Opinion · Otras miradas

El papel de Fidel en la historia 

José Sarrión Andaluz
Doctor en Filosofía, responsable federal de formación de Izquierda Unida

Ante el fallecimiento de una persona de la importancia de Fidel Castro, no es posible trazar un semblante de su figura sin pensar en el proceso político que le acompañó desde 1953. La trascendencia de Fidel desborda con mucho las fronteras de Cuba, e incluso de su tiempo histórico. Como todos los grandes revolucionarios, tuvo que inventar una estrategia nueva para vertebrar un proceso revolucionario en un país periférico, colonial y subdesarrollado, y para ello tuvo que desechar viejas tácticas basadas en la aplicación mecánica de pseudoteorías políticas. El partido comunista oficial cubano, el Partido Socialista Popular, tachó su fallido asalto al cuartel de la Moncada de aventura golpista y burguesa.

La victoria de la Revolución Cubana supuso una inmensa transformación en la estrategia de los movimientos revolucionarios latinoamericanos, inaugurando una época de movimientos guerrilleros por todo el continente. Cuba, el último país latinoamericano en obtener la independencia de España, e intervenido por Estados Unidos durante los 60 años posteriores, se convirtió con Fidel en la vanguardia de los movimientos de liberación nacional. El abrazo a Fidel de Mandela, recién liberado de sus 27 años de prisión, simboliza el papel internacional de esta pequeña isla que desde el 59 ha estado presente, material o simbólicamente, en todas las luchas anticoloniales del Tercer Mundo. No sólo esto: con su ayuda humanitaria y personal sanitario, Cuba ha ejercido su solidaridad en cientos de desastres naturales. Incluso en España, el método de alfabetización cubano “Yo sí puedo” ha combatido el analfabetismo en barrios de Sevilla. Esto, desde una pequeña isla del Caribe sin apenas recursos, no es poco.

Contra todas las dificultades posibles y con el enemigo más poderoso del mundo a 90 millas, encabezó un proyecto colectivo que fue bandera para varias generaciones. Sobrevivió al terrorismo, a la guerra biológica, a numerosos magnicidios y a la caída de la URSS sin perder la atención sanitaria, la educación gratuita a todos los niveles, los derechos de la infancia y la atención a los mayores.

Ha sido probablemente el dirigente contra el que se ha abierto más fuego mediático. Cuando la Revista Forbes le atribuyó una fortuna personal de 900 millones de dólares, Fidel ofreció renunciar a sus cargos si la publicación demostraba personalmente de algún depósito en el extranjero. Forbes reconoció que carecía de pruebas, aunque no quiso desmentirse nunca.

Hizo de la necesidad virtud. El intento de invasión en Playa Girón, perpetrado por 1.500 soldados entrenados por la CIA con apoyo logístico del dictador nicaragüense Somoza, sirvió para unificar a un pueblo que ha hecho bandera de la resistencia. Años después, en una visita a la Nicaragua sandinista en 1980, Fidel proclamó: «Dícese que el tirano Somoza, al despedir a las fuerzas mercenarias de Girón, les pidió que le trajeran al menos un pelo de la barba de Castro. Y yo he venido aquí, con toda mi barba, para ofrecérsela al pueblo victorioso de Nicaragua».

La revolución cubana marcó un antes y un después en la cultura latinoamericana. Poco después del triunfo de la Revolución, se fundaron la Casa de las Américas y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y se potenció la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí. El Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), creado 83 días después del comienzo de la Revolución Cubana, promovió el Nuevo Cine Latinoamericano y dio lugar a joyas como Memorias del subdesarrollo. El grupo de experimentación sonora de dicho instituto creó una nueva perspectiva de la música cubana, ajena a perspectiva mercantilista, y dando lugar a la “nueva trova cubana” con nombres como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola o Sara González. Editoriales como Gente Nueva, Arte y Literatura, Orbe, Oriente o Letras Cubanas han sido fundamentales para un país literalmente inundado de libros. El propio hecho de la revolución cubana inspiró filosofías no eurocéntricas y propiamente latinoamericanas. De dicho impacto de la Revolución cubana en el mundo cultural dan cuenta los numerosos homenajes que le han propiciado autores como Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Juan Gelmán, Ángel Augier, Gabriel García Márquez o Pablo Armando Fernández, junto a decenas de escritores y artistas de todo el mundo.

No sería honesto obviar las dificultades, las contradicciones y los errores cometidos. El hecho de que se situara a Mariela Castro, sobrina de Fidel y reconocida activista por los derechos LGTB en Cuba, al mando del Cenesex, parece un gesto de sincera autocrítica ante graves errores del pasado. Un país que persiguió homosexuales en décadas anteriores, anunció en 2010 las operaciones gratuitas de cambio de sexo.

Quienes nos sentimos hermanos del proceso revolucionario cubano tenemos la obligación de ser críticos con el mismo. Nada contribuye más a la derrota de un proceso que la glorificación acrítica del mismo. El propio Fidel marcó importantes críticas al proceso desde sus Reflexiones, ya apartado voluntariamente del Gobierno. Pero en la balanza deben situarse el reconocimiento de UNICEF a la protección a la infancia, el informe de la WWF de 2006 que indicó que Cuba es el único país del mundo con desarrollo sostenible, los avances en materia de igualdad de género y antirracismo, o la erradicación del analfabetismo. El saldo final es claro: la historia ya lo absolvió.