¿Qué debate veremos esta noche?

07 Dic 2015
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César Calderón, Ana Salazar, Ana Aldea, Jacinto Lajas y Joaquín Dobladez
Consultores políticos especialistas en campañas electorales de la compañía de consultoría estratégica Redlines

¿Deciden los debates el resultado de una campaña electoral?

Si estuviéramos en una campaña electoral tradicional, la respuesta sería un no rotundo.

Los estudios demuestran que su influencia a la hora de cambiar de opción política nunca supera un 1,5%, mientras que muestran una mayor eficacia a la hora de animar a los ciudadanos a ir a las urnas (en torno al 8%) y, sobre todo, refuerzan la decisión de voto previamente tomada (en torno al 12%).*

Pero la cosa es que no estamos en una campaña electoral tradicional, por primera vez cuatro partidos compiten en todo el territorio del Estado con posibilidades reales de conseguir diputados, y sobre todo, las diferencias son tan exiguas que cada voto cuenta.

Esta urgencia es la que ha llevado por primera vez en nuestra historia democrática a que los partidos, que hasta ahora eran quienes marcaban férreamente las reglas del debate, hayan tenido que aceptar las condiciones impuestas por una cadena de televisión, perdiendo el control y obligando a sus candidatos a someterse a un debate abierto, sin atriles, casi sin normas y sin tiempos cerrados de intervención.

¿Qué es un debate electoral?

En Redlines hemos tenido la oportunidad de participar en la preparación de un buen número de debates con candidatos de ambos lados del charco y, si algo hemos aprendido, es que un debate electoral es básicamente un juego de expectativas. Si consigues que tus rivales vayan al debate con la vitola de ganadores antes de haber abierto la boca, ya tienes hecha la mitad del trabajo, porque cualquier acierto de tu candidato será interpretado como la victoria de Iwo-Jima, y cualquier mínimo error del contrario será casi como el desmoronamiento del imperio romano a manos de las hordas bárbaras.

Un apunte más para que puedan ponerse en la piel de los cuatro candidatos que debatirán esta noche: de todas las suertes que componen una campaña electoral, la que más destroza los nervios a los candidatos es la del debate televisivo.

Mientras en el resto de los momentos de campaña están rodeados por sus equipos, en un debate el candidato está solo, expuesto y desamparado en un escenario que no domina y lo que es peor, a escasa distancia de sus mayores enemigos. Y esto —les aseguro que lo hemos visto— puede convertir al candidato más dulce y correcto en un verdadero orco de Mórdor en los días previos al mismo.

La puesta en escena del debate

En un debate no sólo es importante lo que se dice, sino cómo se dice. El 70% de nuestras percepciones son visuales y, cuando se enciendan los focos, lo que veremos serán tres hombres y una mujer.

Este debate es el reflejo de una sociedad que, a pesar de haber conseguido grandes avances en la igualdad de género, la realidad es que los aspirantes a dirigir el país siguen siendo hombres. El género femenino estará presente, pero será por cortesía de quien no tiene tiempo para estas cosas. Cierto es que la diferencia de edad entre el presidente en funciones y el resto de aspirantes nos hubiera dado una foto de poca ayuda para quien propone continuar con lo que ya tenemos.

La puesta en escena con los cuatro candidatos de pie y sin atril aumenta notablemente la exposición de los candidatos, permitiendo que el votante reciba más información de cada uno de ellos a través de su comunicación gestual.

Pedro Sánchez es el candidato que mayor rentabilidad obtiene de este tipo de formatos, debido a su estatura y su porte, mientras que Soraya tendrá más capacidad para llamar la atención por aquello de ser “la única”. Rivera e Iglesias, los más acostumbrado a hablar sin atril, serán los que más cómodos se encuentren.

En el debate de la semana pasada, el atuendo de cada uno de los debaters les ayudaba a emitir ese tipo de información que sutilmente llega al cerebro y ahí se queda. Rivera enchaquetado y encorbatado aspirando a proyectar solvencia a pesar de su juventud. Sánchez, enchaquetado y sin corbata contribuía con un toque de modernidad a un partido centenario, mientras que Iglesias mostraba rechazo a la “casta” con un descamisado cuello corbatero.

Lo normal y lo inteligente sería que se presenten al debate de la misma forma que lo hicieron la semana pasada; en tal caso, parece lógico pensar que Soraya aprovechará la ocasión para aportar un toque de color, diferenciándose aún más de un escenario en escala bicromática.

Las estrategias del debate

¿Qué estrategias desarrollará cada candidato?

Aunque todos son conscientes de que necesitarán alianzas tras el 20-D si quieren gobernar, no esperen que sean escenificadas en la noche del lunes. No habrá ninguna concesión al adversario, los campos de batalla previsibles serán:

  • Ideológico. Derechas contra izquierdas más o menos moderadas o más o menos evidentes.
  • Vieja política versus nueva política. Sobre todo en materia de regeneración política e institucional.
  • Gobierno versus oposición. Aquí Soraya asumirá el papel de Gobierno con sus banderas de campaña: “hemos revertido la situación económica, garantizamos la unidad de España”. La defensa frente a tres formaciones que pretenden llegar a la Moncloa no estará exenta de reproches al anterior gobierno socialista. Esto lleva a un camino abierto para Iglesias y Rivera que, si no es bien jugado, puede llevar a un cuarto escenario de enfrentamiento.
  • Experiencia versus inexperiencia, que por otro lado, es el marco principal de la campaña del PP.

El postdebate y el debate en internet y las redes sociales

El debate no correrá sólo por la televisión, internet y las redes sociales han demostrado que son un caldo de cultivo tremendamente propicio para este tipo de formatos, multiplicando el impacto de los mismos hasta niveles nunca antes conocidos.

Este lunes veremos una auténtica batalla campal en las principales redes sociales, en las que los estrategas y activistas de cada partido tratarán de buscar contradicciones de los rivales y ridiculizar sus errores mientras apoyan los argumentos de su candidato preferido.

No esperen grandes niveles de sofisticación ni humor británico, en dos horas da poco tiempo para exquisiteces. Mucha sal gorda y poca finezza.

Y una de las claves principales: en cuanto acabe el debate, cada partido intentará llevar a sus activistas a que voten en masa en las diferentes encuestas que abran los principales medios online. Quien tenga más pegada durante los 10 primeros minutos de cada encuesta tiene altas probabilidades de llevarse el gato al agua.

 

*Los debates electorales y su influencia sobre el liderazgo, avances en la investigación aplicada al caso español. Antonio Garrido y Javier Sierra, Universidad de Murcia, 1993.


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