Puntadas sin hilo

Día mundial de la Poesía

¿Existe algún español o ser humano en el mundo que no haya escrito una poesía, unos mínimos versos por primitivo, inculto o cruel que sea? ¿O es cosa de pequeños burgueses? ¿Escriben versos los pobres? No, o los escriben sin saberlo ellos mismos, pero los escriben como regalo que les hacen los poetas solidarios.

¿Hay poesía en el mundo? He aquí la gran pregunta. Al lado de tantas miserias e injusticias ¿cabe lugar para los deseos menos obscenos? ¿Sirve para algo la poesía? Sirve para residenciarnos en los pequeños o grandes sueños, aun inútiles e inalcanzables. Un hombre, o una mujer, que escribe versos tienen menos posibilidades de convertirse en asesino. La poesía es un bálsamo para los egos. En los regímenes totalitarios un poeta no es digno de aprecio, es un ser subversivo y clandestino. La poesía es una inyección en vena para nuestra forma de vida. El mundo ha avanzado porque los poetas escribieron los testamentos de sus versos. Un poeta ya no es un ser ridículo, sino alguien envidiado. Aunque en el mundo nadie, prácticamente, pueda vivir de escribir poesías. Solo los grandes, y aun después de muertos. Sin embargo somos tan cortos que casi en su totalidad, relacionamos la poesía con el amor. Los grandes escriben sobre las esencias y contradicciones de ser. Los malos se refugian en alabar la Naturaleza. El tiempo es la otra gran coordenada de la belleza y su destrucción.

A los malos nos da vergüenza enseñar nuestros versos, aunque en lo íntimo creamos que son valiosos. Siempre son buenos tiempos para la lírica. Porque la Poesía es una forma de la Felicidad. No recuerdo si en las naves enviadas al espacio galáxico y parece que infinito con objetos y señas de identidad de nuestras civilizaciones se incluyó alguna poesía que dentro de millones de años encontrasen imaginarios y potenciales seres. No sé cuál ni sabría escogerla. Pero si no se ha hecho, la caja de Pandora queda incompleta. Por encima de la maldad y la violencia, y más allá de los progresos científicos y tecnológicos, dos humildes versitos cualesquiera al menos habrían sido necesarios para hacer saber que sin poesía la historia del mundo habría sido horrenda.

En un acto de humildad y petulancia, deberíamos tener, hoy, la audacia de escribir aquí los versitos que cada uno enviaríamos en la nave. ¿Alguien se atreve? Con las orejas rojas de vergüenza, rompo el fuego: "La libertad, como el amor, es un guerrero acorazado que galopa vanamente en busca de alguien que asuma nuestras propias rebeldías".

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