Con la oreja puesta sobre la vía

29 Jul 2011
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“No es una reacción, sino sensibilidad; las empresas deberíamos ser sensibles no a movimientos especiales sino a la situación de la calle.” -Juan Manuel Cendoya, director de Comunicación del Santander-

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A los pitonisos de la cosa política (periodistas, tertulianos, portavoces de partido, algún sociólogo despistado) habrá que ofrecerles un master de urgencia en movimientos sociales, a ver si así afinan un poco más sus pronósticos sobre el 15-M. Porque hasta ahora no han acertado ni uno. Sobre todo porque los propios indignados se han aplicado a fondo en incumplir aquellos pronósticos iniciales e invalidar los análisis de primera hora.

Nos anunciaron que el 15-M se desinflaría con el paso de los días, y que al levantar las acampadas menguaría su apoyo. Nada de eso: cada semana surgen nuevas asambleas en barrios y pueblos. Y esperen a que reabra la universidad en octubre, que ya verán cómo se anima. En cuanto a su poder de convocatoria, basta ver la reciente marcha sobre Madrid, y para más desparpajo en pleno mes de julio, como si se burlasen de quienes veían el verano como un factor desmovilizador inmediato.

Recordamos también a los que aseguraban que del 15-M no podía salir nada, porque era una mezcla de ilusos y antisistemas sin los pies en el suelo. Ahí está el iluso y antisistema Joseph Stiglitz participando en una asamblea, en un golpe de efecto del que algunos aún no se han recuperado. Y en cuanto a conseguir algo práctico, por ahora decenas de familias siguen en sus casas, tras paralizar su desahucio.

Quienes alertaban de la falta de propuestas viables, ahí tienen el debate hipotecario, abierto en canal gracias a ellos y que incluso ha conmovido a todo un Santander –a su manera, claro, todo lo sensible que puede ser un banco-; o el documento que acaban de colar en el Congreso con demandas absolutamente terrenales, pueblo a pueblo por toda España. Por no hablar de cómo los partidos buscan atraerse sus simpatías con guiños más o menos serios.

De éxito en éxito, los agoreros que esperan que sus pronósticos sobre el 15-M funcionen como profecía de autocumplimiento recuerdan a esos que ponen la oreja en la vía para averiguar cuándo llega el tren. Al final, la locomotora les acaba pasando por encima.


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