El fin de la campaña electoral llevó a Zapatero a Galicia, donde “los grelos están plenamente florecidos tras los carnavales y entre ellos vuelan ya las mariposas limoneras de alas amarillas” (uno de mayor quiere ser Mónica Fernández Aceytuno y escribir del rocío en el ABC). Y a Rajoy a Vitoria, donde, a falta de un bardo que cante las excelencias de la villa que fundó Leovigildo, cabe decir que el día fue soleado. “En ambas comunidades he percibido la enorme frialdad de una campaña rutinaria”, aseguraba Fernando Jáuregui en su Diario Crítico. No se entiende su extrañeza.
Siendo ayer el último día para pedir el voto, Ramírez&Losantos, un dúo tan famoso como Faemino y Cansado y, en ocasiones, más divertido, se aprestaron en El Mundo a cumplir con sus obligaciones apostólicas para con Galicia. “Es cierto que Alberto Núñez Feijóo no ha hecho la mejor campaña posible (…) pero representa la única posibilidad de voto útil para los electores de centro-derecha”, proclamaba el de Logroño en su editorial. “Yo entiendo a los gallegos que, aun detestando a Rajoy y a Feijóo, consideran más útil votar al PP (…). Entiendo incluso mejor a los del PP y del PSOE que voten a UPyD”, pregonaba el de Teruel en su columna. Las parejas no tienen por qué estar de acuerdo en todo.
Las últimas encuestas abrían la puerta a un cambio histórico en el Gobierno vasco, pero ese Quijote que es César Alonso de los Ríos no es de los que se deja engañar ni aunque los gigantes se disfracen de molinos. “Habría que valorar la subida de Patxi López como el salto del socialismo a las tesis nacionalistas (…). El PSE no es ya el PSE, ni el PP es ya el PP (…). Después de las elecciones, sea cual fuere el resultado, la idea de la nación española se desdibujará aún más”, sentenciaba en el ABC.
La lucidez es un bien escaso, y para confirmarlo bastaba escuchar en la Ser las simpáticas reflexiones de Margarita Sáenz Díez sobre la supuesta alegría del candidato de los populares vascos: “El contento de Basagoiti se debe a que percibe que va mejorando en expectativa de votos, pero también en la medida que le alegra enormemente que Patxi López mejore (…). La satisfacción de que Patxi López crezca ha sido evidente en Basagoiti”.
Cadáveres políticos
Este domingo toca elecciones, “un sistema higiénico –según explica Enric González en El País citando a Schumpeter– para desprenderse del político demasiado corrupto o demasiado incompetente”. Sobre lo anterior existen dudas razonables, aunque es cierto que la esperanza de vida pública de algunos dirigentes está en juego. ¿Veremos pasar por delante de nuestra puerta el cadáver político de Ibarretxe o el de Rajoy? Esperemos sentados por si acaso.
Sin precisar cómo ni dónde, Zapatero, por Moratinos interpuesto, ha aceptado, “siempre que las condiciones jurídicas sean aceptables”, acoger en España a un número indeterminado de presos de Guantánamo cuando Obama cierre ese centro que tanto le tortura. A falta de otras explicaciones, y salvo que se pretenda poner a los prisioneros un piso en Alcobendas para que ‘Pe’ los mencione cuando gane otro Oscar, lo que la Administración USA plantea es que sus aliados erijan sus propios guantanamitos en un remedo de la primera ley de la termodinámica: los limbos jurídicos ni se crean ni se destruyen, sólo se transforman.
“Estos presuntos terroristas o vienen como imputados y son juzgados en España, o piden asilo conforme a la legislación española o se les reconoce por anticipado su derecho a desplazarse libremente y a abandonar el país. En la ley española no hay más opciones ni condiciones jurídicas aceptables distintas a estas”, exponía ayer con buen criterio el editorial del ABC. Habida cuenta de que el Tribunal Supremo ya dejó claro que toda prueba obtenida en el Resort de Guantánamo es ilícita según la legislación española, las imputaciones contra los detenidos serían insostenibles.
En El Mundo, el abogado José Luis Sanz Arribas añadía argumentos por los que sería imposible juzgar en España a los detenidos. Y es que, aun reconociendo la jurisdicción universal que la Audiencia Nacional se ha arrogado para entender de delitos de terrorismo, para ello sería imprescindible “que otra jurisdicción no tenga abierto ya un proceso sobre los mismos hechos, como es el caso de los presos de Guantánamo”. ¿Se inhibirán los jueces norteamericanos a favor de Garzón? Todo podría ser.
El caso es que, mientras países como Austria, Holanda, Gran Bretaña o Canadá son reticentes o directamente contrarios a hacerle el favor a Estados Unidos, “a Zapatero, en cambio, le pesa el pecado original de su mandato y para lavarlo está dispuesto a convertir en Tablas de la Ley lo que diga míster Obama”, como explicaba ayer Ignacio Camacho en el monárquico diario. Ello no impedía a Pilar Cernuda mostrarse en el Granada Hoy a favor de la acogida: “Hay que arrimar el hombro en determinados asuntos”, sostenía sin su indignación habitual.
Amenaza islamista
Los socialistas, que vieron relación causa-efecto entre la implicación de Aznar en la guerra de Irak y el 11-M, parecen ignorar ahora la advertencia del editorial de Última Hora: “La presencia de supuestos miembros de Al Qaeda en territorio español (…) multiplica los riesgos de que nuestro país vuelva a ser un objetivo terrorista de los fundamentalistas islámicos”. Con todo esto, Zapatero ganará una foto con Obama. ¿Y nosotros?
La irrupción a mazazo limpio de un vecino de Lazkao en una herriko taberna después de que una bomba de ETA hubiera destrozado su casa en el atentado contra la sede de los socialistas vascos ha generado una intensa corriente de simpatía por su acción, pero, sobre todo, por su testosterona, que podría ser declarada en breve la hormona de la hermandad entre vascos y españoles. “Olé sus cataplines, olé sus flores inguinales, olé por la enorme maza que colgaba entre las piernas del personaje en cuestión” escribía un tal Pedro de Hoyos en su blog de Periodista Digital. Como si de panes y peces se tratara, la pelota vasca se ha multiplicado por dos y el milagro ha sido recibido con estruendosos aplausos por parte de la concurrencia.
Dejando a un lado su proverbial corrección política, los opinadores se han mostrado muy comprensivos con este rapto de violencia porque, al parecer, la ley del talión, si se aplica en Euskadi, es muy humana y no un signo de barbarie. “Me parece un tío cojonudo”, afirmaba Luis del Olmo en Punto Radio antes de escuchar a su amigo Juan Morano, diputado del PP y pacifista convencido: “Yo comparto lo que hace este tío. Ya está bien. Llega un momento en el que la gente no soporta más. En vez de uno tendrían que haber ido 50 o 60”. Pero no se llamen a engaño con Morano. “No me gusta la violencia, no la tolero, la rechazo absolutamente”, añadió. Queda claro.
De nada sirvió que María Antonia Iglesias llamara a la cordura –sí, como lo leen– y a no alentar este tipo de acciones. “Estaría encantado de defenderle”, proclamaba Javier Nart, con su voz de barítono. “Aquí estamos ante la realidad de la vida. Un hombre al que le han reventado la casa y coge un mazo y va a por ese hatajo de cabrones. Y punto”. En definitiva, que después de pasarnos 30 años admirando la contención de la víctimas y su valor cívico, elogiamos ahora su santa ira.
Y si hace falta, hacemos una colecta, como pedía José María Calleja en Onda Cero: “A este hombre no sé si le van a poner alguna multa, pero mal haríamos si no convocáramos a todo el mundo a que este señor no pague ni un duro. Es una mínima revancha la que se ha tomado. Tenemos que decir que esto no se hace, pero tenemos que entender que se haga”.
A por ellos
¿Estamos ante un héroe? Algo así sugería ayer Cristina de la Hoz en La mirada crítica de Telecinco. “El valor de este ciudadano es la ruptura de esa ley del miedo y del silencio, esa especie de omertá que hay en esta zona del Goierri. En este sentido, es hasta cierto punto esperanzador que la gente empiece ya a romper con el riesgo que conlleva enfrentarse a una mafia”. A por ellos, oé.
El “Robespierre sonriente”, que es como Raúl del Pozo bautizaba ayer a Zapatero, dejó caer la cuchilla, y de ahí las fotografías de Bermejo comprobando que el nudo de la corbata seguía en su sitio mientras daba cuenta de su liquidación. Es normal que, separada del tronco, la cabeza de los guillotinados mantenga la conciencia durante medio minuto, que fue el tiempo que empleó el ministro en hacer mutis. Cuando el cazador miraba al pajarito y a los flashes ya no tenía nada sobre los hombros. “Han sido las encuestas” las que han tumbado a Bermejo, aseguraba Ignacio Camacho en ABC.
Ramírez se aprestaba a colgar la testa aún chorreante en su salón de trofeos cuando Carmen Tomás le birló la alcayata y atribuyó en la Cope la gesta a Intereconomía. Aquello sublevó al de Logroño que, con el martillo en la mano, explicó que lo publicado por Época sobre la cacería con Garzón era un chau-chau y que a él la exclusiva se la brindó un oyente la emisora. Terminó relatando su llamada a Moncloa y cómo Zapatero ordenó a De la Vega que el Ministerio de Justicia dijera la verdad: “Y entonces ese rumor se convirtió en noticia”.
A quien no le cabía duda alguna era a Miguel Ángel Aguilar, cuyo desprecio por la víctima número 29 de los GAL es proporcional a la fascinación que ejerce sobre él: “Estamos ante un caso que confirma de nuevo la puntería certera de Jota Pedro, quien se apunta con la dimisión de Bermejo un trofeo de muchas puntas tan sólo pocas semanas después de haberse cobrado otro tan relevante como el del presidente del Real Madrid, Ramón Calderón”. En El País deben de estar encantados con la lisonja.
Caído el árbol de Bermejo, llegaba Hermann Tertsch con el hacha. Este hombre pilla un secuoya y la convierte en un mondadientes. En su escupidera de ABC se refirió al cesante como “el ministro de los correajes cerebrales”, “el gran depredador”, “el hombre que quiso matar al padre de la camisa azul abriendo cabezas a diestro, a diestro y a diestro” y “el Supremo Cazador de la Barra Americana”. Sin concesiones al epíteto, Herodoto Vidal, marcaba diferencias en La Razón. El Usain Bolt de la crónica histórica comparaba al verdugo de Bambi con Sejano, el defenestrado prefecto de la guardia pretoriana de Tiberio. “Nada dispuesto a que el menor escándalo le salpique una ceja, ha estrangulado (…) a Bermejo para lanzarlo a continuación a las turbas”.
Esperando a Rajoy
Tras soltar lastre, el PSOE mira al PP. “Ya veremos si contra Bermejo el Partido Popular vivía mejor, porque los sumarios de corrupción siguen instruyéndose y ahora tienen a un ministro menos para echarle la culpa de la cacería”, advertía Lucía Méndez en El Mundo. A Rajoy le toca mover ficha y olvidarse de la defensa siciliana.
Lo del 23-F, además de un misterio, se ha convertido ya en una coña marinera. Cada aniversario del golpecito de Tejero, como una constante histórica, se nos advierte de que no conocemos toda la verdad del episodio y se plantean nuevas incógnitas. ¿El jefe de la trama era un elefante blanco o el toro de Osborne? La novedad de este año han sido los docudramas, que han confirmado el viejo chiste de que el rey es un chapista de primera porque arregla los golpes por teléfono. Tal es la madeja de la conspiración que nadie se explica qué hace Luis del Pino, el Poirot del 11-M, liado con sus agujerillos negros, mientras nos tiene en ascuas sobre este descomunal enigma.
Año tras año, surgen documentos inéditos que, no por conocidos, resultan perfectamente innecesarios. En ABC, Jorge Trías confirmaba ayer que tiene en su poder “el proyecto de memorias” de Suárez, aunque en realidad se trata de folios manuscritos de Eduardo Navarro, uno de los colaboradores del ex presidente. “Según cuenta Eduardo, en sus conversaciones con Miláns el Rey le espetó: No me marcharé del país, me tendréis que fusilar”, refiere Trías. ¿Que cómo sabía Navarro lo que hablaban el rey y Miláns? Un misterio más que quizás se nos revele otro 23 de febrero.
Trías no es un historiador, pero sí dice serlo Alfonso Pinilla, que nos descubre en El Mundo lo que el golpe escondía, como lo haría un adivino con unos posos de café, porque “el secreto no habita en un lugar sino en un mirar”. Sostiene Pinilla que la clave de la bóveda del 23-F, “una trama donde no sólo había trazas franquistas sino movimientos políticos inconfesables”, es el Gobierno de concentración que propuso Armada a Tejero. ¿Que cuáles eran estos movimientos políticos inconfesables? Pinilla se lo reserva, ya sea para generar expectación o porque el café nunca lo cuenta todo.
El 23-F es un arcano, incluso, para sus cronistas. Pepe Oneto, que en La Estrella Digital recuerda haber escrito tres libros sobre el tejerazo, confiesa que ni él mismo ha sido capaz de aclarar la implicación de los servicios secretos ni el papel de la embajada de EEUU. “Probablemente, cuando se desclasifiquen documentos del Departamento de Estado dentro de unos años, algunas de estas incógnitas se resolverán”, augura. ¿No les reconforta saber que en futuros 23-F habrá nuevas revelaciones?
Golpe al descuido
Sólo Carrascal parece despreciar las conjeturas. Lo que constata en ABC, con errata incluida, es que “Tejero apuntaló el barbuceante (sic) régimen que intentaba derribar” y además se rindió, mientras que ahora “el asalto a las instituciones del Estado no hace más que aumentar”. ¿Nos están dando un golpe al descuido? Como se sienten estamos perdidos.
Ernie Loquasto, el sempiterno habitante del Savoy, se lo explicó una vez a José Luis Alvite, el mejor columnista de La Razón: “La Ley y el crimen se parecen en que sólo consiguen obediencia cuando despiertan temor. Es el miedo al castigo lo que hace sumiso al hombre”. Admitiendo este razonamiento, el referéndum que pide el padre de Marta del Castillo para decidir sobre la implantación de la cadena perpetua tendría mucho sentido. Lo que pasa es que ni esto es Chicago en los años veinte, ni padecer un hecho terrible carga de razón a quien lo sufre. ¿Deben decidir las víctimas de los accidentes de tráfico cuáles han de ser los límites de velocidad?
La cadena perpetua es la ley del talión vestida de Versace, tan brutal como dejar mancos a los ladrones y bastante antieconómica. Es posible que en alguna época hubiera en las cárceles más talento que en las universidades, pero ahora lo que abundan son delincuentes a los que convendría rehabilitar porque su mantenimiento nos sale por un pico. “Condenar a alguien para toda la vida no sólo es terrible, sino carísimo. Hay que darle de comer y de dormir. Vigilancia y alojamiento. Nadie ha encontrado en ningún país una solución mejor, pero en el nuestro se nos oculta el coste real”, aseguraba ayer Manuel Alcántara en El Correo.
En Estados Unidos, que son muy mirados para eso del dólar, la crisis les ha empujado a echar cuentas. En el económico La Gaceta podía leerse lo siguiente: “Una condena a muerte cuesta diez veces más que la cadena perpetua. De hecho, en varios estados están en trámite proyectos para abolirla”. En resumen, enchironar de por vida a un asesino es más barato que darle matarile y, a su vez, sale más económico rehabilitarle tras una pena prolongada que dejar que se muera entre rejas.
Es verdad que el ahorro de costes no es un argumento definitivo. En La Voz de Cádiz, Ángel Gutiérrez compara la crueldad de la cadena perpetua con la del asesinato. “¿No es más inhumano matar a sangre fría a una chica de 16 años y hacer desaparecer su cuerpo?”, inquiere. Pregunta por pregunta: ¿El objetivo de la Justicia debe ser igualar en barbarie a los criminales?
Inconstitucional
“Más le valdría a Bermejo preparar una reforma del Código Penal que incluya la cadena perpetua para determinados delitos”, sugiere Justino Sinova en El Mundo. ¿Sería esto posible? Javier Pérez Royo lo rechaza en la edición andaluza de El País: “No tiene cabida en la Constitución”. Se requeriría modificarla mediante “mayoría de dos tercios en ambas Cámaras en dos legislaturas consecutivas y la ratificación en referéndum”. El mecanismo es idéntico al que se exige para cambiar la primacía del varón al trono. ¿Aceptará la Corona compartir papeleta con la cadena perpetua?
Vestirse en Milano empieza a ser tradición entre los dirigentes del PP valenciano. Allí compraba sus trajes Salvador Palop, el fallecido ex concejal que protagonizó el ‘caso Naseiro’, y allí se maquea, al parecer, el presidente Francisco Camps, a quien el fiscal involucra en la trama de corrupción que investiga Garzón. Camps habría aceptado, presuntamente, que una de las implicadas llenara su fondo de armario con ternos azules, grises, ojo de perdiz y hasta de raya diplomática. El valenciano anunciaba ayer querellas. Estaba muy elegante y no le tiraba la sisa.
Por Camps ponía la mano en el fuego Carmen Gurruchaga en Onda Cero, cuya estima por el presidente autonómico no pasa inadvertida. “Yo le tengo por muy listo (…). Es un hombre que se prepara bien. No creo que se pringue por 30.000 euros en trajes. Sería muy torpe y no tengo por torpe al presidente de la Comunidad Valenciana. Ahora que el daño que están haciendo al PP en una campaña electoral es irreparable. No puede ser que Garzón pueda hacer este tipo de cosas sin que pase nada”, manifestaba con mucho sentimiento.
Sobre esta ola de solidaridad con el barón del PP surfeaba también el mundial Ramírez, cuyo periódico se enteró por la prensa del informe de la Fiscalía. “Comprendo cómo ha de sentirse Camps. Debe de sentirse víctima de una persecución”, explicaba en la Cope, como si él también supiera lo que es el acoso a cuenta de algún traje. Por si las moscas, se curaba en salud: “A los valencianos y a la opinión pública en general lo que nos interesa es que quede aclarado rápidamente si Camps ha aceptado ese regalo, que no tendría que ser delictivo pero sí irresponsable”.
“¿Y por qué no investigan la Fiscalía Anticorrupción y el juez Garzón al presidente de la Junta de Andalucía Manuel Chaves?”, se preguntaba en ABC Edurne Uriarte, quien, a buen seguro, se lo hubiera seguido preguntando de haber conocido el paño sobre Camps. A Uriarte, que ha mejorado algo con la sintaxis, le subleva que Anticorrupción se ocupe del PP cuando, al parecer, existe un “Correa socialista” llamado Bendito que es un malvado, lo cual no deja de ser curioso. “No creo que la corrupción del PP sea mayor que la del PSOE”, sentenciaba.
Juicios vikingos
Poner la mano en el fuego por alguien tiene mucho peligro. En eso, hay que aprender de Rajoy, que cada vez que ve un mechero se enfunda los guantes. A Alicia Huerta, que columnea en El Imparcial de Anson, no le gusta la expresión porque le recuerda “esos juicios vikingos en los que sólo por intervención divina podías salir relativamente indemne después de agarrar un hierro candente para demostrar que no eras culpable”. El PP está muy quemado; más que la pipa de Balbín.
Casi a la misma hora a la que Amando de Miguel, el sociólogo de cabecera de Esperanza Aguirre, profetizaba en Onda Cero que ese “pobre hombre” que es el ministro de Justicia “acabará por irse”, Bermejo anunciaba en el Congreso que no dimitirá porque tiene que “trabajar por el país”, siempre y cuando no sea en fin de semana y tenga un jabalí a tiro, que en todos los curros se fuma. Sucedía todo esto el día de la primera huelga de jueces de la historia, aunque, según cuenta Antonio Gala, ya lo estaban hace 25 años cuando un “empleado infiel” le birló objetos de su familia, tatarabuelos incluidos, y el de la toga le dio la enhorabuena “por estar vivo aún”.
A tenor del relato que también en El Mundo hacía el magistrado José Carlos Orga, lo de ser juez es una condena, sobre todo si te toca guardia en Nochevieja que además se paga fatal. Su señoría sufrió el desgarro de que su perro Epi no saliera a recibirle. “Era prácticamente un cachorro, 12 meses tendría, pero llevaba 23 horas esperándome y eso es demasiado para cualquiera, por muy Labrador adorable que seas”. Leyendo el testimonio de Orga uno no se explica cómo le ha dado tiempo a tener 4 hijos porque siempre vuelve a casa cuando todos duermen, salvo Epi que le mira con ojos de Labrador y -se supone- le mueve el rabo.
Ajenos a esta conmovedora historia, Enric Sopena y Margarita Sáenz Díez, el matrimonio mas famoso del gremio de tertulianos, coincidían en su valoración sobre el paro, haciendo bueno el dicho de que pareja que opina unida se mantiene unida. “Cuando las asociaciones de jueces mayoritarias no están en el mismo barco quiere decir que la huelga tiene otros intereses subterráneos que la hacen de alguna manera más contaminada”, explicaba ella en la SER. “Esta huelga, les guste o no a los huelguistas (…) nace contaminada (nótese la coincidencia contaminante) por el caso Tirado (…) a partir de un movimiento de solidaridad corporativa con el juez Tirado”, sostenía él en RNE.
Teóricamente, la de ayer era una protesta contra la falta de medios de la Justicia, aunque para José María Carrascal en ABC también lo fuera “contra el ministro del ramo”, entre otras razones por su frivolidad, falta de sentido jurídico y “por su lamentable sentido del humor”. ¿Se puede mandar la toga al tinte porque Bermejo tenga menos gracia que Urdaci deletreando? No parece serio.
Facturas y sueldos
Sea como fuere, Mariano el cazador pagará tarde o temprano alguna de las facturas que ahora se le pasen al cobro. ¿Y los jueces? “¿Y si nos diéramos cuenta de que no se ha notado su ausencia?”, se preguntaba Manuel Alcántara en El Norte de Castilla. No pasará nada. El siguiente ministro les subirá el sueldo.
El aquelarre que organizó la televisión, todas las cadenas, cuando la desaparición y posterior hallazgo de los restos de las niñas de Alcásser, empalidece al lado de este que, de nuevo al unísono, están montando a cuenta del asesinato de Marta del Castillo, del dolor de su familia y del submundo adolescente”. El arranque me lo presta Rafael Torres, al que leo en La Opinión de Málaga. Desde que se inventó la cuota de pantalla, lo más nauseabundo de algunos crímenes son sus cronistas.
Como recuerda Torres, tanto fueron los desafueros de nuestros pulcros comunicadores, tanto su pecado, que la redención requirió de un chivo expiatorio llamado Nieves Herrero, la “chica rubia fría y desaprensiva” a la que retrata José Luis Alvite en El Faro de Vigo. Entonces se instaló en la sociedad “la idea de que no hay un solo acto, por execrable que sea, cuya valoración moral no mejore sensiblemente al convertir la conciencia en expectación; el espanto, en audiencia; y las náuseas, en publicidad”. Y ahora, “si nada los detiene –apuntaba Alvite– los carniceros de la televisión reincidirán” en esa misma actitud carroñera.
¿Es carroñera Ana Rosa Quintana por entrevistar en Telecinco –se supone que pagando– a la actual novia del presunto asesino, una niña de 14 años? ¿Es vomitiva la estrella de la mañana por intentar sin éxito que el padre de la víctima confiese en directo que estrangularía al asesino? Nada de eso. Nos gusta Ana Rosa, especialmente sus reflexiones al volapié sobre la condición humana: “Un chaval de 20 años que resiste tres interrogatorios (…) con un tema muy grave, y que resiste, resiste y resiste, es una persona a tener en cuenta”. ¿No les parece profundo?
Ante sucesos semejantes es difícil resistir la tentación de adentrarse en la psicología o de relatar experiencias personales también próximas a la náusea, como la de la amiga rica y soltera de García Barbeito. “Cuando le comentábamos la hermosura de sus propiedades –relataba sin rubor en el ABC de ayer– nos dijo con tristeza a los íntimos: cambiaría toda esta herencia materna por el abrazo que nunca me dio mi madre”. Nada que ver con la progenitora de María José Navarro, la mujer que escribe Insensateces en La Razón, siempre interesada en saber “con quién iba, con quién estaba, a qué me dedicaba”. Por cierto, ¿mejoró de la rodilla?
Los malos
Para explicar la conducta de un asesino hay quien se acuerda de su familia, aunque, como explica José Joaquín León en el Diario de Jerez, “no es una causa forzosa en su perfil”. Hay malos engendrados por bellísimas personas y chicos de 20 años educados con liberalidad que matan mujeres porque las creen suyas. Y hay periodistas lustrosos que se alimentan vorazmente de mierda.
Por si no teníamos bastante con los venados de Bermejo, la Policía de Madrid –se supone que a las órdenes del ministro Rubal-caba–, se ha lanzado a la caza del extranjero indocumentado siguiendo, eso sí, escrupulosos criterios poblacionales y de criminalidad. Se trata de capturas tan científicas como las de Doñana. Del “hecho cinegético” de don Mariano hemos pasado al hecho delincuencial de don Alfredo. Hay que detener a un cupo de sin papeles a la semana, preferiblemente magrebíes, porque se les puede mandar a su pueblo en La Sepulvedana y nos sale más barato. A los agentes mas aplicados, se les premia con días libres; para ellos, la inmigración sigue siendo una oportunidad, que decía Zapatero.
“No entiendo por qué se ha armado este revuelo”, aseguraba ayer en Punto Radio el afamado repartidor de anchoas Miguel Ángel Revilla. Para este distribuidor, pluriempleado en la Presidencia de Cantabria y ferviente admirador de Rubalcaba, “no hay cupo; es que todo el que no tenga papeles, todo el que haya entrado en España de manera ilegal, es una persona que está al margen de la ley”. Pero no nos paremos en redundancias. La obligación de la Policía es, a su juicio, “situarles en el lugar adecuado para que luego se tomen las decisiones oportunas”. Puro y simple raciocinio.
Menos convencido se mostraba Ignacio Camacho en Onda Cero. “Me gustaría oír a Rubalcaba una explicación sobre este tipo de prácticas y sobre las vejaciones guantanameras que se están produciendo en algunos centros de detención”. No era el único molesto. Pilar Cernuda, de profesión indignada, se mostraba un día más irritadísima: “Me parece una indecencia por hipocresía. ¿Cómo podemos pasar del papeles para todos, que yo critiqué y me llamaban xenófoba, a dar instrucciones para que indiscriminadamente se cace a los inmigrantes como a perros?”.
Esta última metáfora se repitió con variantes. A Agustín Yanel le parecía “vergonzoso” que se detuviera a un número concreto de inmigrantes “como si fueran ovejas”. Según la moda de los tiempos, concluía su reflexión en RNE con un expresivo “no doy crédito”. Tampoco lo daba Josep Ramoneda en la Ser, que aconsejaba a Zapatero leer el New York Times y su petición a Obama de que proteja a todos los trabajadores legales e ilegales: “Que un Gobierno de izquierdas predique la caza al hombre como un Gobierno de extrema derecha me parece realmente lamentable”.
Coherencia
Y es que, como explicaba ayer Fermín Bocos en la tertulia de Luis del Olmo, “venimos de la Alianza de Civilizaciones, de dar sermones en los foros internacionales acerca de los Objetivos del Milenio, de decir que España es la patria de tutti quanti…”. Hay cacerías muy peligrosas donde lo primero que se mata es la coherencia.