciendo dialogar los desacuerdos (consenso bueno). Pero la verdad es que la pregunta me sigue rebotando en la cabeza…

 

Un amiga me dice: “este movimiento no sigue el modelo red, sino un modelo cadena”. Se ve muy claramente en las asambleas: o todos o ninguno, todo el mundo es importante, debemos avanzar todos juntos, etc. Hay un cuestionamiento implícito del modelo red que los que lo hemos estado pensando los últimos años debemos considerar.

 

Un amigo me cuenta la anécdota siguiente. Los partisanos yugoslavos de Tito durante la segunda Guerra Mundial tenían la máxima siguiente: no abandonar a ningún herido, a ninguno. Por supuesto la realidad les obligaba a hacerlo una y otra vez, pero la máxima seguía valiendo. Ni la máxima es una ley que se debe cumplir en todos los casos, ni solamente hay casos sueltos. Este movimiento encuentra su fuerza en proponerse una y otra vez como un espacio de cualquiera, pero hay que aprender a moverse en la tensión entre esa máxima y la realidad.

 

Otro amigo: “lo que funciona en las asambleas no es el formato-asamblea, sino una energía que viene de otro sitio: de la necesidad y el deseo de estar juntos y seguir juntos. Sólo así se aguanta la cosa, eso es lo que hay que cuidar más”.

 

Sol es un espacio de cualquiera, pero lo importante es el protagonismo del cualquiera, no el espacio.

 

En los grupos y las asambleas (organizadas o improvisadas) se dice mucho que “hemos despertado”. Lo entiendo bien, pero lo comparto sólo a medias. ¿Estábamos completamente dormidos? ¿Dónde se ha “cocinado” entonces el 15-M?

 

¿Dónde está el pensamiento de Sol? ¿Dónde hay que buscarlo? ¿En la producción de discurso y contenidos, en los dispositivos formales y organizativos, en la idea-fuerza del respeto, en los mil gestos de cuidado de la plaza, en la comunicación con el afuera? Me pregunto cómo pensar lo que está pensando en Sol y cómo pensar con lo que está pensando.

 

“El movimiento no es la acampada”

 

“Lo mejor que puede hacer Sol por el resto de acampadas es mostrar cómo la energía puede transformarse, extenderse y complejizarse sin extinguirse. Todos debemos partir, y llevar el cambio con nosotros” (Ramón Moverak).

 

Manifestación del 15-M, acampada, ahora las asambleas de barrio… Un amigo me dice: “no se trata de pensar siempre igual o todo diferente, sino de que cada vez hay que pensar”.

 

En la asamblea del domingo alguien dice: “no hay que levantar el campamento, eso es lo que quieren ellos”. Pero, ¿no decíamos que nosotros no éramos anti-sistema, sino que el sistema era anti-nosotros? En ese caso debemos hacer lo que queramos hacer, no lo contrario de lo que quieran ellos.

 

“No a la guerra”, 13-M, V de Vivienda, movimiento contra la Ley Sinde… Politizaciones que no se definen por una pertenencia común (a una clase, una categoría social, una identidad, una ideología), sino por una com-parecencia o presencia común.

 

“Prisa y definición son nuestros enemigos”, dice alguien en una asamblea. La fuerza del movimiento consiste en su ambigüedad y su poder de indefinir: no es esto ni lo otro, no se dirige a estos o a aquellos, sino que interpela y se abre a cualquiera. Ahí está la potencia y la gracia de ese lenguaje que muchos consideran demasiado plano, genérico, humanista o  apolítico. Despolitizarse para politizarse (y para entender algo de lo que ocurre).

 

Pregunta de un amigo: “¿Estamos ante un acontecimiento que ya fue o ante un movimiento por venir?”

 

No te preguntes qué puede hacer por ti el movimiento (ser más así o más asá), sino qué puedes hacer tu por el movimiento.

 

Ilustración de Amanda, 4 años: “República de Sol”

Carta egipcia a la acampada de Sol

31 may 2011
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No puedo evitar escribir, horas antes de partir nuevamente a El Cairo. El avión que me trajo aterrizó en Madrid el 14-M. Durante casi dos semanas de permanencia en Madrid, he recorrido decenas de asambleas y mi vida entera se ha visto interrogada por los más hondos misterios del tiempo. Como nieto de españoles nada de que lo aquí sucede me es ajeno. Como activista de la Plaza Tahrir, estar en medio del movimiento 15 de mayo, en Sol, me hace comprender algo más sobre los modos de comunicación que los acontecimientos guardan, invisibles, entre sí.

Temo ahora que se disuelva el efecto mágico que hasta aquí me acompaña y un sentimiento de angustia me pide que me quede en Madrid. Por eso he decidido hablar en el último minuto, quizás como modo de torcer mi destino (el de irme). Hablo, escribo, para decir(me) -sobre todo- que partir no es abandonar. Que partir, sobre todo en este caso, es un modo de seguir el movimiento de la vida, que ahora me devuelve a Egipto. Pero con una palabra, un pensamiento y una piel nueva, que he aprendido y adquirido en este viaje. No vuelvo a casa igual de lo que era, Sol ha afectado mi manera de vivir y pensar Egipto.

Espero con todo mi corazón que la asamblea de Sol sepa resolver la misma angustia que me atrapa a mí mismo frente a la partida. Las últimas asambleas me hicieron reflexionar en este paralelo entre mi viaje y el viaje de Sol. Sol no está ante el desafío de dejar la plaza o de levantar la acampada, sino ante el desafío de fundar un movimiento nuevo. Sol es el nombre de nuestra metamorfosis y ahora toca llevar esa potencia de transformación a cada barrio, universidad, centro de trabajo y a cada grupo familiar y de amigxs.

Ya lo hicimos una vez: entre la manifestación del 15 y la acampada dimos un gran salto. Los primeros acampados cuentan que los comienzos en Sol fueron muy precarios y vacilantes. El éxito no estaba asegurado, pero ellos confiaron y actuaron, sin tenerlas todas consigo. Nuestro punto de partida ahora tiene ahora más fuerza. Mañana o dentro de diez días, eso yo no lo sé, pero pienso que nuestro reto es repetir aquel gesto y actualizar de nuevo el movimiento, refundarlo.

Agradezco a Plaza Tahrir lo mismo que a la acampada de Sol: su potencia de transformación, su poder de darnos la ocasión, la fuerza y la lucidez para empezar este movimiento. Y agradezco también a la angustia del momento por permitirnos pensar que el movimiento depende de nuestra capacidad de hacer algo con ese regalo. Evitar la trampa de la permanencia y la quietud, y asumir que el movimiento nos llevará siempre a otros lugares. Lo mejor que puede hacer Sol por el resto de acampadas es mostrar cómo la energía puede transformarse, extenderse y complejizarse sin extinguirse. Todos debemos partir, y llevar el cambio con nosotros. Sin miedo.

Ra/món Moverak

“Las plazas están creando buenos ciudadanos, es decir, ciudadanos problemáticos”

28 may 2011
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Conversación entre Stéphane M. Grueso y Amador Fernández-Savater aparecida el 28 de mayo de 2011 en Público.

Stéphane M. Grueso es cineasta y autor de “¡Copiad, malditos!”, un documental sobre los caminos alternativos al copyright y el primero que emite TVE con licencias Creative Commons. Amador Fernández-Savater es co-editor de Acuarela Libros y autor de “La cena del miedo”, el relato sobre la cena con la ministra de Cultura que marcó un hito en la lucha contra la ley Sinde.

Stéphane y yo sabíamos el uno del otro, pero nos hemos conocido ahora en la Puerta del Sol. A lo largo de los días nos hemos ido encontrando, compartiendo nuestro entusiasmo e intercambiando algunas reflexiones (al menos el tiempo que Stéphane levanta los ojos de su Smartphone y deja por un momento de tuitear en @fanetin todo lo que ocurre). Esta conversación es solamente una más de las miles que se dan en la plaza estos días, salvo por el detalle de que podemos compartirla en Público.


S. No soy mucho de manifestaciones, pero la del 15-M me parecía muy necesaria. Como tanta gente, estoy harto de un sistema social, económico y político medio podrido que no tiene ninguna consideración por la gente, ni por el mundo. A pesar de esto, el ambiente de la manifestación no era de pesadumbre, ni bronco. Todo lo contrario: circulaba mucha alegría, como en una fiesta.

 

A. La convocatoria de la manifestación ya anticipaba los rasgos de Sol: al mismo tiempo radical, abierta e incluyente. Liberó tanta energía que hubo quien no pudo volver a casa sin más y decidió plantarse aquella misma noche en la plaza. Me asombra y emociona mucho ese gesto. Quizá no hubiera salido nunca de la deliberación o el cálculo político de una asamblea más organizada y sólo puede ser el fruto de la improvisación de un grupo de gente que decide hacer lo que quiere hacer y actuar contra todo pronóstico.

 

S. La acampada creció sobre todo después del desalojo, que todos percibimos como algo intolerable. Ahora es impresionante. A día de hoy hay una guardería para niños, placas solares, una biblioteca, una enfermería, equipos de limpieza que dejan todo impecable, comida en abundancia… Es como una pequeña ciudad. Hay un enorme esfuerzo colectivo por cuidar el espacio para crear al menos por unos días un pequeño mundo habitable donde quepamos todos. Es lo mismo que se leía hace meses sobre la Plaza Tahrir.

 

A. Hemos pasado de tomar la calle a crear la plaza. La democracia que queremos se parece mucho a la organización misma de esas plazas: igualitaria, activa, cooperativa, a la altura de las personas. Es todo lo contrario de la política de los políticos. Por eso no nos representan. Este movimiento cuestiona radicalmente esa cultura consensual, desproblematizadora y despolitizadora que llamamos Cultura de la Transición. Los dos gritos más coreados son: “no nos representan” y “lo llaman democracia y no lo es”.

 

S. Estamos disfrutando de lo lindo y también aprendiendo, formándonos. Durante estos días he podido conocer a gente muy joven. Me ha sobrecogido su calidez, su inteligencia, sus capacidades de organización, su entrega, su amor por lo común. Todo lo contrario de esa juventud egoísta y descerebrada que nos presentan los estereotipos. Las plazas están creando buenos ciudadanos, es decir, ciudadanos problemáticos.

 

A. Las etiquetas son una técnica de gobierno: separan a los que protestan del resto de la población, como si no compartiesen nada. Pero las plazas han destruido con una grandísima inteligencia colectiva todos los estereotipos que nos dividen. Como se dice en uno de los miles carteles geniales que hay por todos lados, “nosotros no somos anti-sistema, el sistema es anti-nosotros”.

 

S. La gente es ahora el medio de comunicación más potente. Entre todos los individuos conectados estamos produciendo nuestro propio relato coral de lo que pasa y los medios convencionales vienen detrás. Yo me compré el móvil para mis comunicaciones personales, ocio o internet, pero ahora lo veo más como un arma de autodefensa.

 

A. Me pregunto de dónde vienen estos saberes de autoorganización desplegados en las plazas y encuentro un posible filón en la cultura de red. En los ámbitos de la cultura libre está muy arraigada la idea de comunidad como grupo de creación conjunto, cooperación entre iguales, posibilidad de tocar y modificar lo que hace otro. No sólo estamos protestando contra algo, sino que ahora somos una especie rara de comunidad.

 

S. La jornada de la votación no ha significado mucho para nosotros. Muchos hemos ido a votar, claro, pero estamos ya en otra cosa. Entendemos que lo nuestro es más importante y ambicioso que unas elecciones y estamos trabajando en ello. Yo creo que habría que consensuar unos mínimos comunes, lograr el máximo apoyo y luchar con fuerza por ellos. Yo me quedo con dos cosas: cambios en la ley electoral y regular el acceso a la información pública. Desde ahí podemos empezar a construir el futuro.

 

A. La experiencia de protagonismo colectivo, de toma de palabra y de cooperación entre personas desconocidas es ya una victoria irreversible. La mirada, la disposición y la relación con el mundo de muchísima gente se ha transformado. Ahora mismo hay un impulso por hacerse cargo de la vida en común que me parece imparable. Además, desde ahora y para siempre, como decían en Egipto, “ya conocemos el camino de regreso a la Plaza Tahrir”.

 

 

Apuntes de acampadasol (5)

26 may 2011
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En Sol hay menos gente. Ya no aparecemos tanto en los medios. Una amiga me dice: “son buenas noticias, así tenemos más tranquilidad para pensar”.

 

Hay quien dice que necesitamos algo concreto para seguir y ser creíbles. Los comprendo. Otros dicen que lo que queremos es lo que ya estamos haciendo: lo comparto. Lo que tal vez necesitemos entonces es una propuesta que nos de una dirección y que a la vez nos permita seguir haciendo lo que estamos haciendo. Imagino: nos proponemos organizar un referéndum en Sol dentro de X meses sobre qué queremos hacer con nuestro dinero (una idea parecida ha salido de la acampada de Mallorca). Ya habría una propuesta, un sentido, un objetivo. Que al mismo tiempo nos permitiría seguir encontrándonos, haciendo, pensando juntos, aprendiendo, agitando, proponiendo debate público. La propuesta tendría que estar relacionada con las preocupaciones que expresa el movimiento: democracia política y democracia económica. Pienso que es mejor una propuesta que nosotros podamos llevar a cabo que una en la que le pidamos al poder de hacer esto o cambiar lo otro. Ni medios para fines, ni medios sin fin: articular un objetivo con el proceso. Ese es el desafío.

 

Una chica sub20 en un grupo de debate: “nos dicen que somos muy abstractos, pero los abstractos son ellos”. Me hace pensar en la diferencia entre utopía y heterotopía. La utopía es otro mundo. La heterotopía es una pequeña distancia con respecto a la realidad que nos permite habitarla de otra manera. Sol es esa pequeña distancia. No ha buscado la separación en ningún momento, por eso ha suscitado tantos flujos de solidaridad fuera del campamento. No queremos otro mundo, el otro mundo son ellos.

 

En un grupo de debate alguien dice: “en la indefinición está la fuerza”. Pensar Sol como una enorme huelga de identidades.

 

Problemas decisivos: no sólo cómo nos organizamos (por barrios, etc.), no sólo en torno a qué propuesta, sino también cómo mantener viva la relación con la parte quieta del movimiento: la población amistosa.

 

Debate de dos horas sobre el respeto como idea-fuerza del movimiento. Hay consenso: lo que hace fuerte a este movimiento no es un programa o una ideología, sino (entre otras cosas) el respeto. ¿Qué significa eso? Hay que darle aún muchas vueltas. Pero pienso que la palabra respeto en boca de la gente de acampadasol quiere nombrar otra convivencia posible, donde la diferencia no se exprese como guerra, donde la tolerancia no signifique indiferencia. Un nosotros abierto e incluyente donde quepa cualquiera, el cualquiera que hay por debajo de las identidades de cada cual (todo el rato escucho decir: “antes que nada somos personas”).

 

Respeto no es tolerancia: entre nosotros y el otro hay una exigencia, no indiferencia.

 

Un chico de la Comisión de Respeto cuenta la anécdota siguiente: a las tantas de la mañana, un tipo no para de molestar a un grupito de redskins que duermen en la Plaza. Durante una, dos, tres horas. Los redskins se acercan entonces a la Comisión de Respeto y les dicen: “nosotros sólo sabemos resolver esto de una manera, ayudadnos a encontrar otra”. Esto es puro Sol: advertir que lo que uno trae de casa puede no caber en el nuevo espacio y encontrarse con otros para aprender cómo ir más allá de uno mismo.

 

Una persona de la Comisión de Respeto: “nuestro objetivo es desaparecer”. Autogestión del respeto.

 

Ellos lo llaman “mediar”, pero entiendo que lo que hace la Comisión de Respeto es ayudar a la traducción. A que nos traduzcamos y contratraduzcamos unos a otros. Traducción vs interpretación. El poder representativo interpreta desde arriba: los intereses de la mayoría, etc. Desde abajo nos traducimos.

 

“Nosotros no pedimos respeto, sino un puto respeto”. Más allá del buen rollo.

 

Pierre Levy explica que el mundo subsiste porque “las prácticas de acogida, apertura, cuidado, reconocimiento y construcción son finalmente más numerosas y fuertes que las prácticas de exclusión, indiferencia, cierre, resentimiento y destrucción”. Levy reúne todas estas prácticas en el concepto de “hospitalidad”, porque no se dan sólo entre quienes comparten identidad (familia, nación, clase social, oficio, religión), sino fundamentalmente entre extraños y desconocidos. No tejen un vínculo unánime, uniforme y desigualitario, sino recíproco, abierto e incluyente. Cada una de esas prácticas “hospitalarias” desobedece las dinámicas de guerra de todos contra todos que legitiman finalmente el poder de la representación. (“es necesario un árbitro que ponga orden”).  Respeto, hospitalidad, vínculo = “no nos representan”

 

No pensar en términos de flujo y reflujo (subidón y depresión), sino de actualizaciones constantes. No a la guerra, 13-M, V de Vivienda, movimiento contra la Ley Sinde, 15-M…

 

Ni permanecer, ni desaparecer: desaparecer para permanecer, permanecer desapareciendo.

 

Alguien dice: “cuando salgo de aquí (Sol) no sé dónde estoy ni quién soy”. Escucho más o menos lo mismo una y otra vez. Me inquieta esa imagen de ruptura. Tendríamos que pensar mejor las conexiones entre lo normal y lo excepcional, qué había en lo normal qué preparaba lo excepcional, cómo prolongar y aterrizar lo excepcional en lo normal.

 

Una intervención: “Sol debe desaparecer ya porque es irreal”. Lo dice alguien que está a tope con la acampada.

 

Otra: “Irnos de Sol, pero llevarnos el sol con nosotros”.

 

Dijimos “democracia real ya”. Luego creamos en Sol las condiciones que decíamos. Sol es, como dijo alguien, “un taller de democracia real al aire libre”.

 

Una intervención en el grupo de la tarde: “los políticos no me representan, pero tampoco me representa la asamblea de Sol”.

 

Democracia 2.0 no significa que la democracia esté en la red, sino pensar la red como una imagen de democracia más compleja, más interesante, más habitable y a la altura de los tiempos. Ausencia de control y espacio central, autonomía de los nodos, alta conectividad entre ellos, inteligencia de la comunicación, distintos ritmos y temporalidades que se componen, descentralización y dispersión articulada, una música con muchos núcleos.

 

Releo Guerrilla de Lawrence de Arabia a la luz del Sol:

 

“¿Cómo iban los turcos a defender sus 140000 millas cuadradas? Sin duda con una línea de trincheras, siempre y cuando los árabes fueran un ejército que atacara con las banderas al viento. Pero supongamos que fueran una influencia, algo invulnerable, intangible, sin frente ni retaguardia, que se mueve como el gas. Los ejércitos son como plantas, inmóviles como un todo, enraizados, nutridos por largas ramas que llegan hasta la cabeza. Los árabes eran como un vapor llevado por el viento. Nuestros reinos estaban vivos en la imaginación de cada uno, y como no nos hacía falta nada en concreto para vivir, podríamos no haber expuesto nada en concreto a las armas enemigas”

 

“En aquellos días, el ejército árabe era ante todo cauto. Los hombres, al ser irregulares, no eran unidades sino individuos, y una pérdida individual es como un guijarro que cae al agua: el golpe podrá ser breve, pero su ausencia la nombran anillos de pena. El ejército árabe no podía permitirse tener bajas”

 

“Por su carácter, estas operaciones tenían algo de guerra naval, en su movilidad, en su ubicuidad, su independencia de las bases y las comunicaciones, en su ignorancia de características básicas, de áreas estratégicas, de direcciones fijas, de puntos fijos. “Aquél que domina en el mar disfruta de gran libertad, y puede tomar tanto o tan poco de la guerra como desee”: aquél que domina el desierto es igualmente afortunado”.

 

“La elección óptima sobre qué punto desbaratar en el organismo del enemigo venía dada con la práctica. La táctica consistía siempre en golpear y correr; no en presionar sino en impactar. El ejército árabe no trató nunca de mantener o mejorar una ventaja, sino que retrocedía y volvía a golpear en algún otro lugar. Usaba la menor fuerza en el menor tiempo y en el lugar más alejado. Continuar la acción hasta que el enemigo cambiara sus disposiciones para resistir hubiera supuesto romper el espíritu de la regla fundamental de jamás ofrecerle blanco”.

 

“El ejército árabe carecía de disciplina, en la medida en que ésta restringe y asfixia la individualidad para obtener el mínimo común denominador de los hombres. (…) La guerra árabe, al reaccionar contra todo esto, era simple e individual. Cada hombre que se enrolaba servía en la línea de batalla y se controlaba a sí mismo. No había líneas de comunicación o tropas de trabajadores”.

 

“He aquí la tesis: la rebelión ha de tener una base intocable, protegida no meramente del ataque sino del miedo al ataque: una base como la que la revuelta árabe tenía en los puertos del Mar Rojo, en el desierto o en las mentes de los hombres convertidos a su credo. Debe tener un enemigo extranjero y sofisticado, en forma de ejército disciplinado de ocupación demasiado pequeño para cumplir la doctrina de la extensión: muy pocos soldados como para ajustar el número al territorio, como para dominar con eficacia el área completa desde puestos fortificados. Debe contar con una población amistosa, no activamente amistosa pero simpatizante hasta el punto de no desvelar los movimientos rebeldes al enemigo. Las rebeliones pueden hacerse con un 2 por ciento de la fuerza en activo, siempre que el 98 por ciento pasivo simpatice con la causa. Los pocos rebeldes activos deben poseer las cualidades de resistencia, velocidad y ubicuidad, y contar con arterias de abastecimiento independientes. Deben contar también con el equipo técnico necesario para destruir o paralizar las comunicaciones organizadas del enemigo, ya que la guerra irregular viene a ser aquello que Willisen definía como estrategia, “el estudio de la comunicación” en su grado extremo, para atacar ahí donde el enemigo no está. En sesenta palabras: si se garantiza la movilidad, la seguridad (en la forma de negar blancos al enemigo), el tiempo y la doctrina (la idea de convertir a cada individuo en simpatizante y amigo), la victoria estará del lado de los insurgentes”.

 

“Yo suscité e impulsé con la fuerza de una idea uno de estos golpes de mar (y no uno de los menores), hasta que alcanzó y superó su cima, y rompió en Damasco. El reflujo de aquella ola, rechazado por la resistencia de los objetos envestidos, dará materia a la próxima ola, cuando, llegado el tiempo, vuelva la marea”.

 

Foto

 

Apuntes de acampadasol (4)

24 may 2011
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Cada vez más rápidos, cada vez menos elaborados, cada vez más copy-paste, cuarta entrega de estos apuntes de acampada:

 

Discusión en el grupo donde estoy: si debemos llamarnos ciudadanos o personas. Los que defienden que somos ciudadanos dicen que estamos haciendo una revolución política. Los que defienden que somos personas dicen que se trata de una revolución apolítica. ¡Pero lo que nadie pone en duda es que esto es una revolución!

 

La misma discusión en muchos grupos: ¿somos medios para un fin o somos medios sin fin? Es decir, ¿debemos tener reivindicaciones concretas o lo que vale es el propio movimiento, el propio proceso, la propia apertura de un espacio donde encontrarse, proponer y hacer con otros? Una intervención en el debate me toca de cerca: “sólo somos un lugar, un lugar fuera de lugar, un lugar para los que no tienen lugar”.

 

La comisión de Política se ha dividido en dos: política a largo plazo y política corto plazo.

 

Un amigo me pregunta: “¿acaso el movimiento 15-M no tiene nada de trágico y es pura armonía?”

 

Tres de la mañana. En el grupo en el que estoy hay un chico de los primeros que acamparon el domingo. Cuenta cómo fue. Todos escuchamos súper atentos y muy emocionados. Al final la gente se acerca al chico le abraza y le dice: “gracias”. Gracias por haber abierto y habilitado para otros un espacio que ha cambiado tanto las vidas. Estoy llorando por dentro.

 

En el grupo donde estoy por la tarde no se trenza ningún pensamiento común. Monólogo tras monólogo. Y sin embargo… Hay quien tiembla de emoción al coger el megáfono, la gente que pasea de compras por Preciados se queda prendida al grupo como atónita, se habla mucho desde las vísceras…. Sí que pasa algo

 

Una amiga escribe: “LA PLAZA TRANSFORMA. Hemos dejado de transitarnos para transformarnos. No nos enseñamos, nos aprendemos. No nos convencemos, nos comprendemos. Combatimos creando, desafiamos construyendo. La plaza ya no es un espacio de transición sino de transformación. Hemos invadido un tiempo que no se cambia por dinero. Hemos liberado al presente del futuro. Nos hemos liberado del futuro, para habitar de nuevo el presente.”

 

Me encuentro un amigo muy militante: me habla de los mil problemas que tiene todo para funcionar. Hablo luego con un joven sub20: me dice que la máquina va sola, que la energía desbordará cualquier obstáculo, que el movimiento es imparable. Me gustaría pensar con el espíritu del segundo lo que me plantea el primero.

 

Hay gente deprimida tras las elecciones. Deberían pasar más por la Plaza. Allí, entre la realidad de Matrix y nosotros se ha instalado ahora una situación. Matrix no nos afecta tanto. No nos deprimimos porque estamos a otra.

 

En la acampada lo político pasa también por lo técnico: hay gestos políticos que abren un mundo en la actividad cotidiana de los equipos de limpieza, guardería, alimentación, etc. No sólo en las asamblea y en los discursos.

 

Deleuze hablaba de que había un devenir-joven. Ahora lo entiendo.


Este fue un programa singular. Lo hicimos fuera de estudio, en una casa. Un dispositivo tecnológico precario, virtuoso y completamente de garaje. Durante tres horas y media, evitando deliberadamente Madrid y Barcelona, contactamos bastante azarosamente con gente de veinte acampadas que nos contaron dónde están situadas, cómo se organizan, cuáles son sus objetivos, qué relación establecen con la ciudad y el resto de la población, cómo están pensando la cuestión de la continuidad, si la movilización allí tiene o no precedentes y qué tipo de microclima sensible han creado. El resultado es muy sorprendente, al menos eso nos parece. Porque nuestra impresión tras el programa es que está pasando más o menos lo mismo en todos sitios: el mismo tipo de espacios, de lenguajes, de afectos, de imaginarios, de anhelos y de problemas. ¿Cómo es posible que aflore y se replique espontánea y simultáneamente una misma molécula de transformación social que no tiene ni copia un modelo previo? Es increíble, hay tanto por pensar…”

 

Impresiones de una amiga sobre la acampada en Barcelona:

La plaza materializa sin parar: se va construyendo, desarmando, rearmando para muchas necesidades y funciones concretas. Pero también, y sobre todo, materializa relaciones, situaciones, simultaneidades.

No hay plan u organización, la plaza materializa fuertes canales entre fragmentos, hace un esfuerzo muy grande por conectar partes, porque circule lo que pasa. La plaza produce y recepciona, y todo esta a la vista, el orden del día, los horarios, las propuestas, etc.

Tampoco se pone nunca en “gestión automática”, se materializan con mucha plasticidad las modificaciones imprevistas, los encuentros aleatorios, no hay nada previo a priorizar sobre lo que surge. El aro que circunda la plaza está lleno de estas escenas, (como se usan los árboles, los bancos, los escalones, las estatuas).

La sensación es que las actividades no están dispersas, son partes conectadas del mismo aparato, cuadros de la misma exposición, no sé como decirlo. Ayer había en simultáneo y sin interferirse, entre muchas otras, estas actividades:

una charla sobre el mayo francés, un grupo de teatro con mucho publico, una importante cola para merendar, asambleas de todas las comisiones, asambleas de barrios, una peluquería gratuita, unos grafiteros con mucho niño mirando, un corralito con mucho niño más pequeño, un estudiante estudiando con sus libros bajo una sombrilla, mucho músico suelto y mucha gente charlando, debatiendo, contándose historias…

La plaza cambia su fisonomía todo el tiempo. A cada momento y con cada día que pasa se va volviendo cada vez más habitable, ahí se habita otra vida que esta demostrándose a sí misma que puede alcanzar mucha calidad (por eso, creo, las ganas de volver ahí todo el tiempo y no perderse nada).

Las ideas que circulan nacen claramente desde la plaza, (se ve sufrir mucho a la gente de la comisión de contenidos prácticamente la única comisión donde hay militantes conocidos, vienen con ideas para la plaza y eso los tiene muy angustiados y angustiadas).

La gente que esta trabajando en las comisiones le pone unas ganas que yo no sé de donde sacar de mí, porque a pesar de que me entusiasma muchísimo estar ahí, no llego a contagiarme como para quedarme trabajando y eso que me gustaría proponer armar un lugar con unos sillones, una mesita con agua y una sombra para la cantidad de gente mayor que no puede estar parada al sol, a ver si me animo hoy.

Bueno, nada más! no vemos por ahí.”

Foto: Diagonal

 

Apuntes de acampadasol (3)

22 may 2011
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Aunque encuentres esto en un medio de comunicación, aunque este blog sea una más de las “columnas de opinión” del diario, por favor no leas estos apuntes como una tentativa de decir la verdad de lo que esta pasando o de dar con la interpretación correcta. Sólo son preguntas que me hago, detalles que quiero aferrar, fogonazos que me pasan por la cabeza, pensamientos compartidos con los amigos en la Plaza, registro de algunas conversaciones. Los habrá más acertados o más sugerentes, los habrá más superficiales y parciales, los habrá muy tontos o directamente equivocados. Es un poco el riesgo de esta escritura de urgencia. Sólo espero que ninguno falte al respeto (esa palabra tan importante estos días) al esfuerzo colectivo desplegado en Sol para crear una Plaza.

 

Una amiga muy implicada en la organización que da vida la acampada dice: “joder, no podremos currar de lo nuestro, pero sabemos hacer de todo”.

 

En la acampada hay una Comisión de Respeto. Se encarga de velar por el carácter incluyente y pacífico de la concentración. Suena muy naíf, ¿no? Pero, ¿cómo se justifica hoy en todas partes el poder de representación que rechazamos? Como un arbitraje necesario en la guerra de todos contra todos que es cotidianamente la sociedad-mercado. De ahí el esfuerzo infinito por neutralizar la guerra civil entre distintas formas de vida en la acampada de Sol. Así que ¡¡viva la Comisión de Respeto!!

 

“Octavillas, carteles, boletines, palabra de las calles o infinita… no es una preocupación por la eficacia lo que imponen. Eficaces o no, pertenecen a la decisión del instante. Aparecen, desaparecen. No lo dicen todo, al contrario, lo arruinan todo, están fuera del todo. Actúan, piensan fragmentariamente. No dejan huellas: trazo sin huella. Como la palabra sobre los muros, se escriben en la inseguridad, son recibidos bajo amenaza, portan en sí mismos el peligro, pues pasan con el paseante que los transmite, los pierde o los olvida” (Blanchot, sobre Mayo del 68).

 

Entender participando, participar entendiendo

 

Una amiga que ha participado en mil historias políticas y acaba de ser madre de dos mellizas dice: “un espacio para niños en una dinámica como ésta es una verdadera revolución”.

 

Parecería que el problema de la representación ha pasado a primer plano, desplazando a la cuestión de la crisis. Pero quizá se apunta al sistema político porque es lo que tenemos a mano, aunque el fondo del asunto sea la cuestión del gobierno de los mercados. Lo que tal vez no sabemos aún es cómo hacer directamente una política contra algo tan abstracto y anónimo como el mercado, aunque sea lo más concreto en nuestra vida diaria.

 

“Nuestro trabajo, vuestro botín”

 

Un amigo me escribe: “No dejo de pensar en el hecho de que la documentación de la #spanishrevolution está hecha a partir de un salvaje esfuerzo cooperativo. No está hecha sobre fotos de fotógrafos reconocidos, ni programas de televisión, ni grandes editoriales, autores o editores. Miles de lucecitas y teclados. Copyleft funcionando al 500%. Eso existía, pero era otra de esas que se minusvaloraba. se han destruido todos los derechos de autor del mundo: la foto del celular sale en el medio generalista, la foto del medio sale en un blog y vuelta a empezar”.

 

Sólo actos locos donde uno se la juega pueden cambiar las cosas. Plantarse en Sol como se plantaron algunos el domingo por la noche fue un acto loco, pero muy loco.

 

Al lado de estos chicos y chicas sub20 uno se da cuenta de que se ha vuelto un poco cínico sin pretenderlo ni apenas advertirlo.

 

Le pregunto a un amigo si cree que lo que está pasando influirá en las elecciones del domingo. Me responde: “creo que por primera vez en su vida mucha gente no votará automáticamente, sino que se lo pensará antes”. Interrupción de los automatismos. Pensamiento. Son pequeñas victorias del movimiento.

 

Otro amigo: “cuanto más abstracto es el enemigo, más transversal puede ser un movimiento”.

 

Uno más: “los problemas siguen igual (poder financiero, etc.), pero la situación cambia”.

 

Resistir a la tentación de saber demasiado sobre lo que pasa. Si lo que ocurre es algo nuevo, singular y excepcional, ¿cómo puede ser que yo pueda pensarlo con mis esquemas conceptuales previos? ¿Cómo no ver sólo lo que uno quiere ver, lo que a uno le confirma en sus hipótesis y teorías, en su identidad?

 

¿Y ahora qué? Un chat en Facebook:

-creo que la gente se va a quedar

puede ser que la cosa entonces vaya a menos poco a poco

y acabe medio triste

-eso sería lo peor

-o puede ser que nos volvamos a casa hasta la siguiente

“ahora ya sabemos el camino de vuelta a la plaza Tahir”

-esa son dos opciones que se me antojan demasiado previsibles para este movimiento que, sobre, sobre todo, es maravillosamente imprevisible


Apuntes de acampadasol (1)

Apuntes de acampadasol (2)

(gracias a Fran por la imagen, ¡sí que había mapa!)