Tres meses y diez días

10 Ene 2017
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Mario Jiménez, el hombre fuerte de la Gestora del PSOE, está encantado con los cien primeros días de esta dirección provisional socialista.

A su juicio, ante una legislatura eminentemente parlamentaria -rara avis en nuestra historia democrática- habrá una cosecha legislativa fructífera, con un PSOE ejerciendo una oposición útil.

Como principales logros, la Gestora exhibe ya la subida del 8% del salario mínimo, el acuerdo sobre pobreza energética y la relajación del objetivo de déficit para las comunidades autónomas. Todos pactados con el PP.

El País los califica de “logros políticos” en una pieza conmemorativa de los 100 días, y Pérez Rubalcaba la apostilla con un artículo-ladrillo, que justifica el sometimiento del PSOE al PP y elogia la oposición útil que están realizando los socialistas  en un Parlamento que “algunos progresistas” desprecian con “empeño”. Y el comité de sabios, en un sesudo informe, perfectamente alineado.

En coordinación entre Ferraz y Miguel Yuste, un diez; la mano de Rubalcaba sin ningún género de dudas.

Todo perfecto si no fuera porque en los sondeos el PSOE aparece como tercera fuerza política, muy lejos del PP, lejos de Unidos Podemos y cada vez más cerca de Ciudadanos. Y los dirigentes presenciales y no presenciales de la nueva dirección –con Javier Fernández y Susana Díaz a la cabeza- gustan más a los votantes del PP que a los del PSOE.

¿Por qué estos datos tan catastróficos si el PSOE lo está haciendo tan divinamente según la Gestora y sus aparatos satélites?

Pues muy fácil y muy sencillo. A la mayoría de los votantes socialistas no les gusta, en primer lugar, que el PSOE esté de facto embarcado con el PP en una gran coalición. Una cosa es alcanzar acuerdos de Estado puntuales, como ha ocurrido siempre en el pasado, y otra bien distinta es llegar a festejar hasta las PNL que se pactan con el PP.

La mayoría de los votantes socialistas, en definitiva, no respalda para nada que el PSOE ejerza una oposición útil, que sirve principalmente para mantener en el poder a un PP que protagonizó recortes de derechos económicos y políticos contra las clases medias y trabajadoras y que sigue siendo un partido manchado por la corrupción.

Y encima, Rajoy, que sabe cómo hacer más daño aún, traslada a la opinión pública que solo llevará al Parlamento los acuerdos con el PSOE.

Al mismo tiempo, la mayoría de los votantes socialistas –tres de cada cuatro- reprueba las formas que está empleando una Gestora nacida ya de uno de los espectáculos más bochornosos que se recuerdan en el partido que fundara Pablo Iglesias el dos de mayo de 1879.

En estos tres meses y diez días, ni parece querer asumir su provisionalidad y mucho menos su neutralidad. El modo ajuste de cuentas con el que se está empleando la Gestora es su principal seña de identidad. Más que coser al PSOE está empeñado en diezmarlo, en reducir la tropa de militantes críticos, con los 18.000 afiliados del PSC entre ceja y ceja.

Y su parcialidad es manifiesta. La actuación contra ‘Recupera el PSOE’ y la inacción contra Carmona y mariachis son dos buenos ejemplos de varas de medir bien distintas ante el mismo uso ilegítimo de las siglas.

Por todo ello, como ya dije en su día, cuanto más tiempo esté la Gestora con mando en plaza, peor será para el PSOE.

Unas primarias y un congreso más pronto que tarde benefician a la organización y  al futuro secretario general, ya sea Susana Díaz, Pedro Sánchez o un tercero.

Sigo pensando, pese a que no me gusta cómo se maneja la Gestora, que el PSOE es el único partido de centro-izquierda que podría en un futuro construir una alternativa seria al PP. Pero tiene que empezar a hacer las cosas con más sentido común. De entrada, aparte de adelantar el congreso, debería desconectarse del modo ajuste de cuentas para intentar recomponer su maltrecha unidad. Solo unidos podrán combatir los socialistas su incapacidad manifiesta para conectar con las clases urbanas y los jóvenes.

Y si Íñigo Errejón coge en febrero el timón de Podemos, esta estrategia caprichosa de retrasar el congreso para que la militancia olvide, para que solo comparezca Susana Díaz, puede convertirse en el certificado de defunción del PSOE.


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