Opinion · Diario de un altermundista

Un banco muy poco ético

En la Junta de accionistas de este año del BBVA, celebrada el pasado viernes, día 11 de marzo, se produjo por cuarto año consecutivo la intervención de un miembro de l a Campaña BBVA sin armas, compuesta por el Centro Delàs de estudios por la paz de Justícia i Pau, El Observatorio de la Deuda en la Globalización y la Federación Setem.  Como siempre, la campaña recogió un buen numero de acciones, llegando este año a unas 350.000 (se necesitan 500 para participar en la Junta del BBVA y comprar una para ser accionista). Lo que muestra que hay muchos accionistas que se están cuestionando su inversión en este banco. De hecho, no son pocas las llamadas y correos electrónicos pidiendo información a la campaña BBVA sin armas para tener más datos y decidir qué hacer con su inversión. Pero una campaña así no puede tener como objetivo que este banco cambie, sería ingenuo. A pesar de que a veces se ven obligados a rectificar o a decir que lo harán (como este año ha afirmado su Presidente) porque existe cada vez más una opinión pública que rechaza sin ambages la financiación de armamento por las entidades financieras. En caso de saberlo, los y las clientes optan por otro de los muchos bancos y cajas que no lo hacen, o no de forma tan flagrante. Cabe decir que si hacemos una lista de bancos y cajas que tienen algún tipo de relación con las empresas fabricantes de armas, son pocos los que no aparecen. Pero es cierto que el BBVA destaca sobre todos ellos, aunque su más firme competidor en los mercados, lo es también en la financiación de armamento.

En la intervención hecha en la misma Junta se denunció que el BBVA ha financiado en los últimos 5 años a empresas fabricantes de armas controvertidas, como es el caso de las bombas nucleares, las municiones de racimo y las armas de uranio empobrecido, por un valor que supera los 1.000 millones de euros.  Financiar la fabricación de armas tan terribles como las expuestas, por una cifra tan elevada es simplemente indecente.  Las empresas que forman esta reprobable cartera de clientes son las peores que pudieran haber. Muchas de ellas de EEUU, las que fabrican las armas que van directamente al Pentágono y de ahí a las guerras de Irak y Afganistán. Lo peor de todo es que con los datos que tenemos podemos afirmar que son negocios que suponen más bien poco en los beneficios totales de la entidad.  Por tanto, de haber la voluntad de no beneficiarse del negocio de las armas, los resultados del grupo no se verían más que levemente afectados. Pero la codicia parece que puede más.  Además, de producirse tal cambio, muchos clientes podrían elegir el banco que sacara las armas de sus negocios. Aunque, debemos ser conscientes de que la única manera de asegurarnos de que con nuestro dinero no se están financiando negocios inmorales, como es la venta de armas, pero también los proyectos contaminantes, con enorme impacto en poblaciones o que vulneren los derechos humanos, es optar por la banca ética. Dos de sus mayores exponentes y que ofrecen servicios similares a los de un banco o caja, pero con el compromiso de que todas sus inversiones son éticas, son el Triodos Bank y Fiare. En este caso es muy sencillo, si no quiero colaborar con negocios inmorales, tendré que plantearme seriamente cambiar de banco, o al menos empezar a ir cambiándome a la banca ética. La banca ética sí que puede convertirse en “tu otro banco” y no el que hace anuncios con este lema que, por cierto, también financia armas.