El PSOE o la POSE

Aunque parezca todo lo contrario, Pedro Sánchez es un tío con suerte. La baraka de José Luis Rodríguez Zapatero es baratija indígena al lado del hado, la ventura, el albur, la chiripa y la chamba de Pedro el Renacido. Ni más ni menos que le ha tocado reconvertir al PSOE en un partido digno. Esperemos que el honor no le quede grande. Tiene la ventaja de ser alto. Su desventaja, que su voz es más atractiva –de momento– que sus palabras.

Felipe González pilotó la transición a su imagen y semejanza, como un dios: colocando pegatinas socialistas en la reventa del país a las viejas oligarquías franquistas. El cambio fue grande, y a España no la reconoció ni la madre que la parió, como había prometido Guerra. El PSOE le hizo a España la cirugía estética, pero no la ética, que era la necesaria. El cambio timoneado por González podría rebautizar las siglas socialistas de PSOE a POSE. Se notó 25 años después de las primeras elecciones ganadas al tardofranquismo, cuando los diputados de la gestora no tuvieron reparo en otorgar el poder a los posfranquistas más corruptos de la democracia europea.

Ahora vivimos tiempos distintos. La dicotomía izquierda/derecha se ha diluido tanto que hasta Ciudadanos se dijo de centro-izquierda sin mayores cuñadismos o pudores. Y el PSOE, dada su historia reciente, no sabe qué decirse.

No espera uno que Pedro Sánchez ande cantando La Internacional todo el rato. Pero su oportunidad para redefinir el partido socialista del siglo XXI (cosa que nadie ha hecho en Europa desde las viejas siglas) lo lleva a un lugar tan incógnito como necesario. Y es ahí donde el papel de PS puede ser más significante incluso del que tuvo FG.

No se trata de podemizarse, como dicen los cisnes –siempre dispuestos a cantar la muerte de otro– de nuestra derecha intelectual y mediática, que reducen todo al pensamiento genital de Bertín Osborne. Es otra cosa. No voy a decir qué cosa porque no lo sé, y por eso no ando presentándome a secretario general ni a nada.

Si uno se pone simplista y resumidor, lo primero que tiene que resolver PS es cómo contestar a la cuestión que, desde el 15-M, pusieron sobre la mesa y sobre la plaza los socialistas y obreros que gritaron “no nos representan”.

La izquierda moderada española es una izquierda cobarde desde 1975, quizá marcada por el ruido de sables y por un rey que juró los principios del Movimiento antes de llenarse la boca con solomillos de elefante y con la palabra democracia. Ahora, por fin, hay más miedo que cobardía, y eso no está mal para rellenar el depósito de combustible del socialismo futuro, si quiere ser motor de alguna historia.

Todas estas pequeñas cosas que se llevó un tiempo de rosas -cantaría Serrat– son las que tiene que resolver este señor que anduvo en la creencia de que Antonio Machado había nacido en Soria, y que se fue a Colliure a tomar las aguas. Todas estas pequeñas cosas.