El bañador fuera borda

31 jul 2009
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A quienes se habían quedado en el Meyba con braguero, la irrupción del Jaked de poliuretano con dirección asistida, inyección, ABS, EBD y ASR les ha dejado perplejos. El bañador en cuestión es más mágico que el cruzado de Playtex, que no es que levantara el busto sino que lo hacía levitar. Tiene el inconveniente de que cuesta ponerlo más que un traje de novia, aunque una vez en el agua los nadadores son como delfines de diseño sin dieta de sardinas. Gracias al traje, los récords del mundo han empezado a caer en Roma a ritmo de granizo.

El principal perjudicado ha sido Michael Phelps, que perdió los 200 metros libres por ir a pecho descubierto, aunque se tomó su venganza en los 200 mariposa “con la ferocidad de un escualo hambriento, con la ira de un dios vengativo, con la rabia de un hombre frustrado que trata de reconciliarse consigo mismo más allá de reconstruirse ante los demás”, dicho sea en palabras de Carlos Toro en El Mundo, un bardo que ha sido letrista de Paulina Rubio, Marta Sánchez y el Dúo Dinámico. De ahí su fuerte carga lírica.

Pero el poliuretano tiene también sus riesgos, ya sea en la versión cuerpo entero o en la de medio body como la de Phelps. Al norteamericano Ricky Berens se le rompió el domingo al lanzarse al agua y le dejó con el culo al aire, lo cual es cuando menos embarazoso. “Se pierde épica, pero se gana en erotismo”, destacaba El País. Según este diario, el secreto del bañador puede estar en el aire que atrapa, que al parecer se acumula en el pliegue de las rodillas, en el busto si se es mujer, y en la entrepierna. Adivine en dos palabras por qué se flota más.

En el Sport, Angels Fàbregues estaba enojadísima con la Federación de Natación, que ha decidido prohibir el invento a partir de 2010. “Primero no, después sí, ahora otra vez no. Por favor, seamos serios. Los nadadores andan locos, los récords ya no son noticia y eso sí, la FINA a lo suyo parapetando sus intereses. Y a la natación… que le den”, explicaba.

La vuelta a la braga acuática
Lo que pretenden ahora los burócratas es que todos los bañadores estén hechos de material textil. Según Fernando Castán, el especialista de la agencia Efe, quedan dos dilemas por resolver: “Primero: qué hacer con los récords establecidos en los últimos veinte meses, 152 (…) Segundo: qué (se) les dice a los fabricantes de bañadores”. La respuesta parece evidente: nada. La braga acuática aún no ha dicho su última palabra.


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