Apuntes peripatéticos

Amor en Benidorm

Se está abriendo por fin una brecha? ¿O resulta que uno es un ingenuo y detrás sólo habría que ver cinismo o, como dicen algunos de los mosqueados jerifaltes peperos, un sórdido interés personal? Quiero entender, prima facie, que la escisión que se acaba de producir en Benidorm no deja de ser alentadora. Me han complacido las palabras al respecto, recogidas por Público, de la señora tan lindamente nombrada Gema Amor. Porque lo que ha dicho públicamente la ahora exmilitante del PP, y quizás dentro de poco alcaldesa de la renombrada localidad levantina, es que basta ya de corrupción y que no se puede ir a las elecciones con tanto personaje dudoso a bordo. "Yo creo –ha manifestado– que se perjudica a un partido cuando participan en las listas imputados o personas bajo sospecha, como en las listas autonómicas". Pues, claro, se perjudica. Y daña a la sociedad. Y desanima. Para colmo alega que su partido la engañó.
Uno está siempre pidiendo a la gente moderada de derechas –cuya existencia no seré yo quien ponga en cuestión– que se pronuncie sobre la corrupción, que discrepe, que exija un cambio. Que rechace el proceder de elementos como Aznar o González Pons o la tremenda Cospedal (que nunca pide disculpas por nada), gentes que, hay que suponerlo, provocan malestar entre dichos electores. Bravo, pues, por Gema Amor, que ha dicho, además, ques si la eligen, su grupo trabajará por Benidorm y sus gentes indistintamente, sin estar todo el bendito día pensando en puestos y emolumentos. Esperemos que cunda su ejemplo.