Buzón de Voz

El BCE y el secuestro del euro

Las horas previas al inicio de la cumbre de Bruselas sirvieron para que los principales actores de este drama enviaran sendos mensajes apocalípticos. Sarkozy hablaba de "última oportunidad" para el euro y de "máximo riesgo de explosión en Europa"; Merkel insistía en que el llamado plan Merkozy son lentejas: o férrea austeridad y sometimiento a la "regla de oro del déficit" o condena a los infiernos de la pobreza. Pero el encargado de ejecutar la ducha de agua helada previa a la cumbre fue Mario Draghi, presidente del BCE. Después de suscitar algún optimismo al confirmar la bajada de tipos al 1%, se esforzó en desmentir cualquier intención por su parte de abrir fuego en el mercado de deuda para ahuyentar la especulación y ayudar a los países más agobiados en sus finanzas públicas. De modo que los bancos privados de la UE pueden seguir haciendo negocio obteniendo dinero al 1% del BCE y cobrando a los estados (es decir a los contribuyentes) intereses del 6% o el 7% por financiar sus bonos. Para aliviar la delicada situación de las entidades financieras de la zona euro, Draghi presentó unas condiciones inmejorables de crédito a tres años sin límite de dinero. ¿Llegará ese crédito también a empresas y familias? No hay el menor indicio. El cinturón de austeridad con el que Merkel y Sarkozy han secuestrado el futuro del euro no contempla (al menos al cierre de esta edición) tener un BCE capaz de ayudar a los países y no sólo a sostener sus bancos.