Opinion · Asaltar los Suelos

Marca España: Tú construye, que lo pagamos entre todos

Benidorm es una de las ciudades más famosas de España. Lo es por diversos motivos: uno de los rellenos favoritos de los telediarios en periodos vacacionales;  segundo municipio con más rascacielos del mundo (después de Manhattan); y escenario frecuente de peleas entre tránsfugas del PP y PSOE. Pero quizás la principal razón que le ha dado esta fama es ser máximo exponente de una industria emblemática de este país: el turismo.

Como no podía ser de otra manera, Benidorm está plagada de sombras. Probablemente la más larga mide  200 metros de altura: 47 plantas que albergan 269 viviendas en un diseño que representa dos “1” unidos, supuesto símbolo de su poderío. Me refiero al edificio InTempo.

InTempo

Se trata del edificio residencial más alto de todo Benidorm (superando al hotel Bali). De hecho, es el segundo edificio residencial más alto de la UE. Iba a ser uno de los mayores pelotazos inmobiliarios de la historia de este antiguo pueblo de pescadores, que además serviría para atraer más turistas y marcar el principio del fin de la crisis en Benidorm. Quizás lo titánico del proyecto hizo que sus constructores no tuvieran en cuenta los sobrecostes derivados de las dificultades técnicas. Finalmente, la complejidad del proyecto lo hizo insostenible. El crédito tóxico sobre el que se levantaba el gran InTempo fue adquirido por la SAREB, “el Banco Malo”.

Esta “joya” del turismo español fue comprada por 46 millones de € (con una quita del 50%) a Nova Caixa Galicia. Esta entidad, a su vez, adquirió el crédito que le había concedido Caixa Galicia a Olga Urbana (constructora del edificio). Resultado: el crédito pertenece a la SAREB (dinero público), pero la propiedad es de Olga Urbana y la inmobiliaria Maxxima es la única que puede venderlo (de acuerdo al contrato firmado con la SAREB).

En principio, el turismo podría ser una fuente de riqueza para nuestro país. Podría generar puestos de trabajo dignos y un desarrollo sostenible en las zonas que lo impulsaran. Desafortunadamente, el Turismo “Marca España” no se caracteriza por ninguna de estas dos cualidades. Pelotazos urbanísticos, empleo precario, connivencia entre grandes empresarios y unas instituciones que, cometan la atrocidad que cometan, siempre están dispuestas a salvarles con dinero público, son las marcas de la casa.

Tenemos un país especialmente bien dotado para el desarrollo turístico, pero tenemos un gran debate pendiente. Proteger el entorno natural y repartir la riqueza generada de forma equitativa desde un punto de vista regional y social es una alternativa. Los “InTempos”, “Algarrobicos”, “Eurovegas” o el suicida desarrollo petrolífero en Canarias, la otra opción. Nuestros políticos han tomado la posición que más les beneficia (a ellos, claro). Mientras que no se cambien las tornas, el turismo no será más que otro ejemplo de cómo solucionamos las cosas en España: sacrificamos “lo que haga falta” para que empresas privadas puedan hacer lo que quieran con nuestro territorio, con nuestro dinero, e incluso con nuestros derechos.