Rusia respalda, con matices, la independencia del Kurdistán iraquí

Moscú cree que el referéndum es la expresión de los ideales y perspectivas de la población de Kurdistán” afirma el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, mientras aconseja a la Región Autónoma de Kurdistán (RAK), que también debe tener en cuenta las consideraciones políticas, geopolíticas, demográficas y económicas de la decisión de independizarse.

Rusia, al contario de las potencias occidentales y las de Oriente Próximo (salvo Israel), se ha negado a tachar de “ilegítima” o “anticonstitucional” la celebración del referéndum de independencia del 25 de septiembre en la RAK. Evgeny Arzhantsev, el cónsul de Rusia en Erbil –la capital de la RAK-, declaró que su país respetaría la decisión del pueblo de Kurdistán sobre la independencia. Acerca de las presiones recibidas por Irán, Turquía, Siria e Irak para que su gobierno pidiera la suspensión de la convocatroria, Arzhantsev dijo a la agencia Kurdistán24 que “cada país tiene sus propios intereses. No compartimos la opinión con otros y, si el pueblo de Kurdistán decide la independencia, tenemos que respetarla“. Todo eso mientras el presidente Putin reiteraba una y otra vez su respeto hacia la integridad territorial de Irak.

Una de dos: o existen discrepancias sobre esta cuestión en el Kremlin o Rusia está llevando dos “políticas oficiales” paralelas con una sutil estrategia.

El enfoque de Rusia hacia la cuestión kurda obedece al “análisis concreto de la situación concreta”. Por ejemplo, insiste en la participación de los kurdos en las negociaciones de Ginebra sobre la guerra de Siria, pero en las conferencias de Astané se somete a las exigencias de Erdogan, dejando fuera a los kurdos mientras propone un Estado federal para Siria.

Rusia es consciente de que Teherán, Ankara  y Damasco,  por muy molestos que estén por su sorprendente posición, no pueden imponerle nada, pues Turquía se beneficiará del hidrocarburo kurdo que pasará por su territorio con la ayuda rusa, e Irán, que se enfrenta cada vez con mayor agresividad a EEUU, necesitará del respaldo ruso: de hecho ya hay voces en Irán afirmando que la independencia kurda no será el fin del mundo.

Giro en la política rusa

Moscú, después de la desintegración de la URSS, dejó de mostrar interés hacia Oriente Próximo hasta la crisis nuclear de Irán en 2002, que empezó a volcarse de lleno. Aun así, y a falta de una estrategia propia, los nuevos inquilinos de Kremlin echaron mano a la política tradicional soviética que, en busca de estabilidad en su periferia, reconocía sólo a los actores estatales.

En caso de los kurdos, la Rusia dirigida por Putin inauguró su consulado en Erbil en 2007 y realizaba sus actividades en la RAK a través del gobierno de Bagdad, como, por ejemplo, el envío de armas para la lucha contra Daesh. Es a partir del 2017 cuando Rusia establece relaciones directas con Erbil y empieza a firmar acuerdos bilaterales petrolíferos con la autonomía sin pasarlos por Bagdad, a pesar de que son ilegales según las leyes del país, quizás por los siguientes motivos:

  • El fracaso del modelo federativo de la República (Islámica) de Irak creado por EEUU en 2003 y la incapacidad de Bagdad en establecer paz y seguridad en el país y que RAK, más que una autonomía, ya es un cuasi-estado independiente.
  • Que es inevitable que los kurdos tarde o temprano tengan su Estado (rompiendo Irak), teniendo en cuenta el tamaño de la población kurda, su poder militar y sus inmensos recursos naturales. Los kurdos aprovecharán el proyecto de EEUU en diseñar un Nuevo Oriente Próximo que pone fin al Acuerdo SykesPicot del 1916 que trazó el mapa actual de la región.
  • El desinterés que la Administración Trump está mostrando hacia Irak. Moscú se adelanta al proceso del fin de Irak, haciéndose un espacio en el futuro Estado kurdo, consciente de que este pueblo jugará un importante papel en el futuro de Oriente Próximo.
  • Cierto que Kurdistán no es un terreno de rivalidad entre Rusia y los EEUU y sus compañías petrolíferas viven en una “coexistencia pacífica”, pero tener influencia en esta región le otorga a Moscú una inestimable herramienta de presión hacia Ankara, Bagdad, Damasco y Teherán.

Y el dato: en la víspera del referéndum y ante la negativa “provisional” de EEUU en apoyar su independencia, la RAK ofreció a la compañía petrolera rusa Rosneft un megacontrato con el enfoque llamado BOOT: Build-Own-Operate-Transfer «construir, poseer, operar y transferir». Rosnet en Kurdistán supera en actividades al Exxon Mobil –la petrolera más grande del mundo, dirigida por el actual secretario de Estado de EEUU Rex Tillerson. La compañía rusa, que necesita petróleo barato para sus refinerías, está llevando a cabo proyectos de inversión, construcción de infraestracuturas, que contribuirán a la construcción del Estado kurdo con cientos de millones de dólares. El gaseoducto kurdo, que en 2020 podrá exportar unos 30.000 millones de metros cúbicos de gas a Turquía  y al mercado europeo, hará que el señor Erdogan también se acerque algo más al señor Putin. En caso de que RAK consiga mantener bajo su control el área Kirkuk – ciudad petrolífera no kurda, pero disputada con Bagdad-, estas perspectivas aumentan de forma espectacular.

Un paisaje hipotético de importantes consecuencias geopolíticas que no se materializará sin grandes y largas guerras que seguirán devastando toda la región.

Los kurdos que un día fueron “rojos”

La relación de Moscú con los kurdos se remonta a la Primera Gran Guerra inter-imperialista de 1914 y la desintegración del imperio otomano. Entonces, miles de kurdos se refugiaron en la Rusia bolchevique, unos salvándose de persecución, hambre y guerra y otros, ilusionados con la llamada leninista del “derecho de autodeterminación para todos los pueblos”. Una vez formada la Unión Soviética en 1922, los kurdos instalados en la República Soviética de Azerbayán formaron la comunidad del “Kurdistán rojo”. Será en este país donde los kurdos podrán, por primera vez en su historia, estudiar “kurdología” en los centros académicos e investigar sobre sus orígenes, su lengua y sus apasionantes credos. Los kurdos soviéticos sentarán la base de las buenas relaciones que Moscú ha mantenido desde entonces con este pueblo.

En 1947, Mostafa Barezani, el padre del actual presidente de la RAK Masoud Barezani, fue acogido en la URSS como refugiado político, perseguido por ser el ministro de Defensa de la República kurda de Mahabad, proclamada en Irán y aplastada por el Sha. Años después, el clan Barezani pidió la ayuda de EEUU para el Kurdistán iraquí a cambio del petróleo kurdo, para luego unirse a la República Islámica de Irán para luchar contra los kurdos iraníes, y paralelamente con Ankara contra los kurdos de Turquía. Total, lo que hacían los líderes kurdos iraquíes sólo era mostrar que más allá de su concepto romántico, el “pueblo kurdo” también está constituido por clases sociales con intereses antagónicos.

Lo cierto es que desde el 1992, cuando EEUU creó la RAK, ya no hay “opresión nacional” contra los kurdos, sino una “opresión de clase” gobernante sobre los trabajadores por la dictadura corrupto faudal-capitalista de las dos familias: Barezani y Talebani.

Aun así, los kurdos no deberían perder esta oportunidad histórica para formar su Estado ahora que existe una posibilidad objetiva, en un Oriente Próximo en el que sobran armas y violencia y le faltan, entre otras, el sentido común.