Opinion · El repartidor de periódicos

Puigdemont pasea a su perrita ‘Odio’

El separatismo pasea su odio a España por las calles de Bruselas. Es un titular de la portada de El País de este viernes. En tiempos de guerra, el primer periodista que muere se llama deontología. Ni siquiera los autobuses y avionetas de Hazte Oír inspiraron a Antonio Caño expresión tan rabiosa: pasear odios. Se me aparece en la pantalla la imagen sonriente de Carles Puigdemont, con su abrigo oscuro de pies a cuello y la bufanda amarilla, paseando por la Grand Place al perro de los Baskerville o a Cerbero, y escoltado por 45.000 gorgonas, minotauros, hidras, escilas, cíclopes y carontes. Esos son los catalanes que ve El País en su delirio deontológico y jacobino. Han confundido la deontología con la odontología: nos informan a dentelladas. El sueño de la desinformación produce monstruos.

En su editorial, el diario continúa con sus denodados llamamientos al diálogo entre las partes. La manifestación del jueves, dice, tenía “el único objetivo de destruir la imagen de España”. Y recurre a un extraño argumento que he oído repetido durante estos últimos días en tertulias y otros foros: “España es un régimen consolidado y ejemplar. De lo contrario, los miles de catalanes que atravesaron varias fronteras para acudir a Bruselas no habrían podido hacerlo”. Falaz antiaforismo. En caso contrario, de ser España una imposible dictadura que encarcela raperos, la única frontera que no hubieran podido traspasar los catalanes hubiera sido la franco-española. El resto es folklore tremendista. Josep Tarradellas cruzó también libremente esas fronteras durante el régimen franquista, mientras no podía bajar los Pirineos porque sería detenido (no sé a qué coño me suena esto). Es absurdo pensar que uno se puede manifestar en Bruselas porque en España hay libertad. Mayormente, suena a todo lo contrario.

El mismo día, El Mundo editorializaba la marcha belga con algo más de fineza que su rival, aunque no exenta de sarcasmo hacia los manifestantes: “Ayer los independentistas se permitieron tratar de dar lecciones de democracia a Europa. Aunque a cambio recibieron una respuesta contundente del vicepresidente de la Comisión Timmermans: ‘Todos tienen derecho a expresarse, pero no a ignorar la ley’. Hay que tener ganas de darse la paliza de viajar hasta Bruselas para aprender algo tan básico”. Esta última frase me suena a reproche de madre. En eso se han quedado los editoriales de nuestra prensa: en gruñidos de madre mandona.

Páginas más adelante, el columnista Santiago González aplica el cherchez l´argent: “Y todo esto quién lo paga, se preguntaría un español medio, siguiendo a Pla. Pues usted, imbécil, ¿aun no lo ha entendido?”. Después de llamarnos imbéciles, nos regala una guía turística del terror bruxelero: “Bélgica es una guarida de delincuentes multidisciplinares en el corazón de Europa. Su Policía afina mucho contando multitudes, pero no tanto a la hora de garantizar la seguridad en las calles de la capital, donde se dan cita terroristas, filonazis y otras especialidades delictivas. No es casual que Puigdemont haya contratado como abogado al especialista que libraba a los etarras de la extradición. El barrio de Molenbeek cobró justa fama como refugio de terroristas islamistas, muy especialmente desde que el principal responsable de los atentados de París, Salah Abdeslam, se escondió allí”. A continuación, nos relata la historia del violador, torturador y asesino Marc Dutroux. Y remata: ” De todos los países de la UE, Bélgica es el único en el que un presunto delincuente como el que nos ocupa puede elegir al juez. Puigdi lo quería flamenco y lo tuvo”. En ningún momento hace alusión el periodista al hecho de que Bruselas sea la capital de Europa. Demasiado derroche de objetividad que los catalanes no se merecen. Para evitar conflictos diplomáticos, rezad para que a Santiago González no lo lean mucho en Bruselas. Joder con el piropo.

ABC, por su parte, también tiraba de patriotismo en su editorial sobre la manifa: “España es un Estado que representa los mejores valores europeos. Es una democracia ejemplar, un Estado de Derecho sólido y cuenta con una sociedad moderna y solidaria. Estar contra España situaba a los separatistas inevitablemente contra Europa”. Parece el tópico discurso de nuestra última versión de rey, Felipe VI, El Airado. Y concluye el diario de Bieito Rubido que nos vamos a la guerra balcánica, supongo que con Gila: “De presentar a Cataluña como la vertiente más europeísta de España, la han transformado en un eco balcánico con rasgos incipientes del peor populismo nacionalista”.  Estos chicos son muy novios de la muerte.

La Razón tampoco ahorra en equidistancias: “[La masa manifestante] elige también como blanco de sus insultos –y solo prevalece la intención de ofender– a todo el proyecto comunitario. Solo así podría entenderse que la UE acogiese entre sus miembros a un estado poco menos que liberticida [España]”. Se olvida Paco Marhuenda de Turquía, miembro asociado de la UE desde los años sesenta, y hoy inmerso en el proceso de integración plena a cambio, eso sí, de que acoja a nuestros refugiados en sus democráticos y humanitarios campos de concentración. Este invierno, como está siendo más frío, ya no mandan tantos reporteros a la zona. Es comprensible. Se podrían resfriar y morir, como la deontología.