Punto y seguido

Nazanín Armanian

Dos objetivos del ‘dumping’ del precio del petróleo

17 nov 2014
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Arabia Saudí está destrozando el mercado de petróleo vertiendo 11,8 millones de barriles (unos dos millones más que su cuota) a un precio de 50-60 dólares el barril (d/b), es decir, hasta 40 dólares menos que hace unos meses. Si la rebaja es temporal, sólo lo sabe Washington, además de Riad, ya que la fórmula demanda-oferta no explica la situación: la elevada tensión y las guerras que están azotando Oriente Próximo, junto con las fluctuaciones en la oferta de Irak, Libia, Irán, Nigeria y Siria, deberían haber empujado los precios al alza.

El conjunto de las explicaciones convencionales apuntan a la necesidad de Arabia Saudí de conseguir ingentes cantidades de dinero para llevar a cabo los mega proyectos de construcción de infraestructuras; recompensar la reducción de sus exportaciones a EEUU, país que ha aumentado su producción propia; la desaceleración en China y el estancamiento en la zona euro; el fracaso de Abenomics, el proyecto de reformas económicas en Japón lanzadas por el primer ministro Shinzo Abe; la bajada de tensión entre Ucrania y Rusia e incluso la disminución del avance del Estado Islámico en Irak.

Parece que esta vez una caída del precio del petróleo no impulsará el crecimiento económico de sus compradores. Por su parte, los analistas “no convencionales”, divididos en dos principales grupos, apuntan a:

(a) Un complot trazado por EEUU y Arabia Saudí para hundir las economías de Rusia, el principal productor de petróleo en el mundo, e Irán. De ese modo, también castiga a Moscú por Ucrania y Crimea y por su apoyo a Bashar al-Assad y fuerza al Kremlin a reducir sus gastos militares. En el caso de Irán, sirve para sacar más ventaja a Teherán en las negociaciones nucleares en curso y quitarle fuerza en la región. Nos recuerdan que en 1985, los saudíes quintuplicaron su producción de 2 a 10 millones de barriles diarios, y los vendieron a 10 dólares en vez de los 32 que era su precio de entonces, forzando a la URSS ofrecer su barril por 6 dólares, hundiendo su economía planificada.

(b) Que se trata de otro caso de dumping lanzado por los saudíes: fijar precios predatorios con el fin de  golpear a Rusia e Irán, pero también a EEUU por su “revolución del esquisto”. De este modo, pretende conseguir unos contratos interesantes en Asia y sabotear la petición de las compañías estadounidenses al Congreso para levantar la prohibición sobre las exportaciones de petróleo.

Sin embargo, el escenario se presenta más complejo:

  • En un cartel como la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), un aumento de producción no tiene por qué conllevar una bajada de precios
  • O que Irán, a pesar de ser una de las principales reservas mundiales de petróleo, sólo envía al mercado unos 800.000 barriles (comparados con los 4 millones de 1977) y que la política de los saudíes no le puede hacer más daño de lo que ya le hacen las sanciones de la ONU, EEUU y la UE.
  • Si Riad quisiera perjudicar a EEUU, hubiera desligado el petróleo del dólar. En su lugar ha reducido los precios para su aliado estratégico, siendo consciente de su estatus de ser “Estado cliente” y que su existencia y seguridad siguen dependiendo de la protección militar del Tío Sam, quien le controla, entre otros mecanismos, mediante la venta de armas.
  • O que un precio por debajo de 75 dólares no le es rentable para EEUU por la costosa producción de petróleo esquisto. Sería como pegarse un tiro en su propio pie.

Objetivos: desmantelar la OPEP y salvar  el petrodólar 

En 1973 Henry Kissinger sugirió que EEUU debían invadir Oriente Próximo y disolver la OPEP. Acabar con el control de la OPEP sobre los precios del petróleo, animar a que cada socio fije el precio de forma individual para así bajarlos e impedir que utilicen otra moneda que no sea el dólar, son dos objetivos de la guerra de precios.  Dos líderes que intentaron sustituir el billete verde por el euro, Saddam y Gadafi, fueron asesinados. En  septiembre de 2000 , el presidente iraquí anunció la venta de su petróleo en euros y en 2002 convirtió los 10.000 millones de dólares del fondo de reserva del país en la ONU en la moneda europea, depreciando el valor del dólar. ¿Quiere EEUU sancionar, acosar o atacar a todos los productores de petróleo para obligarles a usar el dólar? ¿Y el capitalismo de libre mercado?

Meses antes de la invasión de Irak, un barril costaba 15,30 dólares. Unos meses después, 40,42, precio que ha seguido subiendo  sin cesar, llenando la Reserva Federal de petrodólares. Hoy por hoy,  esta situación se ha invertido: el valor del dólar ha aumentado y el precio del crudo ha bajado. Así, se ha resucitado un dólar martirizado ─cuya fortaleza depende de  los petrodólares─,  más fuerte desde junio del 2010.

El petróleo saudí y el dólar son dos de los pilares del dominio de Washington sobre el mundo. Que su moneda sea el patrón del petróleo es tan vital para EEUU que puede perder un puñado de dólares en la industria de petróleo esquisto, a cambio de la desestabilización de Rusia, Irán, Venezuela y Ecuador. Derrocar a Bashar al Asad sería la guinda del pastel.

En 2012, Barack Obama forzó a Europa a dejar de comprar petróleo iraní, impidiendo, entre otros factores, la transacción petróleo/euro. Guerra financiera entre las potencias occidentales que también se ha visto reflejada en que las sanciones aplicadas por Washington contra Irán, incluyendo a su Banco Central ─que en 2005 había convertido la mitad de sus reservas de divisas a euros─ y que en septiembre de 2014 fueron declaradas ilegales por el Tribunal General de la Unión Europea.

Ganadores y perdedores  inmediatos

Entre los beneficiarios del petróleo barato está China, que compra unos cinco millones de barriles al día y es el mayor cliente de Arabia Saudí. También está aumentando sus compras de Rusia y, por primera vez, compra a Colombia (30.000 toneladas). India y Europa también disfrutan del petróleo barato.

Moscú, que ha elaborado su presupuesto para el próximo año pensando en un barril de 100 dólares, con 20 ó 40 dólares menos sufrirá un déficit presupuestario que se sumará a los efectos de las sanciones y la bajada del precio del rublo. Por lo que actuará desde BRICS para desbancar al petrodólar del sistema financiero mundial, mientras junto a China trabaja para estabilizar el rublo: han pedido a sus socios comerciales usar euros y el yuan. Irán, por su parte, ya está usando el trueque petróleo por bienes acordados, eludiendo las sanciones de EEUU, a la vez que ha naunciado con Rusia la creación de un banco de desarrollo para elevar sus transacciones comerciales, la construcción de nuevas plantas de energía nuclear y aumentar la compra del petróleo iraní para exportar a otros países.

Nuevos movimientos en el tablero

A pesar de que China haya bajado la importación del crudo iraní hasta un 30% por “reparar sus refinerías” ─y quizá porque Irán rompió en el mayo pasado el contrato de 2.500 millones de dólares con la Corporación Nacional de Petróleo de China por incumplimiento del mismo (en seis años debería haber perforado 185 pozos), por primera vez en su historia─ los ejércitos de ambos países realizaron en septiembre una maniobra conjunta en el Golfo Pérsico, en la que participaron Changchun y Changzhou, un destructor y una fragata de misiles. Irán es la pieza clave en la estrategia china de “Marcha hacia el Oeste” ─Asia central, Asia del Sur y el Oriente Medio, y Océano Índico─  y en ampliar un cinturón económico marítimo en la vieja Ruta de la Seda.

Lejos de aislar a Rusia,  Occidente ha conseguido la formación de nuevas y temibles alianzas:  un acercamiento entre Pekín y Moscú, sin precedentes tras la muerte de Stalin, mientras aumenta la enemistad abierta de cada vez más mandatarios contra los jeques saudíes.

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Es el final de la era del petróleo: se está utilizando el último 25% de la reserva aprovechable, cuya oferta, se prevé, se agotará en 25-30 años. Ante el cenit del petróleo y los escenarios impredecibles, lo único garantizado son los nuevos  conflictos en las regiones productoras de crudo.


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