No hagamos una ley de huelga en caliente

01 jul 2010
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“Lo deseable sería que no hubiese que regular los servicios mínimos, pero visto lo sucedido en Metro, habrá que abrir el debate y algo tendremos que hacer.” -Javier Rojo, presidente del Senado-

 

Como parece previsible que el clima social se calentará en los próximos meses, y tras la experiencia del Metro madrileño, no han tardado en aparecer peticiones de una ley que regule el derecho de huelga. “Clamor general para regular el derecho de huelga”, titulaba ayer un diario económico en portada. Y aunque no sea ni clamor ni general, sí lo hemos oído en todas las tertulias de radio y televisión.

Como se ha repetido, la Constitución contempla la elaboración de una norma, pero hasta hoy ningún gobierno se ha atrevido, para no abrir una guerra con los sindicatos. De manera que sigue en vigor un decreto preconstitucional que no aclara nada: habla de “servicios públicos o de reconocida e inaplazable necesidad” sin aclarar cuáles son; de “circunstancias de especial gravedad”, y de medidas “para asegurar el funcionamiento.” Es decir, todo a interpretación de la autoridad competente que, pese a la jurisprudencia al respecto, puede poner unos mínimos máximos que saboteen la huelga.

Ahora, en plena campaña antisindical (que viene de lejos, y crecerá hasta la huelga general), y al calor del cabreo de los afectados por la huelga, hay quien pide una nueva ley. Pero estas cosas, como pasa con las reformas penales aliñadas con alarma social, no pueden legislarse en caliente, pues nos colarían una ley antihuelga que muchos buscan.

La mayoría de huelgas son tranquilas y apenas se notan, pero sólo recordamos las que causan atascos, retrasos y pérdidas, prueba de su mayor repercusión y éxito. Regular la huelga es continuar con esa ilusión, tan de nuestro tiempo, de invisibilizar lo conflictivo. Tarea imposible con algo que, como la huelga, lo es por naturaleza.

Pero si nos ponemos a ello, yo ya tengo alguna propuesta para esa ley. Por ejemplo, que se regule la cobertura informativa de las huelgas, como se hace con las campañas electorales. Porque lo visto y leído estos días demuestra una escandalosa toma de partido y desproporción en el tratamiento que la mayoría de medios dan a la empresa y a los trabajadores. Pero evidentemente, por ahí no irían los tiros.


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