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Troyanos en Utopía

04 oct 2011
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Viendo las noticias, las expectativas electorales, el bajísimo umbral de tolerancia hacia cualquier decepción en la izquierda y el altísimo techo de tolerancia hacia la corrupción, mentira e indefinición de la derecha, es evidente que los estrategas de la derecha han conseguido inocular un destructivo virus en las filas de la izquierda. Un retrovirus que en un principio se hace pasar por uno de nosotros y luego agota, paraliza y mata a nuestro activismo, dirigiéndolo en la dirección errónea. Finalmente, agotada de pensar y repensar todo mientras sus contrapartes, las células de derechas, avanzan sin dificultad, cuestionamiento o problema, acaban desactivadas. La izquierda está optando por una suerte de suicidio ideológico.

Y la estrategia que la derecha, la oligarquía y la banca ha empleado para desactivar a la izquierda no ha sido otra más que colar troyanos a través de la utopía.

Estos momentos se habla más que nunca de medidas extremadamente utópicas que requerirían de decenios para poder implementarlas con efectividad en la sociedad, pero al desempolvar estas medidas más utópicas como señas de identidad de la izquierda “real” (lo que quiera que eso sea hoy en día en un mundo inundado de mensajes publicitarios manipulados), nos hacen creer que los avances enormes que la izquierda ha logrado, especialmente estos últimos 8 años, son insuficientes para justificar su “izquierdismo”. Y los fascistrolls, ese “ejército del agua”, como me decía un inteligente comentarista (vientosalisios: “En realidad se les conoce como “el ejército del agua”, una persona con varios nick, o varias personas contratadas para hacer contrapropaganda.”), de repente ha tomado la red al asalto y manipulan cada palabra en los medios de izquierdas o progresistas, están trabajando muy intensamente por cuestionar como verdaderamente de izquierdas cualquier cosa que vaya más allá de la utopía más irrealizable.

Y se nos olvida la realidad. Y queremos operar en un escenario utópico, imposible de conseguir ahora mismo, olvidando el objetivo más urgente: detener el brutal avance del neoliberalismo que está pulverizando el estado de derecho que tantos años ha costado construir. Cuando uno analiza la realidad, no lo deseable, se da cuenta de que no tenemos muchas más opciones más que salvar la vida.

Este no es momento de utopías, de purismos, de ortodoxia; es el momento de darnos un respiro y no ceder terreno.

¿Y entonces en qué nos diferenciamos de ellos? Me preguntará alguna mente enfadada. Pues en las intensiones ulteriores. Que ahora no tomemos medidas progresistas, que simplemente intentemos salvar las existentes, no quiere decir que nuestro objetivo sea el de ellos (que se cuidan muy mucho de desvelar). Es muy fácil decir PSOE y PP la misma mierda es, pero cuando llegue la avalancha caciquil, ya será demasiado tarde para arrepentirse de no haber mantenido posiciones a pesar de las dudas.

Es cierto que el eje se está desplazando a la derecha. Que lo que antes se consideraba de izquierdas hoy se ve como de extrema izquierda y que lo que antes se consideraba burgués, conservador, progresista, hoy es un triunfo de la izquierda. Pero no debemos olvidar mirar al otro lado del eje de vez en cuando.

El futuro de derechas es mucho más terrorífico que cualquier decepción de izquierdas. Y cuando ellos se apoderen de los mecanismos de gobierno ya no habrá vuelta atrás.

El triunfo de lo abstracto

19 may 2011

Webster Tarpley ya lo avisó en su expeditiva Obama: The Postmodern Coup, toda una clase magistral sobre la manufactura, manipulación y populismo que ha habido tras el presidente estadounidense: ante la degradación democrática que los neoliberales, los oligarcas, la plutocracia está llevando a  cabo, ante la degradación de lo social, de unas condiciones de vida cada vez más precarias, ante la brecha creciente entre unos oligarcas cada vez más ricos y unos ciudadanos cada vez más pobres, más impotentes, con una situación cada vez más precaria, las políticas cada vez serán más abstractas, más irreales, más surrealistas, los políticos cada vez prometerán cosas más irrealizables, más absurdas, más descaradamente imposibles. Pero como el pueblo está desesperado, en su desesperación sólo querrá escuchar sueños, promesas, soluciones inmediatas a su desesperación… por muy ilógicas, absurdas y abstractas que sean.

Es el triunfo de lo abstracto, de lo simplista, de lo inmediato.

Y es que esta “política” se ha vuelto muy popular entre los que no han hecho sus deberes, entre los que cada vez han ido “pasando” más de la política, de defender el terreno que han ido perdiendo, ante los que han vivido en su burbuja consumista, seguros de que luchar por sus derechos era obligación de otros, “de esos políticos corruptos que ganan tanto”, y ahora quieren una solución fácil, rápida, inmediata. Y, sobre todo, que borre las pistas de su indolencia, de su “pasotismo”, de su colaboración sistémica. Pero eso en política, no existe.

A este explosivo cóctel sólo hay que sumarle la cobardía y el oportunismo de los políticos y periodistas que temen no ser populares si van en contra de “lo popular”. Así es como se infla un fenómeno que ni se entiende ni en el que se cree. “Vaya a ser que estos sean los próximos y me quede fuera”.

Somos muchos los que miramos a Sol soñando con un cambio, con un milagro, con una respuesta a nuestras plegarias alternativas… pero en el fondo de nuestro corazón, de nuestra consciencia activista, de nuestra experiencia vital en las trincheras reivindicativas, sabemos que eso no es posible. No sin objetivos reales, sin riesgos, con algo más que lemas de agencia de marketing. Como hablaba el otro día con un amigo, los procesos políticos son mucho más cínicos, mucho más manipulados, mucho más complejos. Algo de lo que doy buena fe. Yo, que vi todas las promesas de cambio de aquellos inicios del movimiento gay en Madrid volatilizarse en cuanto entró el dinero, los egos y  los intereses.

Quizás por eso lleve varios días susurrando por lo bajo: “que no vuelva a pasar, que no vuelva a pasar, que esta vez nos sorprendan”. Pero la razón y el sentido común, ese al que tantas veces aludió el lamentable portavoz de Democracia Real Ya ayer en Al Rojo Vivo, son muy puñeteros. Y se empeñan en recordarte que tras estos movimientos “espontáneos”, estas revoluciones de colores, últimamente siempre ha habido manos muy poderosas. Manos que sólo quieren demostrar la famosa máxima: “Que todo cambie para que todo siga igual”. Algo que Webster Tarpley explica magistralmente en su libro.