Punto y seguido

Nazanín Armanian

¿Por qué Obama no lucha en Irak contra Al Qaeda?

13 Ene 2014
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El gobierno de Barack Obama insiste en señalar a Al Qaeda como la mayor amenaza y principal enemigo de EEUU y no ha escatimado recursos humanos y financieros para acabar con esta organización. ¿Por qué ahora que el grupo tiene más poder y más territorio bajo su control que nunca —incluso ha conseguido hacerse con dos ciudades claves del colonizado Irak— EEUU no quiere intervenir y tacha el conflicto de “inter-iraquí”, mientras envía tropas a Somalia para acabar con los alqaedistas de Al Sahanb? El pasado agosto, en un acto sin precedentes, cerró 19 de sus embajadas en la región por alarma terrorista.

“Misión cumplida”, dijo un Bush eufórico en 2003, presumiendo de acabar con el nido de los malhechores y de llevar la democracia al país que acababa de destruir. Sin embargo, la prensa estadounidense afirma que, hace unos días, la “mayor red internacional del terrorismo” ha conquistado las ciudades de Ramadi y Faluya (el  My Lai de Irak, 2004) y lo cuenta con tres connotaciones nuevas:

 
1.      Que dicho conflicto es de naturaleza sectaria, disculpando así a EEUU y a sus socios de haber implantado allí un régimen dictatorial, corrupto, criminal y religioso.

2.      Que es un asunto entre los propios iraquíes y deben resolverlo ellos mismos. ¿Por qué no aplicaron esa misma lógica a Yugoslavia, Libia, Somalia o Malí?

3.      Que este conflicto sucede después de la retirada de sus tropas, ocultando así la verdad, además de ensalzar las bondades de tener tropas extranjeras (y con impunidad) en estratégicas tierras ajenas: pues ahora presiona a Afganistán para que firme el Acuerdo Bilateral de Seguridad.

 
Todo empezó cuando el primer ministro, Nuri Al-Maliki, de extrema derecha y de fe chiita, envió al ejército a Faluya y Ramadi para aplastar las protestas de los vecinos sunitas, que llevan dos años reclamando no ser tratados como “aquellos camellos que transportan oro pero comen hierbajos”. Ellos, al igual que el resto de la población, son excluidos del reparto de la renta de los 2.081 millones de barriles de petróleo diarios: la élite gobernante saca del país 800 millones de dólares a la semana, afirma Transparencia Internacional, mientras miles de mujeres  mendigan o se prostituyen para alimentar a su familia, venden  a sus hijos por miseria y niños desnutridos abandonan el colegio para ser explotados. Sin duda, la responsabilidad última de esta tragedia cae sobre EEUU, sus aliados y sus siervos locales por desmontar todo un estado.

En la primera colonización de Irak, en 1920, los británicos entregaron el poder a los sunitas, mientras que en la segunda, hecha por EEUU en 2003, Washington instaló a los chiitas en el trono, provocando el resentimiento de los excluidos, entre los cuales se encontraban los 300.000 militares que, tras la disolución del ejército, se buscaron la vida entre las fuerzas paramilitares y la delincuencia organizada, impidiendo que el conflicto interno terminase.

El régimen de Al-Maliki  se presenta como víctima de los ataques terroristas del “Estado Islámico de Irak y el Levante” (Daesh), la filial de Al Qaeda. Sin embargo, está compuesto por señores de la guerra, mangantes profesionales, varias milicias armadas (Hizbolá de Irak, Asa’ib Ahl al-Haq, los ejércitos Mokhtar y Mahdi, la brigada Badr y las Fuerzas Especiales adiestradas por el siniestro John Negroponte, artífice de los  escuadrones de muerte en Latinoamérica en los ochenta) y una casta clerical que lo legitima. En el fuego cruzado entre los grupos  terroristas y un gobierno que también lo es, murieron el año pasado cerca de 8.000 civiles. A pesar de  tanto poder, a pesar de ser el primer ministro, ostentar la cartera del Interior y Defensa y ser director de la inteligencia y también de la seguridad, Al-Maliki ha sido incapaz de suministrar seguridad y los servicios más elementales a la población, cuyas protestas son respondidas con la represión, la cárcel, la tortura y la horca.

La legislación “democrática” de la República Islámica de Irak prevé la ejecución  para unos 45 delitos; sus cárceles públicas (las hay secretas) albergan a 30.000 personas. Muchas, sin ser juzgadas, son torturadas con las técnicas aprendidas por  los antiguos gerentes rubios de Abu Graib.

 
Al Baghdadi de Al Qaeda,  es un actor

Se sabe que EEUU, antes de retirar parte de sus tropas en 2011, dejó allí a decenas de miles de efectivos como agentes  de la CIA, mercenarios, contratistas, asesores, consejeros militares, empresarios, etc., organizados por su embajada de 42 hectáreas y apoyados por cerca de 400.000 militares y agentes de seguridad iraquíes, previamente entrenados por el Pentágono. Difícil de comprender el cómo, de repente, aparece un tal Abu Bakr al Baghdadi, el Bin Laden iraquí como jefe de Daesh. Lo curioso es que el general estadounidense Kevin Bergner ya en 2007 dijo que este personaje no existe, sino que un actor llamado Abu Abdullah al Naima juega su papel y aseguró que el Estado Islámico de Irak es una entidad ficticia (Ver Military Plays Up Role of Zarqawi).

Hoy, la reaparición del actor del largometraje de la tragedia de Irak le sirve a Al-Maliki para ocultar su incompetencia y crímenes, acallar las protestas ciudadanas y presentarse como salvador de la nación en la víspera de las elecciones parlamentarias de abril. Necesita recuperar su papel de liderazgo ante los chiitas y atraer más apoyo de EEUU e Irán ahora que está tan debilitado.

Así se hace: luchar contra los molinos de viento, dejando atrás miles de cuerpos. Decía el general Ivashov sobre Al Qaeda y los atentados del 11-S, que “el terrorismo internacional no existe”, sino que lo que hay es un terrorismo manipulado por las grandes potencias que sin ellas no existiría.

Más que difícil, es imposible que en el mundo de la posguerra fría y sobre todo con la actual tecnología capaz de localizar una mosca con zapatos azules por el globo, puedan existir grupos guerrilleros o terroristas que operen más allá de sus países de origen. Incluso entonces grupos como IRA, ETA, Sendero Luminoso,  PKK, Brigadas rojas, etc. eran locales y si podían funcionar era gracias al respaldo de algún país extranjero.

Al Qaeda fue una criatura nacida en los laboratorios de EEUU, Reino Unido, Pakistán y Arabia Saudita,  con la misión de eliminar las fuerzas progresistas, provocar terror y caos en un país determinado para justificar la invasión militar de los imperialistas y llevar a cabo “guerras perpetuas”, ofreciendo pretextos perpetuos  para aumentar los gastos militares sin importarles las pérdidas perpetuas de las vidas humanas.

La vigilancia a los ciudadanos era por la lucha antiterrorista o ¿es que Angela Merkel  o Dilma Rousseff son sospechosas?

 
“Misión cumplida”: Irak ya está balcanizado

El complejo industrial-militar fabricó un Coco y varios Hombres del Saco, tras el fin de la lucha contra los rojos, con un diseño casi perfecto: un terrorismo sin fronteras, con su “internacional” solidaria, bandera negra e himno incluido, aportando en 2012 un crecimiento del 12% en las inversiones de las compañías de seguridad de EEUU.

Negocio perpetuo que secuestra a los políticos y al propio sistema democrático (las famosas puertas giratorias). Obama dijo: “Los talibanes no son nuestros enemigos”. Y, a la vez, proponía el envío de 30.000 soldados más a Afganistán para luchar contra ellos y así mantener una economía de guerra cuya una única partida, el “presupuesto negro”, destinado a los programas secretos de las 16 agencias de espionaje, alcanzó los  52.600 millones de dólares en 2013. Sin comentario la situación de la pobreza de casi la mitad de los neoyorquinos o que los multimillonarios del Congreso recortasen miles de millones de dólares de los programas sociales fundamentales.

De hecho, acaba de  entregar 75 misiles a Irak y promete venderle otras armas y drones, engrasando las máquinas de matar. Poco importa que el gobierno iraquí haya perdido el control sobre muchas ciudades del país, descontando que la zona kurda es prácticamente independiente.

Existe en los oscuros cajones del Pentágono el plan del cambio del mapa geográfico de varios países de la región, incluidos Irak, Siria y Líbano. El 11 de octubre de 2005 dos militares británicos vestidos de árabes, fueron detenidos por el intento de atentar contra una mezquita chiita de Basora (Ver: ¿Quién pone las bombas en Irak?). Luego se intensificaron los conflictos chiitas-sunitas, los inter-chiitas (las milicias de Moqtada al-Sadr contra el gobierno), y los intersunitas (las tribus contra los extremistas wahabies), sin olvidar los árabe-kurdos.

La región va  a la deriva y la lucha entre bandas religiosas, apoyadas por los gobiernos regionales y mundiales facilita la ejecución del complot. La postura de John Kerry de armar y fortalecer al régimen antidemocrático de Al-Maliki atizará el fuego del conflicto, ya que detrás de estos grupos salafistas no está nadie más que Arabia Saudí, con la firme decisión de acabar definitivamente con el llamado “arco chiita”, compuesto por Siria, Irak, Hizbolah e Iran.

Para no convertirse en un “Estado fallido” y desgarrado, Irak necesita una reforma política, una gobierno federal de salvación nacional, con la participación de todas las fuerzas democráticas, de todos los credos y etnias, y no una teocracia basada en la discriminación de los ciudadanos por su fe y sexo, y estar supeditado a los intereses extranjeros.


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