Ellas en TVE

06 Jul 2017
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Marta Nebot
Periodista

¡Qué bien sonaba que TVE fuera a hacer un programa de televisión dedicado a homenajear a las pioneras de nuestro país! ¡Qué triste ha sido comprobar que lo han convertido en un publirreportaje de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado!

El segundo episodio de “Ellas” se emitió el lunes pasado y estaba dedicado a la primera teniente coronel de la historia de la Guardia Civil: Cristina Moreno, que es encantadora y digna de toda la admiración del mundo, como también lo son Blanca Portillo, la presentadora del formato, y Pepe Viyuela, el famoso que este lunes la acompañaba. Lo que no resultó admirable es que se contara tan poco del meollo de la historia, que, cada vez que parecía que la protagonista iba a arrancarse, se cambiaba de plano y se pasaba a la siguiente escena y que esas escenas fueran las que fueron. Primero nos llevaron a descubrir –sin venir a cuento– a la policía criminalística del cuerpo –el CSI español, lo llamaron–, con los famosos vestidos con escafandras recopilando pruebas en una escena de crimen, incluso dejando huellas por error. Luego, nos acercaron a los trabajos de la guardia civil con perros y nos contaron más de las vidas y las dificultades de los animales que de una instructora que lleva más de 26 años trabajando, rodeada de hombres, en el cuerpo. Después nos llevaron a una escuela para guardias civiles hijos de guardias civiles –que resulta que van a una distinta que el resto– y allí nos mostraron cómo preparan las coreografías para la semana santa de Málaga – a las cuáles recordemos que Cospedal ha vuelto a obligar a ir a los que no quieran– y acabaron la visita en la galería de tiro donde los presentadores también dispararon unos tiritos.

Lo siguiente fue que nuestra Teniente Coronel se tenía que ir a buscar a sus hijos al colegio y que nadie le preguntó si es que su pareja nunca va.

Los padres de la teniente cerraban el programa resumiendo en menos de un minuto las dificultades de su hija en sus comienzos, tras lo cual se incluía una amplia información sobre los más de 800 guardias civiles asesinados por ETA, con la excusa de que el padre, guardia civil también, estuvo destinado en Bilbao. El encuentro de la protagonista con sus mayores fue muy emotivo y el homenaje mutuo, por lo peleado juntos, también pero tampoco se contó casi en qué había consistido, cuál era el origen de tanta emoción.

Blanca Portillo, despedía el programa dándole las gracias a Cristina por la lección dada a muchos hombres –una lección secreta, al parecer– y por abrir camino y ser inspiración para otras mujeres cosa que, en mi opinión, tampoco se dio.

La factura estética de la TVE que tenemos y de sus presupuestos es la que es y en este programa no es distinta. Es muy antigua para decirlo finamente y, para describirla, me veo obligada a hablar de grafismos del pleistoceno, músicas románticas de los noventa, voz en off que suena a Nodo y fotografías metidas con efecto sonoro de diapositivas. Si la idea, como dice su presentadora, es inspirar con las historias de nuestras pioneras a las jóvenes, por favor, que para empezar alguien antes les cuente qué es ese clic raro que se escucha cada vez que cambian de fotografía.

No puedo terminar esta columna sin destacar el momento y la franja horaria escogidos para este formato… Para los dueños de los destinos de la televisión pública en España no había uno mejor para estrenar el primer programa en su historia que homenajea a mujeres destacadas de nuestra vida social que la temporada de verano, en la que el consumo televisivo baja tradicionalmente a casi la mitad y no hay mejor franja horaria que los lunes a las 12:25 de la noche contra el programa de Risto Mejide “All you need is love… o no”. Deben de estar orgullosos de todas sus decisiones a este respecto porque su Ellas se estrenó con un 4,2% de share, contra Ana Obregón contestando a las preguntas de Antonia del ‘Atte y, esta semana, se ratificó en su fracaso con un 6,4% contra Andrés Aberasturi confesando en directo, sobre su hijo paralítico cerebral, que cree que “lo que vive es una estafa”. Bastante bien le ha ido.


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