Chiísmo y su arco

La caída de Mubarak en Egipto-bastión del sunnismo-, la llegada al poder de los chiitas en Irak y el Líbano, y su rebelión en varios países árabes, no significan, per se, un cambio en la región que beneficie a la teocracia chiita de Irán. Aquí también son los intereses de Estado, o de los que ostentan el poder, los que fijan la orientación política de un gobierno .Al hecho de que ni el compartir el chiismo une a los persas y los árabes, viejos enemigos, se añade la profunda crisis política y social del propio Irán que impide a su régimen aprovechar la debilidad de los jefes de los Estados sunnitas.

Los chiítas, que son el 15% de los musulmanes, gobiernan en Irán y Azerbaiyán sobre una población mayoritariamente fiel a este credo, mientras que en Irak, Siria, Omán y Yemen, mandan sobre una predominantemente sunnita (tradicionalista) y, salvo en Bahrein, son minoría en el resto de la geografía del Islam.

Su proyección desde Irán recompensó su déficit numérico, cuando los sufíes chiitas tomaron el poder (s. XVI), y convirtieron en la religión oficial del Estado su credo perseguido. Los Safávidas fusionaron así la identidad nacional iraní con esta fe, creando una cohesión social, frente al imponente imperio sunnita otomano.

Cuando en el siglo VII, los árabes musulmanes dominaron Irán, sus habitantes con el fin de proteger su milenaria mitología, la integraron, en parte, en el chiismo. Siglos antes, el mazdeísmo persa ya había transmitido al judaísmo y al Islam los conceptos de “Dios-demonio, paraíso-inferno, o el juicio final”. Ahora cedía al chiísmo: la “Justicia Divina”, con una deidad más indulgente que vengativa, la llegada de un Salvador, la capacidad racional del ser humano para elegir el bien -justificando así la lógica del premio y del castigo en el Más Allá-, y la necesidad de una jerarquía sacerdotal, con autoridad de descifrar la letra oculta de la Escritura e incluso innovar en leyes. Así, marcó sus diferencias con el sunnismo.

Debates desfasados a parte, hoy en esta zona del mundo como en otras, la hermandad religiosa está sometida a los intereses políticos.