Lo más parecido a una derrota de ETA

31 Oct 2010
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“A las víctimas sólo nos vale la disolución de la banda, y después que haya vencedores y vencidos, que esto no quede en tablas.”  -Ángeles Pedraza, Presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo-

Comprendo la reticencia con que muchos observan el posible fin de ETA en los términos en que se está apuntando. Entiendo la desconfianza, y sobre todo la decepción.

Si yo me hubiera creído el discurso tantas veces repetido sobre la derrota inminente también me sentiría estafado. Aunque ETA desaparezca, aunque no vuelva a matar, aunque no consiga sus objetivos, todo lo que no sea salir del escondite con las manos en alto y coger el camino de la prisión de por vida me parecería pitorreo. Son muchos años de escuchar promesas sobre la derrota total de ETA, a la que según decían no le quedaba más salida que la rendición o la captura de sus últimos efectivos.

Echo un vistazo a la hemeroteca, y encuentro por ejemplo al entonces ministro de Interior, Ángel Acebes, en 2003: “la derrota total de ETA es posible por la vía policial”. Lo dijo al hacer balance de un año en que la banda mató a tres personas y sufrió 187 detenciones –ETA y entorno, se entiende-, 184 registros y la incautación de 3.500 kilos de explosivos.

Y así año tras año, con más detenidos, menos atentados, pero sin lograr la “derrota total”. La mala salud de hierro de ETA, que seguramente le permitiría sobrevivir otra década al menos, pues su debilidad armada se compensa con la fortaleza de su apoyo social, única razón de que aguante viva.

Es ese apoyo social precisamente el que hoy está cambiando, al optar por la vía política para cerrar la vía violenta. Y ése sí es el camino para que desaparezca ETA, ya que la derrota policial soñada aún podría ir para largo. ¿Seguimos esperando, o damos algún paso para llegar antes, aunque no tengamos la foto de la victoria?

Pero además, creo que lo que ahora podemos conseguir es lo más parecido a una derrota de ETA: que dejen las armas, renuncien a lograr sus objetivos por la fuerza, cumplan sus penas sin ensañamiento judicial y acepten las reglas de juego es ya una derrota para ETA, aunque sin el añadido de la humillación. Y para la democracia puede ser una victoria.

Sobre todo, y es lo más difícil, si conseguimos que las víctimas no vivan el fin de ETA como una afrenta.