Asuntos & cuestiones

El negocio de la sangre

Nadie como Mayor Oreja es capaz de evidenciar lo miserable que es la utilización política del terrorismo. La bajeza moral que denota utilizar un tema tan doloroso y complejo para descalificar al rival hace difícil creer que un partido que se llama democrático y de centro pueda tener entre sus altos cargos a
alguien de esa catadura.

Esta táctica tan despreciable no es nueva, el Partido Popular la saca de vez en cuando a la calle. Recuerdo a Rajoy acusando a Zapatero en el Congreso de estar más cerca de ETA que de las víctimas. Cuando gobiernan exigen a los demás grupos un acto de fe para terminar con el terrorismo de la manera que encuentren más adecuada, bien sea mediante actuaciones policiales, acercamiento de presos o reduciendo condenas que determinan la salida de presos. Sin embargo, desde la oposición parece que les duele el fin de ETA. Las caras de sus líderes al enterarse de la última tregua los delataron. Recuerdo a Buenafuente arrancando su programa con una frase genial: "Hoy es un buen día para todos menos para los fabricantes de capuchas". No todos celebraban el anuncio de la renuncia a las armas. A Rajoy se le descompuso el rostro cuando se lo comunicaron. Aznar salió del acto en el que se encontraba por la puerta trasera dando esquinazo a los periodistas que lo esperaban en la puerta.
Finalmente, el señor Mayor ha desvelado el contenido de las negociaciones: "Me consta que el Gobierno está intentando que ETA se convierta en un polo independentista como ERC". Es decir, suponiendo que fuera cierto, el hecho de que dejen de atentar pasa a ser una tragedia. Para los que no sacamos rédito político de los muertos no lo es.