Opinion · Otras miradas

Víctimas de ETA (y 3): unas más que otras

Víctor Sampedro

Catedrático de Comunicación Política, sus obras pueden consultarse en www.victorsampedro.com

Víctor Sampedro
Catedrático de Comunicación Política, sus obras pueden consultarse en www.victorsampedro.com

En las dos anteriores entregas constatamos que la prensa de referencia no atendió a las víctimas de ETA cuando más eran en número y que esa atención se debía a una lucha partidista para dificultar las treguas de los gobiernos “hostiles” a los alineamientos político-partidarios: El País combatió al PP y El Mundo al PP. Ninguno de los dos a ETA. Ahora añadimos la condición profesional de las víctimas. Como señala el cuadro, ETA mató en la última etapa a políticos, periodistas y magistrados. Como actores públicos ya gozaban de una presencia mediática considerable y constante; pero ahora eran también objetivos terroristas.

Víctimas de ETA por grupos profesionales

tabla1Datos tomados de Sánchez Cuenca, Ignacio (2001) ETA contra el Estado. Las estrategias del terrorismo. Madrid: Tusquets. Cambiamos la etiqueta de este autor “Frente nacionalista (1998-2000)”, que identificaba las estrategias de ETA y el PNV,  por “Fase de propuestas políticas” y ampliamos su tiempo de duración (1995-2007).

Apuntando sus pistolas contra los políticos (22% de las víctimas en la última etapa) o los magistrados y los periodistas, ETA podía darse por satisfecha. La Prensa hizo dos cosas: ayudó a ETA a coaccionar a la opinión pública, visibilizando como se cebaba en sus representantes, y aumentó la desigualdad acumulativa respecto a las víctimas más humildes y con menos protagonismo público. Por recato y contención, no reproduzco aquí cuántas noticias le tocaban un guardia civil asesinado, en comparación con un periodista, un concejal o un diputado.

Hubo, por tanto, víctimas silenciadas y víctimas homenajeadas. Casi el 90% del total de los asesinados – fuerzas de orden público, militares y población civil – se convirtieron en protagonistas de la información y los debates parlamentarios, pero sin participar de ellos. Quedaron a merced del olvido o la manipulación. En cambio, algunas víctimas homenajeadas transformaron su poder simbólico en protagonismo efectivo. Ciertos políticos, magistrados, intelectuales y periodistas  afectados por ETA se convirtieron en voces autorizadas. Con un plus de legitimidad, intervinieron en decisiones y debates sobre política antiterrorista. El víctimato del que hablaba Sánchez-Ferlosio, al que citábamos en la anterior entrega de estos artículos, se convertía casi en un icono de las libertades, al tiempo que subrayaba la inhumanidad del terrorista. Así se alzó un panteón de mártires democráticos. Nada que objetar, porque es del todo legítimo, si no fuese porque excluye a  los héroes de la democracia del 36, aún enterrados en las cunetas, o a quienes nunca salieron de las cloacas de la Transición.

No es preciso reivindicar más mártires. Basta con centrarnos en los que ETA provocó. Como vimos en la anterior entrega, la cobertura de los diarios de referencia demuestra que no pusieron cara ni dieron voz a los afectados cuando eran imprescindibles para expresar sus carencias, lo que hubiera correspondido a los años 80. En realidad, perjudicaron las negociaciones que querían poner fin a ETA. Ferlosio denunciaba la capitalización moral de un dolor que, en gran medida, era ajeno. En todo caso y por desgracia, se repartió entre muchos sectores sociales y profesionales. Pero se manifestó en los momentos en los que el conflicto podía acabar.

Y en ese punto seguimos, desde que hace un lustro ETA suspendió sus actividades. Nada se ha hecho desde Madrid para impulsar el desarme y la disolución definitiva. Los tribunos del bipartidismo, sus socios de gobierno y la Prensa afín demostraron en la investidura de Rajoy que ellos sí mantienen el arsenal discurso y gestual intacto. Los sucesos de Alsasua demuestran que, aunque ETA cese, la Audiencia Nacional está dispuesta a seguir condenándola.

La mordaza es de quita para quien la inventó

La hemeroteca y el diario de Sesiones del Congreso atestiguan que el PP se desbocó antes que P. Iglesias, cuando en la investidura fallida de P. Sánchez protagonizó la escandalera de la cal. Dijo entonces que “Felipe González tiene el pasado manchado de cal viva”. Pero, como ha recordado el gran periodista que es Antonio Maestre, se le adelantaron bastantes cargos del PP. Dejan a Iglesias de recatado.

En 1998 Francisco Álvarez-Cascos pidió a González que no le pusiese “una losa de cal viva” por insinuar su participación en los GAL. Ana Torme, portavoz adjunta del PP en el Congreso, le agradeció al PSOE en 2006 que no utilizara la “cal viva” con los  militantes del PP detenidos tras el intento de agresión a José Bono, cuando participaba en una manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Eran los tiempos en los que la AVT exigía carnet del PP a los socialistas que parecían tenerlo y en sus manifestaciones vetaba la presencia de representantes de otros partidos. Cualquier oportunidad era buena para prender la hoguera; aunque se hablase de la situación del cine español. De modo que en 2007 el senador del PP Juan Van Halen Acedo interpeló a la ministra de Cultura Carmen Calvo con este arranque: “Quiero dedicar un recuerdo a los 18 españoles muertos en la guerra de Afganistán votada por don José Luis Rodríguez Zapatero. Y esto es tan claro como la cal viva, señor presidente”.

Resulta inverosímil que, tras la abstención a Rajoy, el PSOE sea capaz de denunciar la corrupción del PP o la guerra sucia contra los nacionalistas y Podemos en los términos empleados por la diputada del PP en 2009, María del Carmen Guerra. Reprochaba al ministro del Interior, A. Pérez Rubalcaba, una investigación de la Policía Nacional sobre el PP de Canarias: “Eso no es normal, señor ministro. A usted esto le puede parecer normal porque usted formó parte de un Gobierno donde ha quedado demostrado que algunos, si tenían que robar, robaban; si tenían que secuestrar, secuestraban, y si tenían que matar, mataban. [La señora Elena Valenciano Martínez-Orozco interviene: ¿Si tenían que matar, mataban?] Señor ministro, es más, hasta enterraban en cal viva, algunos de los miembros de ese Gobierno del Partido Socialista, del que usted formó parte. [Rumores.]”.

Gestos vs. hechos

Quizás se les hubiera pasado (como a mí) que el jueves 20 de octubre el Congreso de los Diputados fue incapaz de consensuar una declaración institucional sobre el quinto aniversario del cese de actividad de ETA. Apenas lograron redactar un borrador de dos párrafos. Y ni así.

“En el 5º aniversario del fin de la violencia de ETA, el Congreso de los Diputados manifiesta su satisfacción por un presente de convivencia en el recuerdo y homenaje a todas las víctimas del terrorismo.

“Afirmamos nuestro compromiso por un futuro donde las ideas políticas, desde la tolerancia, puedan seguir defendiéndose en libertad y en el respeto a los principios democráticos, y en el que ETA culmine su disolución”.

El proceso de negociación sirve de adelanto futuro de las propuestas promovidas por un hipotético eje parlamentario progresista en la nueva legislatura. Eduardo Madina (PSOE), Pablo Iglesias (Podemos) y Aitor Esteban (PNV) redactaron el texto de mínimos, que debía ser leído al final del pleno del Congreso. El PNV incorporó al acuerdo a Francesc Homs del PDC; Iglesias a ERC y Madina a Ciudadanos.

En el último momento y a punto de conseguir la adhesión de Bildu (pedía sustituir “disolución” por “desarme” y esto le parecía factible a Madina), la entonces vicepresidenta S. Sáenz de Santamaría  ordenó abandonar la negociación. Según explicó Rafael Hernando, portavoz del PP, el texto era inasumible porque no identifica a ETA como banda terrorista, no habla de victoria del Estado de Derecho ni de la derrota de la organización y no emplaza a su disolución y a la entrega de las armas.

Sirva de muestra de que la derecha nacionalista española sigue pensando que el único final de sus enemigos ha de ser “cautivos y desarmados”, de pistolas y discurso.

Y la estampa final del sufriente Antonio Hernando

Si prosiguen en sus puestos y mientras así sea, Rafael y Antonio Hernando harán un buen dúo. El primero llevará la voz cantante y el segundo le hará acompañamientos y segundas voces. El rostro  del portavoz socialista durante la investidura triunfal de Rajoy, apenas disimulado, pretendía traslucir que tragaba sapos y culebras por “la gobernabilidad de España”. Me temo que es su dieta regular desde hace tiempo, aunque hace siete años le sentaba mejor. Permítanme que comparta un recuerdo para poner fin a este texto.

En mayo de 2009 me invitaron a la Universidad de Valladolid en Segovia. Eran las III Jornadas sobre Comunicación Política con el título de “Lecciones sobre Comunicación de crisis“. La convocatoria decía: “La justificación de esta temática no sólo viene por la actual coyuntura de crisis económica, sino también por el quinto aniversario del 11-M”. Compartí mesa con otro compañero universitario, y en la siguiente comparecían Antonio Hernando Vera, entonces Secretario de Política Municipal de la Ejecutiva Federal Socialista, y Carlos Floriano Corrales, entonces Secretario de Comunicación del Partido Popular.

Hernando y Floriano apenas dedicaron palabras a las casi 200 víctimas y más de 1500 familias heridas por el yihadismo hacía 5 años. Bastó una breve mención de “solidaridad” por parte de ambos. Luego Floriano insistió en la teoría de la conspiración y Hernando despejó balones hacia los tribunales, sin emplear un solo argumento en desmontar las patrañas conspiranoicas. Entonces era necesaria mantener la crispación, como confesó Zapatero al jefe de los Tedax. Mientras Rubalcaba se negaba a pagarle las costas del proceso abierto por los periodistas de el El Mundo que le acusaban de manipular las pruebas de los explosivos.

La estampa segoviana retrata a un PP y un PSOE que se solidarizaban con unas víctimas a las que, en cambio, negaban la certeza de la identidad de sus verdugos. El funcionario de policía, que mantuvo la validez de las pruebas de que el explosivo del 11M había sido Titadine, se enfrentaba solo a políticos y periodistas que hacían del terrorismo el motor de la crispación. Porque solo desde ahí (desde la negación de la realidad) podían parecer diferentes. Hasta el punto de que A. Hernando invocó la lección aprendida de su maestro Rubalcaba: referirte brevemente a la pregunta y entrar en las materias de las has venido a hablar. Tras este reconocimiento cínico, se sentía tan cómodo que calificó la crisis económica española como global y Floriano, en justa respuesta, se la imputó a ZP.

El bipartidismo se hizo bipolarización para pervivir y empleó el antiterrorismo para intentar eliminar del campo de juego a todo aquel que disputase el duopolio de la política entre PSOE y PP.

Ambos partidos emplearon a las víctimas como arma arrojadiza para torpedearse mutuamente. El PP ahora no quiere ahora reconocer el fin de ETA por dos motivos. El primero, porque ETA anunció su cese con un gobierno socialista. Jamás le va conceder al PSOE ese triunfo. Y, el segundo, por mantener una tensión que estigmatiza a posibles socios del PSOE e identifica el federalismo con el independentismo, el nacionalismo (periférico) con el terrorismo. El PSOE se lo pone fácil y, aún más, aplica a sus diputados disidentes la misma Ley Mordaza que anticipó contra el 15M, cuando en los ayuntamientos en los que gobernaba aprobó ordenanzas que multaban las concentraciones y asambleas ciudadanas. Multas en la calle y en el Parlamento. Cárcel para los titiriteros quincemayistas antes del gobierno de coalición, y para los jatorras beodos después. Los aplausos de la investidura son ya las mordazas de la legislatura, fuera y dentro de las instituciones. Para algunos, son ya prisión.

P.S. Como señalaba el catedrático Pedro Ibarra, otra víctima de “la beligerancia antiterrorismo” – tachado de etarra innumerables veces, tantas como injustificadas – ETA no desaparece en un escenario de paz. Esta, si le entendí bien a Pedro, es también mi posición: ETA debe entregar las armas cuanto antes, es el único medio, el más efectivo para desarmar el discurso del PP.

Anteriores entregas:

Víctimas de ETA (1): aplausos en la investidura y mordazas en la legislatura

Víctimas de ETA (2): número, visibilidad mediática y sin tregua