Prioridades analíticas sobre Juan Carlos

Reconozco que la foto que he elegido no dice mucho sobre el tema semanal a tratar, todo un riesgo para ser mi primera incursión en Público. ¿De qué irá a hablar Masa? ¿Prostitución, drogas, dinero malversado, instituciones caducas o de mandíbulas que bailan cual joven veinteañero en una rave de Monegros? Sabe Jesucristo nuestro señor que al hablar de nuestro octogenario monarca   inevitablemente tengo que tocar todos esos palos, pero por extraño que parezca no he encontrado ninguna foto de Juan Carlos de Borbón esnifando cocaína en la proa de su yate. Una verdadera lástima.

Esta semana nos ha sorprendido una noticia publicada en un diario italiano donde narran una supuesta infidelidad del Borbón. Una infidelidad accidentada, pues por lo visto un guardaespaldas avisó a nuestro Aragorn ibérico de que la Reina estaba apunto de hacer acto de presencia en pleno coito marítimo. La solución: tirar a la modelo que nuestro Juancar se había llevado a su yate por la borda. Una lancha marítima tuvo que rescatar a la modelo mientras el exmonarca sonreía a Sofía en plan “hey cariño, qué tal, yo aquí tumbado en la cama, empalmado y con un champagne más caro que el salario medio de cualquier trabajador. Ya sabes, chill out, haciendo tiempo hasta que llegaras”.

Comienzo el anterior párrafo con un “nos ha sorprendido” porque parece ser que las masas, en pleno 2017, desconocían que Juan Carlos es un convencido faldero, algo que se viene sabiendo desde hace décadas. Entiendo que es una imagen que choca con la pulcritud y sobriedad que la institución monarquica preside, pero qué coño, ¿hay algo más monárquico que un rey hedonista y déspota?

La cuestión de todo esto, y lo que a mi personalmente me maravilla, es la polémica que ha generado esta notica en nosotros, el populacho. Esa señora que, esperando su turno en la peluquería armada con un ejemplar de la revista Pronto afirma estar “terriblemente decepcionada” con el mataelefantes. Sí. Esa misma señora que afirma que la infanta Leonor es como una hija para ella. O también me vale ese señor que, apoyado en la barra del bar, entona un “esto sí que no me lo esperaba de él” mientras apura un carajillo antes de entrar en la fábrica de aluminio.

¿De verdad, amigos? ¿De verdad es ESTO lo que os indigna a nivel máximo? ¿En serio me estáis diciendo que la gota que ha colmado el vaso es este casi chascarrillo sobre nuestro anterior monarca?

Hablamos de una institución impuesta por Francisco Franco. Sí, el caudillo. Un rey que, en su primera aparición como tal en televisión, anunció deber todo a la figura del dictador. Fue su pupilo durante años, vaya. Nadie ha votado a este señor, está ahí por su apellido y porque la polla del fascista que mandó en este país 40 años así lo quiso. Su reinado es casi un trofeo de guerra (civil). Qué, ¿nada? ¿Esto no os indigna un poco más? 

Juan Carlos, un señor que llegó a España con lo justo y que a día de hoy tiene una fortuna de 2.000 millones de euros. Teniendo en cuenta que su salario se lo pagamos nosotros a través de los presupuestos generales del Estado (y muchas más cositas oscuras como ese yate real que pasó como ‘gastos de Interior’) significa que esa ingente cantidad de dinero ha salido de tus madrugones para currar en ese empleo que odias. Qué, ¿nada tampoco? ¿No te causa un pelín más de resquemor? 

No dudo que es algo indignante. Joder, que has tirado a una mujer al mar. Todo para que la Reina no sepa lo cerdo que eres. Pero oiga, mire, creo que su institución como tal ya era indignante desde el minuto 1, y su presencia en las instituciones un insulto a la inteligencia, más allá de sus escarceos acuáticos con una modelo.

Llámame loco. Yo que sé.