Opinion · Fuera de lugar

Apuntes de acampadasol (8)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una amiga en una de las asambleas eternas para decidir qué se hace con el campamento: “Sol me recuerda cada vez más a El ángel exterminador”.

 

La dificultad para decidir el levantamiento de la acampadasol da qué pensar. El sentir mayoritario ha chocado una y otra vez con una voluntad de bloqueo que ni argumenta, ni propone, ni construye, ni devuelve la generosidad que se le dirige. Pero seguramente es una equivocación buscar o señalar culpables. Los bloqueos son corrupciones de los principios mismos sobre los que se ha construido la plaza: consenso significa unanimidad, todos construyen la plaza y por tanto cualquiera puede participar en la asamblea y decidir sobre el campamento (duerma luego allí o sobre un cómodo colchón viscoelástico en casa), etc. Como dice una chica, “estamos atrapados en nuestra propia dinámica y somos esclavos de nosotros mismos”. Eso es lo que hay que pensar de cara al futuro.

 

Una pintada mítica en un centro social histórico de Madrid decía: “la mejor solidaridad con un centro social es okupar otro”. La recuerdo cada vez que escucho el rollo heroico-paternalista de que no se puede levantar el campamento de Sol porque el movimiento “lo necesita como símbolo”.

 

Respuesta de Tina Turner a los que plantean que la acampada de Sol es imprescindible y que levantarla supondría un pecado de alta traición (al resto de acampadas, a los compañeros griegos, a los detenidos, etc.).

 

Segundos de tensión en la concentración junto al Congreso, empujones, lo que uno reconoce como los previos a una carga policial. La gente que está en primera línea se queda clavada en el suelo, con las manos levantadas. Se repite con fuerza la imagen de Barcelona. Es una pequeña prueba para los días que vienen, donde se van a jugar muchas cosas en los modos de estar en la calle y elaborar el arte de las distancias con la policía.

 

La interpelación positiva a la policía es constante: “antes que policías sois ciudadanos”, “vosotros también estáis hipotecados”, “policía únete”, “policía, tienes la palabra” (y se ofrece el megáfono). Se busca lo común incluso en el costado del enemigo. ¿Ingenuidad? ¿Astucia instrumental y táctica? Este movimiento está tan seguro de estar del lado de la razón y de lo justo que piensa poder conquistar todos los corazones. Un nuevo cántico: “tenemos la razón y lo sabéis”.

 

Un amigo de veintitantos: “mi generación tiene fobia al conflicto. Está por ver si con esa fobia se puede luchar”.

 

Y sin embargo… la ocupación de la plaza es el gesto más radical que yo recuerde desde la autoconvocatoria frente a las sedes del PP la jornada de reflexión del 13-M de 2004. La paradoja es que el desafío más radical se apoya en los recursos más ligeros: la no violencia, el respeto, el lenguaje despolitizado y humanista, la apertura sin límites, la búsqueda a toda costa del consenso, etc. Politización apolítica: es la paradoja en tensión que da fuerza a este movimiento. Sin el desafío, sólo seríamos una simpática forma de vida “alternativa” más. Sin el costado empático e incluyente, sólo seríamos otro pequeño grupo “radical” separado e incapaz de morder la realidad.

 

Un chico con estilo punk en el asamblea de barrio de Carabanchel: “pues yo sí soy radical y anti-sistema, pero asumo lo que se decida en la asamblea, porque lo importante es que estamos construyendo entre todos una fuerza”. Es la diferencia entre dejarse afectar por el movimiento o querer simplemente afectarlo desde una idea previa y ya hecha de radicalidad.

 

Un amigo: “lo importante de este movimiento no son sus reivindicaciones, sino la alteración de nuestra sensibilidad y de nuestro modo de estar en el mundo, entre los otros”.

 

Una amiga me pregunta qué significa eso de que el movimiento se propone como “espacio de cualquiera” y me cita varios grupos (sociológicos, digamos) que claramente no están participando en las plazas, ni en las asambleas. Pienso entonces que quizá haya una diferencia entre “espacio de todos” y “espacio de cualquiera”. Espacio de cualquiera sería aquel en el que podemos participar independientemente de toda condición identitaria (no en tanto que esto o lo otro). Un espacio donde se trabaja por construir y reconstruir lo común una y otra vez, sin dejar que se fije en identidad, incluyendo la multiplicidad pero poniendo siempre en primer plano lo que une. Hay que seguir pensando esa diferencia.

 

“Somos una asamblea general, un grupo en fusión, un pueblo nómada, un mundo hecho de singularidades” (Santiago López Petit).

 

Una amiga escribe: “Oigo en la asamblea del barrio de Lavapiés: ‘Mejor mantener las asambleas semanales, para que no se nos vaya la energía’ y yo pienso, ‘¿pero cómo se puede perder la energía en una semana? Si te enamoras un sábado, ¿quizá el sábado siguiente se te haya pasado el amor?’ Podría ser, en el tiempo del presente continuo, del instante, del ahora, en el tiempo de la dispersión”. Más que nada necesitamos pensar. ¿Pero cómo pensar en el tiempo de la urgencia?

 

Me gusta mucho cómo explica su función la gente del grupo de pensamiento de la acampadasol: entiendo que pensar para ellos es algo así como devolver sistematizado al movimiento lo que el movimiento ya piensa.

 

Pensar no un contrapoder, no un doble poder, no un poder constituyente, sino un potencial de transformación empotrado en la misma realidad (en el corazón de las ciudades, en las redes sociales, en la misma normalidad).

 

Conversación nocturna con varios amigos militantes de largo recorrido. Hablamos sobre la comisión de respeto, todos lo hacemos con mucha admiración. Les pregunto si algo así podría haber surgido de un imaginario político como el de los movimientos sociales. “Imposible, existe un prejuicio que lo asocia inmediatamente con la policía”. Me alegro de las novedades que el movimiento 15-M incorpora con respecto a la tradición de los movimientos sociales. La de ‘Respeto’ no es la única.

 

¿Estás haciendo nuevos amigos para pensar lo nuevo o estás pensando lo mismo con los mismos?