Opinion · Otras miradas

Ante la guerra, feminismo

Andrea Momoitio

Periodista remasterizada y coordinadora de @pikaramagazine

Andrea Momoitio
Periodista remasterizada y coordinadora de @pikaramagazine

Si no supiera que mi abuela Esther fue obligada a casarse con un hombre al que no conocía, no valoraría tanto mi libertad para elegir a quién amo; si no supiera que las compañeras del Colectivo de lesbianas feministas de Bizkaia eligieron ese orden y no otro tras horas y horas de discusiones, me faltarían herramientas para agradecer tanto que yo no haya tenido que discutir con nadie para poder definirme así; si no supiera que Elisa y Marcela tuvieron que huir de su tierra para quererse en libertad, no disfrutaría tanto del camino que me lleva a la casa que comparto con la mujer a la que amo; si nadie me hubiese contado que ahora puedo casarme porque otras se dejaron las uñas frotando la caspa de unas instituciones que aún no tienen el pelo del todo limpio, no valoraría tanto la opción que yo tengo ahora; si no supiera que Pikara nace sostenida por el trabajo y la historia de otras periodistas feministas que nos precedieron, no disfrutaría tanto de nuestro propio éxito; si no supiera, si no supiera, si no supiera… sería otra bien distinta. La posibilidad de explorar nuestro pasado para construir una memoria colectiva que nos impulse al futuro se convierte en una aventura apasionante en todos los casos, pero el reto es mucho más emocionante aún si lo que se pretende es explorar la memoria colectiva del movimiento feminista, que ha sido tradicionalmente silenciada entre batallas, logros y pérdidas de hombres.

El movimiento feminista de Euskal Herria ha convocado para este sábado una manifestación antimilitarista en Santurtzi, una población cercana a Bilbao en el que está situada el puerto del que parten barcos llenos de toneladas de armas con destino a Arabia Saudí. Denuncian que la dictadura saudí utiliza estas armas para reprimir los Derechos Humanos de la población, entre ellos, obviamente, los de las mujeres. La guerra empieza en la puerta de casa y el movimiento feminista se niega con esta convocatoria a hacer oídos sordos al ruido de tantas y tantas muertes. El Puerto de Bilbao, además, ha construido en sus instalaciones un muro que evita el libre tránsito de personas sumándose así a la tendencia europea de atrincherarse entre sus privilegios. Denuncian también en su manifiesto que “empresas como SENER, ITP y SAPA, situadas en territorio vasco, colaboran con su tecnología en la fabricación de armamento”. Ante la guerra, feminismo.

Si no supiéramos que en 1981 las mujeres de Greenham Common organizaron un campamento de paz para protestar por la decisión del gobierno británico de permitir misiles cruceros en la base de la OTAN de la localidad, no marcharíamos este sábado. En mayo del 82, 250 mujeres bloquearon por primera vez la base; en diciembre del mismo año ya eran 30000. El 1 de abril de 1983 alrededor de 70000 personas se manifestaron construyendo con sus cuerpos una cadena humana de 23 kilómetros. ¿Si no lo supiéramos?

La manifestación a la que llama el movimiento feminista de Euskal Herria está sirviendo para recuperar la memoria histórica de estas mujeres, olvidadas también por quienes escriben los libros de historia y su mirada androcéntrica del mundo. Llaman a la ciudadanía a una movilización que pretende mostrar nuestro desacuerdo no sólo con la venta de armas a Arabia Saudí sino con la vulneración sistemática de Derechos Humanos que estamos observando atónitas y, a veces, apáticas. La convocatoria sirve también para recordar que el movimiento feminista, además de reivindicar el derecho de las mujeres a vivir vidas libres de violencia o tener plena capacidad de decisión sobre sus cuerpos y sus vidas, es una teoría de pensamiento que propone y reivindica nueva formas de habitar el mundo. El feminismo aboga por poner la vida en el centro, por un reparto justo de la riqueza; plantea nuevos mundos, los imagina, los construye, los vive y los impulsa con acciones políticas muy distintas en cada momento y contexto histórico.

Cuánto nos quedará por saber. Cuántas historias aún tenemos que recuperar. Cuántos de nuestros dolores actuales responderán a la invisibilidad a la que hemos sido sometidas; cuántas compañeras tenemos que reivindicar y honrar aún; cuántas formas de lucha política feminista habrán sido silenciadas, ninguneadas; a cuántas muertas no hemos llorado aún, cuánta falta nos hace reconocernos parte de una historia común, compartida, propia, viva, que nos ha traído aquí y que nos llevará el sábado a Santurtzi para gritar que no toleramos, consentimos ni callamos ante la flagrante deriva autoritaria y militarista que está tomando la Unión Europea. Mientras las luces de navidad se encienden en nuestras ciudades, miles y miles de personas en todo el mundo pagan las consecuencias de las políticas públicas de nuestros gobernantes y de nuestra indiferencia. Si no lo supiéramos, quizá si no lo supiéramos, podríamos excusar nuestra inacción, pero lo sabemos.

NOTA DE LA AUTORA: En una primera versión del manifiesto de la marcha feminista antimilitarista, que recogí en este texto, se señalaba a una empresa más por su relación con la fabricación de armas. En la última versión del manifiesto, que se leyó al final de la marcha, no se les nombró por lo que he decidido yo también quitar su nombre de este artículo. Por cuestiones éticas, no quería hacer una modificación tan sustancial del mismo sin señalarla