Apuntes peripatéticos

110

Organizan este asunto mejor en Francia": así lo proclama el narrador al principio del maravilloso Un viaje sentimental por Francia e Italia de Laurence Sterne, publicado en 1768. El asunto de este apunte no es el mismo, pero me parece que también lo organizan mejor en Francia que en Inglaterra... o en España. Y es que, desde hace años, el límite de velocidad en las autopistas galas viene siendo de 130 kilómetros por hora. Mis múltiples recorridos en coche por los tres países en cuestión me han convencido de que tal límite es el más razonable, sobre todo cuando hay un poco de margen. A ningún aficionado al volante o profesional le gusta tener que circular a 120 en autopista, y aun menos a 110. Pero a 130 cualquier conductor normal se siente cómodo.
El hecho, sin embargo, es que los británicos, a diferencia de los franceses, llevan años con una velocidad máxima de 112. Y sin que se les escuchen furibundas críticas. Porque asumen, mal que les pese, que se trata no sólo de reducir accidentes y contaminación sino de ahorrar energía.

En tiempos de crisis, con la gasolina por las nubes, ¿a quién se le ocurriría arremeter contra un Gobierno con la valentía de bajar el límite de 120 a 110, además sabiendo los daños electorales que puede provocar? Pues aquí la reacción ha sido la previsible, desde la chorrada de Fernando Alonso, alegando que a 110 es difícil mantenerse despierto, hasta la abogacía de Arístegui por el free for all alemán. Todo achacado, claro, al culpable de siempre y un inconfesado apego a recaudar multas. Da pena.