Cospedal conduce al ministerio de Defensa al desastre

Desde la llegada al poder de Donald Trump, los EEUU han solicitado a los miembros de la OTAN, entre ellos España, que aumenten el gasto en Defensa hasta situarse en el 2%. De lo contario, amenazan con reducir su compromiso: “Si sus países no quieren ver a Estados Unidos reducir su nivel de compromiso con la Alianza, cada una de sus capitales debería mostrar apoyo a nuestra defensa común” afirmó James Mattis, el nuevo secretario de Defensa de los EEUU. Para facilitar este aumento la Unión Europea ha llegado a proponer que el gasto en Defensa no contabilice como déficit. Pero ¿qué significaría ese aumento? ¿Cómo gastaríamos ese dinero? ¿Podemos permitírnoslo? La cuestión es demasiado importante como para no preguntarnos al respecto y los indicios de la ‘Era Cospedal’ son bastante funestos.

¿Cuánto gasta España actualmente en Defensa?

Lo primero que tendríamos que aclarar es que en España no existe una cifra creíble sobre el gasto en Defensa. Por ejemplo, ‘El País’ cifraba el gasto en un 1,18% del PIB en el año 2014 (12.236 millones de euros) mientras que si atendemos a los datos oficiales del ministerio de Defensa aquel año estos aseveran que el gasto se situó ese año en un 0,55% del PIB (5.742 millones de euros).

¿Cómo puede haber tanta diferencia entre unos datos y otros?

Dejando a un lado el pago anticonstitucional de los Planes Especiales de Armamento (PEAs), los cuales rondan los 1.000 millones de euros anuales, o el gasto en las misiones en el extranjero, que suman casi 800 millones de euros, el gran problema radica en que gran cantidad del gasto en Defensa queda camuflado en diferentes ministerios (hasta doce).

¿Cuánto significaría un aumento del presupuesto hasta llegar al 2% del PIB?

Por tanto, nos encontramos casi incapaces de establecer el punto de partida del gasto real, aunque no ocurre lo mismo con el objetivo a conseguir: el 2% está referido al PIB. Así pues, si en el año 2016 hubiéramos gastado el 2% del PIB la cifra oficial habría supuesto 22.277 millones de euros.

¿Gasta el ministerio de Defensa lo que presupuesta?

Responder esta pregunta es fundamental para cuantificar de forma fiable lo que puede suponer el gasto en Defensa en el futuro. En los últimos años la desviación desde lo presupuestado hasta lo gastado se aproxima al 20% (aunque se ha llegado al 50%). Una desviación similar en 22.277 millones de euros supondría elevar el gasto hasta 26.732 millones de euros. La desviación corresponde, entre otras cuestiones, al pago de la deuda por armamento militar y al gasto en misiones internacionales, los cuales no se computan en el gasto inicial. Dado que el gasto de los PEAs se debe de computar en el gasto oficial desde la sentencia en este sentido del Tribunal Constitucional y que el presupuesto es mayor deberíamos suponer que las desviaciones en el futuro deberían ser menores.

¿En qué invertiríamos el aumento presupuestario?

Si atendemos a las promesas hechas a Donald Trump y el tratado firmado en la Cumbre de la OTAN en Gales en 2014, nada hace indicar que el aumento presupuestario supusiera dejar de esconder el gasto presupuestario en Defensa. Por tanto, lo más razonable sería pensar que ese aumento se invertiría en misiones internacionales y armamento.

Por poner un ejemplo, España presumió el año pasado de ser el país con más misiones internacionales del mundo, aunque la noticia no tuvo mucha repercusión. La deducción sobre la misma nos indica que el Partido Popular considera estratégico que nuestras fuerzas armadas acudan al mayor número de operaciones internacionales posibles. Otra noticia no menos inadvertida apuntaba en febrero de este año al envío de 300 militares españoles a Letonia en lo que puede constituir una escalada de tensión con Rusia. Este aumento de militares europeos en las áreas de tensión con Rusia guarda una estrecha relación con la amenaza de los norteamericanos al resto de socios de la Alianza Atlántica (en 2015 EEUU suponía un 75% del presupuesto de la OTAN).

En cuanto al armamento, por ejemplo, el exalmirante Sanjurjo (Navantia) solicitaba hace menos de un mes que comenzara la planificación de un nuevo submarino, aunque el S-80, el submarino que no flota (que pasó el último examen en julio de 2016), ya ha consumido directa o indirectamente más de 2.500 millones de euros y acumulará un retraso de siete años (está prevista su entrega en 2021). Incluso, recientemente hemos sabido que se barajaba la posibilidad de comprar el avión más moderno y costoso del mundo: el F-35 (entre 90 y 110 millones de euros).

En un artículo reciente sobre los nuevos escenarios bélicos (Guerra 3.0) la cúpula militar identificaba nuevos enemigos como el ciberespacio o las redes sociales y nuevas amenazas como la difusión del terror o la confusión (en referencia a las dudas sobre resultados electorales). Junto a ellas incrementaban las amenazas tradicionales en base al aumento del gasto armamentístico de Rusia, China o Irán. Si para la cúpula militar las amenazas tradicionales aumentan y aparecen nuevas amenazas todo hace indicar que gastaremos mucho más en Defensa para intentar “disuadir, vigilar y prevenir” para que el malo lo entienda, “esté donde esté y sea quién sea”.

¿Qué supondría para los ciudadanos y los militares este aumento presupuestario?

Resulta evidente que no existe ni una señal que indique la intención de invertir el gasto en Defensa de una forma diferente a la actual. De mantenerse la presente política, los ciudadanos tendrán que volver convivir con la reducción del gasto en Sanidad en 10.000 millones de euros mientras se comprometen adquisiciones de armas por el mismo valor.

Para el ministerio de Defensa la política de gasto le ha llevado a la bancarrota (estará endeudado hasta 2030 con más de 30.000 millones de euros en armamento que comienza a ser obsoleto para los nuevos escenarios) y ningún alto cargo ha advertido que el aumento presupuestario será utilizado para sanear las cuentas, sino que las señales que se emiten apuntan hacia un aumento en el gasto y la repetición de disparates.

Para los militares el gasto militar no ha solucionado hasta ahora las maltrechas condiciones de vida de los militares de tropa, la alta siniestralidad de las minas en mal estado (9 muertos entre 2011 y 2013) o las aeronaves (7 muertos en dos accidentes de helicópteros SAR en 2015 y 2016), la expulsión de más de 4.250 discapacitados o la precariedad laboral que amenaza con dejar en el desempleo a más de 50.000 militares.

La transparencia y la comunicación, claves

Si la clave, según la cúpula militar, estará en la transparencia (“hay que explicar a la gente que la seguridad no es gratis. Y eso es cuestión de transparencia, planeamiento y comunicación estratégica”) solo podemos afirmar que no vamos por el buen camino, pues la mejor estimación situaba el presupuesto oculto del ministerio de Defensa en un 50%, Mariano Rajoy ocultaba la solicitud de Donald Trump de aumentar presupuestario en Defensa en su conversación telefónica de principios de febrero y el ministerio de Defensa ha demandado, perdido e incluso planteado recurso contra el Consejo de Transparencia para intentar que no se conozcan los datos de los invitados a los viajes oficiales.

Camino del desastre

Si tenemos en cuenta todo lo planteado solo podemos concluir que el aumento presupuestario del ministerio de Defensa, que de materializarse superará con creces los 20.000 millones de euros anuales, nos conducirá a un nuevo desastre porque no existe una política consensuada con la sociedad, una planificación derivada de esta o la transparencia que permita que los ciudadanos sepan en qué se gasta el dinero y para qué. En el fondo todo se trata de lo mismo, de engañar a los ciudadanos, de decir lo contrario de lo que de verdad se pretende, de enarbolar enemigos que no existen y de ocultar cuanto acontece en el lucrativo cuarto trastero de la Defensa. Si los ciudadanos no saben lo que sucede, no serán conocedores de los problemas y jamás querrán solucionarlos. Esa es la base del nuevo despropósito que también será el nuevo gran negocio de la Defensa y toda la industria. Pero esta vez con Cospedal al frente y en diferido.

Eso sí, al menos los submarinos que no flotan protegen nuestras costas… ¡Desde los astilleros!… y el enemigo lo entiende “esté donde esté y sea quién sea”. A lo mejor, lo entiende demasiado bien.

 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de dos novelas (Un paso al frente en 2014 y Código rojo en 2015).

Mi principal fuente de ingresos en la actualidad es la venta de ejemplares de la novela Código rojo. ¡CONSÍGUELA AQUÍ FIRMADA Y DEDICADA!. “Código rojo no deja títere con cabeza. Se arriesga, proclamando la verdad a los cuatro vientos, haciendo que prevalezca, por una vez, algo tan denostado hoy en día como la libertad de expresión” (“A golpe de letra” por Sergio Sancor).

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