Opinion · Realpolitik

La campaña de la marmota (3): Vox y el dilema de Pablo Casado

El líder de Vox Santiago Abascal (i), el líder de Ciudadanos Albert Rivera (c), y el presidente del PP Pablo Casado, en el madrileño Paseo de la Castellana, durante el desfile de la Fiesta Nacional. EFE/Ballesteros
El líder de Vox Santiago Abascal (i), el líder de Ciudadanos Albert Rivera (c), y el presidente del PP Pablo Casado, en el madrileño Paseo de la Castellana, durante el desfile de la Fiesta Nacional. EFE/Ballesteros

Ya no les quedan dudas ni a los más escépticos, los incidentes de Cayalunya tras la sentencia, sólo tiene de momento dos ganadores claros desde el punto de vista electoral: Vox y la CUP, los partidos más escorados a derecha e izquierda en nuestro espectro político.

Tanto es así que si hacemos caso a las encuestas publicadas cuyos trabajos de campo se ha realizado tras el comienzo de la violencia que se ha vivido en las calles catalanas, la CUP entraría en el congreso con una horquilla entre 1 y 4 diputados según las fuentes,  mientras que Vox se convertiría en la tercera fuerza política del país superando la barrera de las 30 actas parlamentarias y (esto es lo importante) con  porcentaje de voto estimado en torno al 12% comenzaría a concebir esperanzas de llegar al 14%, la cifra mágica que les permitiría saltar a la nada despreciable cifra de 50 escaños. Casi nada.

Al otro lado del rio Pecos, entre los damnificados de todo este carajal, Ciudadanos parece haber tocado suelo tras su desplome infernal de las pasadas semanas  y comienza a remontar tímidamente ( especialmente en Catalunya) mientras que PSOE y Podemos, señalados como principales culpables de la repetición electoral, bajarían de forma desigual, pero  lo suficiente como para hacer imposible que un nuevo pacto de izquierdas llegue a la Moncloa.

Como diría Miguel Bosé: Bravo, muchachos.

¿Y qué pasa con el PP?

Pues muchas cosas y tremendamente interesantes, si les parece vamos con ello.

El Partido Popular tras un calamitoso resultado electoral en Abril ha recibido la repetición electoral como si se tratase de la herencia inesperada de esa tía que todos tenemos en América, y además se están esforzando en conservarla y aumentarla.

Si atendemos a los últimos sondeos, el PP habría recuperado ya 6 puntos sobre su marca de abril situándose en torno al 22% y estaría superando con cierta holgura los 100 diputados, 24 actas parlamentarias más que 8 meses. Casi nada.

Evidentemente esto no ha ocurrido por casualidad, tanto la moderación del discurso de Pablo Casado, como la recuperación de figuras de la derecha moderada de la era Rajoy, como una campaña bien diseñada y eficaz (probablemente la mejor de las que están realizando los partidos nacionales) están llevando al líder popular a acortar cada día el excepcional gap que se produjo en los anteriores comicios con el Partido Socialista y que llevó a estos últimos a superar a los populares por 12 puntos y a conseguir el doble de diputados.

Pero el crecimiento del PP tiene límites materiales, tiene un tope insuperable y en este caso es el partido que está siendo favorecido por los hados del Procés, me refiero evidentemente a Vox.

Mientras Vox siga posicionado ante la opinión pública conservadora como el mejor garante de la unidad nacional y el partido más eficaz  ( esto es clave) para hacer frente al independentismo rampante , el PP no podrá en ningún caso superar un límite que está situado en torno a los 120 escaños, escaño arriba, escaño abajo. No hay más. Finito, Kaputt.

Por otro lado las alianzas de PP y Vox en comunidades autónomas y ayuntamientos hacen muy complicado que Casado descubra de pronto que Vox es un partido escasamente democrático y con el que tiene grandes diferencias, sus gobiernos en Andalucía, Madrid o Murcia, por poner solo tres, peligrarían gravemente.

¿Que puede hacer Casado ante esta situación tan compleja? Curiosamente la solución la tiene en el PSOE de los años 80 y 90 y su relación con el PCE (primero) y con Izquierda unida ( después).

Les cuento, en una campaña electoral existen dos tipos de rival, a saber:

  1. El Rival político, que es el partido con el que te juegas la victoria electoral, en el caso del PP sería el PSOE
  2. El rival electoral, que es el partido que compite en tus votos, que en el caso del PP sería Vox.

Y aunque les resulte contraintuitivo, la mejor forma de desembarazarse de un molesto rival electoral no consiste en convertirles en tu enemigo,  atizarles en los medios, insultarles o montarles campañas de desprestigio, sino… en olvidarte de ellos y dedicar todos tus esfuerzos a combatir a tu rival político para de esta forma situarte en el imaginario colectivo de los votantes como el partido más eficaz para que “los tuyos” ganen las elecciones.

No es una operación sencilla, hace falta mucha disciplina y constancia para conseguirlo, pero el PSOE de desembarazó de esta forma de IU con gran eficacia en los años 80 y 90 del pasado siglo, e incluso en el gobierno de Zapatero, convirtiendo al PSOE en el único campeón posible de la izquierda a base de ignorar a los sucesivos líderes de IU y sobre todo, manteniendo una sola confrontación, siempre contra el Partido Popular.

La semana que viene seguimos.