Opinion · Realpolitik

La campaña de la marmota (2): Una sentencia prodigiosa

Ya tenemos sentencia sobre el procés, y tras una lectura de las penas impuestas cumple escrupulosamente con lo que de ella esperábamos los más templados, ni deja contento a casi a nadie ni dota  al independentismo de argumentos suficientes como para montar un zapatiesto.

Ya habrá tiempo para que los expertos jurídicos hablen largo y tendido sobre el papel del juez instructor y la fiscalía  y del revolcón que les meten los argumentos jurídicos de la sentencia, en esta columna de lo que hablamos es de política, y a ello vamos.

Miren, cuando España era un país sensato, ya saben, en los tiempos del oprobioso bipartidismo, las sentencias judiciales que podían interferir en los procesos electorales (siempre que no perjudicasen los derechos de los acusados) sufrían un súbito adormecimiento  similar al  de Ulises y su tripulación en la isla de los lotófagos, un justo sueño que impedía su aparición en periodo electoral y del que despertaban dulcemente  una vez pasadas las elecciones con todo su rigor kelseniano.

Llama, por tanto, poderosamente la atención que una sentencia con un contenido político de alto voltaje como la del “procés” haya sido liberada como si del Kraken mitológico se tratase, en pleno periodo electoral a pesar de las importantes consecuencias sobre la intención de voto ciudadano que se le presuponen.

Pero ya no hay remedio, la sentencia ya es pública desde primera hora de esta mañana, e independientemente de su dureza o de la falta de la misma, que de todo escucharemos, es legítimo comenzar a preguntarse sobre su influencia en las próximas elecciones generales y lo  más sorprendente del caso es que, como si se tratase del Vellocino de oro o del yelmo de Mambrino casi todos los partidos otorgan  a la misma cualidades prodigiosas y sorpdendentemente esperan beneficiarse de la ella.

Hasta hoy, la precampaña iba con el freno de mano puesto, ningún partido se ha atrevido a sacar excesivamente los pies del tiesto a la espera del advenimiento de una santa sentencia que previsiblemente iba a convertirse en uno de los ejes para la asignación de las preferencias ciudadanas.

Todos guardaban prudente silencio, al menos en público, y se preparaban ante los posibles distintos escenarios, buscando ventaja en cada uno de ellos:

El PSOE, sabedor de que en tiempos de grandes crisis, el ciudadano tiende a buscar certidumbres que solo puede aportar  el gobierno,  preparaba el terreno para mostrar toda la “gravitas” presidencial posible, una posición de estado (Recuerden: Ahora España) que reforzase su cuestionada estrategia de  situarse en el centro del tablero, y ya de paso arañar sufragios a Cs y PP entre el votante más templado.

A su derecha, PP y Cs ultimaban posiciones berroqueñas  a la espera de que una sentencia demasiado blanda abriese un nuevo flanco de ataque al gobierno (las muy mencionadas y nunca demostradas injerencias en el poder judicial)  o una  demasiado dura que incendiase las calles de Catalunya incluso mejorase el primero, ya saben, un gobierno débil que no sabe ni siquiera mantener el orden público. Un clásico entre los clásicos.

A su izquierda Podemos y entorno, nadaba y guardaba la ropa. Listos  para criticar cualquier posible sentencia con el doble objetivo de no perder su posición de partido nacional a la vez que expresando su solidaridad con los reos.

Pero todo esto ya es historia antigua, la sentencia, como no podía ser de otra forma muestra un escenario con solo dos espacios políticos dispuestos y capaces de aprovecharla, el independentismo catalán y el nacionalpopulismo de Vox.

Ni PSOE, ni PP, ni Cs, ni Podemos, ni Errejón van a ganar un milímetro electoral, solo Abascal y los indepes, que no tienen nada que perder y mucho que ganar, pueden a acelerar a fondo para tratar de rentabilizar la sentencia para sus propios fines electorales. Y no duden que lo van a hacer.

Y eso hubiera pasado con cualquier sentencia, dura, blanda o mediopensionista, este tipo de eventos siempre benefician a los partidos que más se sitúan en los extremos, cualquier otra previsión es desconocer el alma humana y sus miserias.

Y sabiendo esto, ¿De verdad nadie se planteó retrasar un mesecito la sentencia para que no coincidiese con las elecciones, o las elecciones para que no coincidiesen con la sentencia?