Viva el electoralismo

Yo no sé por qué le ha dado a todo el mundo por criticar el electoralismo. Yo siempre he pensado que es la mayor ventaja de la democracia. Cuando se agotan las legislaturas, las formaciones políticas se lanzan a hacer promesas para pillar el voto y se desata una subasta para ver quién da más: ¡Pues dabuti! Claro está que aquí no debería valer lo que se dice en el argot de los músicos: “Prometer hasta meter”, pues el programa electoral no es una declaración de intenciones, sino la condición por la que a alguien se le nombra administrador. Debemos estimular a los políticos a la hora de prometer. Eso sí, luego tienen que cumplir, y si no, arrojarles al pilón en plaza pública tras embadurnarles de brea y emplumarles, por usurpadores del poder con engaño, por estafadores. Sería un avance democrático. De esa manera el glorioso Teatro Albéniz de Madrid, no sería víctima de la piqueta especulativa y del fraude electoral por parte de la Comunidad de Madrid. Si no hacemos nada, lo van a tirar a pesar de: Programa electoral del PP, punto 9, apartado de TEATRO (6.2.1): “ADQUISICIÓN Y REFORMA DEL TEATRO ALBÉNIZ, CENTRO EMBLEMÁTICO DE LA ACTIVIDAD TEATRAL LLEVADA A CABO POR LA COMUNIDAD DE MADRID”.

El que critica las promesas por electoralistas es porque no le gustan, lo demás son cuentos. A mí me gusta eso del gasto social, y mucho. Más promesas. Y exijamos.